Nuevo Amanecer

PUTAS ASESINAS


El Gaucho Unsufrible
(Cuentos)

franciscosancho@hotmail.com

Hoy les traigo dos libros de cuentos, para mí los mejores de su autor. Y eso que tengo contra la Literatura de Bolaño algo, y por ello, al mismo tiempo, la recomiendo. Sé que él, en vida, se generó tantas simpatías como antipatías, pero lo que más generó fue adeptos a la lectura de sus libros. Se hizo el favorito de los jóvenes literatos y de otros muchos universitarios. Pero su fenómeno, sus tendencias destructivas y desmitificadoras de los mitos culturales nacionales, a veces autodestructivas, se habían ya conocido en España con tipos como Goytisolo. No era nueva. Puede que fuese cierta la necesidad de atacar con hiel en las letras a los mitos literarios, pero en ese caso, por qué no también a los incuestionables, bajarlos de las estatuas que no sirven para nada más que para alejar a sus lectores de ellos.
“Bebió mucho. Al despertarse descubrió a una mujer a su lado. La mujer se llamaba Simone y era puta. Desayunaron juntos en una cafetería cercana al hotel. A Simone le gustaba hablar y así Rousselot se enteró de que no tenía chulo porque un chulo era el peor negocio que podía hacer una puta, de que acababa de cumplir veintiocho años y de que le gustaba el cine. Como a él no le interesaba el mundo de los chulos parisinos y la edad de Simone no le pareció un tema fructífero de conversación, se pusieron a hablar de cine. A ella le gustaba el cine francés y más temprano que tarde llegaron a las películas de Morini. Las primeras eran muy buenas, dictaminó Simone, y Rousselot la hubiera besado allí mismo.”
Así empieza uno de los mejores cuentos de Roberto Bolaño, El Viaje de Álvaro Rousselot, que pertenece al libro El Gaucho Insufrible, título de otro cuento magnífico en la misma colección. Saco este párrafo a colación porque es muy representativo de la Literatura Bolañesca, si es que en un párrafo se puede condensar un estilo y una temática. Si ustedes ven, y así verán en toda la obra de Bolaño, el autor chileno es capaz de decir una sola cosa, describir una escena, pintar un cuadro, narrar un hecho de punto a punto. No crean que es fácil plantear una sola cuestión entre dos puntos sin que parezca todo una atrofia. La vida que la Literatura de Bolaño nos plantea está hecha de escenas con pausa. Es una especie de puzzle reconstruido, en el que sobresalen por encima del paisaje general las cicatrices que lo recorren. Rousselot hubiera besado a Simone porque comentó que le gustaban las primeras películas de Morini, y precisamente esas películas estaban basadas en un par de libros escritos por Rousselot. Es decir, Rousselot, el escritor, había encontrado a su lectora aunque ella no lo supiera. Pero en realidad Rousselot buscaba a su lector esencial, el que supo traducir en la pantalla su obra, el tal Morini.
Resulta que Morini se había desligado de la obra de Rousselot y las siguientes películas que había realizado ya no tenían nada que ver con las novelas del escritor argentino. Éste, desconcertado, creyendo haber perdido al único lector que tenía, o al que mejor le leía fue en su busca a París. Al encontrarlo, provoca el espanto en el cineasta y no puede comunicarse con él jamás. Esto le hubiera pasado a Bolaño. Entre él y sus lectores había un encuentro imposible. Bolaño empezó a ser conocido y reconocido por un público más amplio cuando ya le quedaban muy pocos años de vida. Murió joven, con cincuenta años, y nos dejó su risa acompañada de una mueca de amargura. Y no era de extrañar: en uno de sus textos titula Literatura + Enfermedad = Enfermedad. Bolaño pasó la mayor parte de su vida dedicado en cuerpo y alma al servicio de la Literatura. Era un tipo encadenado a ella, y me parece según le pude escuchar y ver, que no podía vivir de otra cosa que no fuera de ella, un auténtico vicio, que a pesar de sus apariencias, no le trajo la felicidad. Sin embargo, la enfermedad le visitó mucho durante sus últimos años en su exilio voluntario de Barcelona.
Es difícil emitir juicios a posteriori, después de que uno de los mejores autores del post-boom latinoamericano haya muerto hace tan poco, pero es como si Bolaño se hubiera forjado un carácter agrio por miedo al encuentro con sus lectores, por miedo a la decepción, por miedo a no tener nada más (y nada menos) que ofrecer que sus puros cuentos y sus novelas. Y no me refiero tan sólo a ese estilo literario de quitarse pelos de la lengua, tan a lo Henry James, que no ha sido frecuente en Latinoamérica. Hablo de él mismo, del Bolaño que muere en lo alto de su triunfo, una muerte que agigantó aún más su mito.
Como escritor, a veces se evidencia la recurrencia a lugares comunes, sobre todo, cuando habla de Europa, un error muy repetido en autores del continente. Algunas veces es consciente, un guiño al lector, otras creo que se le escapa. Sin embargo domina un estilo que te hace leer y leer sin pausa, para ver donde acaba. Los principios de los cuentos son poco menos que magistrales. Aquí les copio algunos:
“Hace muchos años tuve un amigo que se llamaba Jim y desde entonces nunca he vuelto a ver a un norteamericano más triste. Desesperados he visto muchos. Tristes, como Jim, ninguno”.
“Tenía diecisiete años y mis días, quiero decir todos mis días, uno detrás de otro, eran un temblor constante”.
“Este cuento es muy simple aunque hubiera podido ser muy complicado. También: es un cuento inconcluso, porque este tipo de historias no tienen un final. Es de noche en París y un periodista norteamericano está durmiendo. De pronto suena el teléfono y alguien, en un inglés sin acento de ninguna parte, le pregunta por Joe A. Kelso. El periodista responde que es él y luego mira el reloj. Son las cuatro de la mañana y no ha dormido más de tres horas y está cansado. La voz al otro lado del teléfono le dice que tiene que verlo para transmitirle una información. El periodista pregunta de qué se trata. Como suele suceder con este tipo de llamadas, la voz no suelta prenda.”
Y sin embargo los finales nunca son tan contundentes. Sus protagonistas desaparecen, terminan indefinidos, como si todos ellos estuvieran inconclusos. ¿Es parte de ese puzzle, de esa cicatriz? Y por cierto, hablando de puzzle, Bolaño, como en las buenas historias, nunca parece morir del todo. Si 2666, su última novela, ya era inconclusa acaban de salir dos piezas más: una novela titulada La Universidad Desconocida, y un libro de cuentos titulado El Secreto del Mal. Es decir, no ha muerto, simplemente desaparecido, como terminan sus cuentos, que pudieran seguir contándose, que uno desea que se sigan contando.
Yo me quedo con el Bolaño cuentista. Ni los Detectives Salvajes ni Nocturno de Chile me dejaron el sabor de una gran novela. Yo me quedo con sus cuentos, es decir con el Bolaño poeta. Para las nuevas y las posteriores generaciones será obligatorio pasar por él. Y nosotros volveremos a él.
franciscosancho@hotmail.com