Nuevo Amanecer

Mar en mi menor y el ensueño de la bella Yosara


Al amanecer en Miramar con el sol en mi menor, tú, mujer marmórea, miras al mar imaginando azares y leyendas, odiseas y deidades; antiguos marinos en ruta asalto en ristre. ¡Oro, plata, piedrería y sedas! Tu mirada alucinante vaga al este en donde aves de blancos vuelos cruzan la aurora escarlata bordeando sus colores; y un galeón rápido --misterioso-- te transporta en ajuares a sitios remotos con luz de tenue sol con la mar en calma.
II
Yo miro al mar hacia lo lejos, adonde las olas unas tras otras vienen raudas a veces lentas deslizándose sobre las costas, lanzando volutas de espuma blanca ellas se diluyen transparentes entre los mansos recodos de las rocas, mientras que fugitivo, solitario pez policolor‑arcano‑matiza en las aguas de arena fina estrellas diminutas y chispeantes... heredad del tiempo.
III
Al mediodía el mar te embelesa. Hay en ti un éxtasis indescifrable bajo la ambigua sombra de verdes palmeras hirsutas que danzan locuras impelidas por la rosa de los vientos. Te hace rea la nostalgia e imaginas que tu navío distante se acercará a tus ojos.
IV
Por la tarde, mientras el sol escapa hacia el horizonte, columnas de oro rojo sobre la superficie de las aguas van en pos del resplandor... hay entonces siderales acuarelas semejantes a múltiples formas ante el esperado velo de la noche.
V
La noche... el eco de las olas con un lenguaje milenario te invita a lo extraño y al ensueño. Tú, mujer, rehén del pensamiento alado, al entrecerrar los ojos con luz de luna, con tu deseo a cuestas, vas a lo insondable, escuchando en el silencio voces de alegría musitadas entre el viento.
Hay oleaje en calma... y duermes, duermes, duermes con el amén de tu espíritu.
Víctor Medina Montes
Miramar, Océano Pacífico de Nicaragua