Nuevo Amanecer

Para alimentar El Sentido de nuestras vidas


En un tiempo relativamente corto, el teólogo laico José Argüello nos ha entregado dos valiosos libros: “Caminar con los Padres de la Iglesia: Lecturas espirituales para el crecimiento en la fe”, que recoge una selección de comentarios bíblicos de grandes teólogos y santos de la historia de la Iglesia; decidí leer cada día un comentario, comenzando por los datos biográficos con que el autor nos ilustra acerca del contexto en el cual estas personas hicieron vida las palabras de Jesús, preocupándose por desentrañar su sentido más profundo, que les alentó a asumir su compromiso en condiciones no pocas veces adversas, tal y como podemos comprobar al leer sobre los conflictos que les acarreó ejercer su ministerio profético.
Acababa de concluir esta obra cuando José me hizo llegar otra primicia: “Al encuentro con Dios”, con el subtítulo: Oraciones para la vida cristiana; éste me hizo recordar otro libro de Michel Quoist, que me regaló mi amigo Bayardo García en mi juventud y que me acompañó durante muchos años: Oraciones para rezar por la calle. En el prólogo de dicho libro, sus traductores del francés al español, dicen: “Ya está dicho por qué traducimos las oraciones de Michel Quoist: porque en ellas encontramos las preocupaciones y esperanzas del hombre (entiéndase también mujer, agrego yo), de hoy, expresadas con un lenguaje siglo XX cien por ciento”.
Había decidido leer cada día una oración del nuevo libro de José Argüello, de la misma forma a como lo había hecho con los textos de “Caminar con los Padres de la Iglesia” --que ahora he recomenzado a leer de nuevo, pues son textos de una enorme riqueza de contenido, pero sin detenerme ya en los datos biográficos de sus autores-- sólo que en el nuevo libro descubrí que hay oraciones destinadas para fines específicos: para cuando se va de viaje, para el trabajador agrícola, en caso de enfermedad, etc. por lo que decidí seguir el orden en que van las oraciones y saltarme las que no correspondían a mi situación.
Al disponerme a comentar este libro para que más personas lo adquieran, porque lo considero importante para nuestra vida cotidiana, por primera vez me fui al índice final y descubrí con sorpresa el espíritu ecuménico con que José recopiló estas oraciones. Allí se encuentran incluidas: una oración de Martín Lutero, fundador del protestantismo; otra del monje trapense Tomás Merton, guía y maestro de Ernesto Cardenal; otra de ese gran teólogo evangélico alemán, Jürgen Moltman, a quien tuve el privilegio de conocer en Tubinga durante una visita realizada con el pastor bautista Jorge Pixley y quien ha venido en diversas ocasiones a Nicaragua, invitado por el Centro Intereclesial de Estudios Teológicos (CIEETS) y la Universidad Martin Luther King. El libro contiene además una oración del pueblo tamul (grupo étnico no cristiano de la India meridional) y... ¡oh sorpresa! incluso una oración musulmana que ahora transcribo:

Lo que Tú quieras Señor

Dios mío, concédeme lo que quieras.
Dios mío, si me concedes lo que yo quiero,
haz que eso sea en mí una fuerza
para lo que Tú quieres.
Dios mío, si me niegas lo que quiero,
haz que eso sea en mí una disponibilidad
para lo que Tú quieres.

Otra de las oraciones que más me llamó la atención fue la de Robert Kennedy, hermano de John F. Kennedy, quien al igual que su hermano, murió asesinado. Me impresionó no sólo porque su autor fuera un personaje destacado de la política norteamericana, perteneciente a un clan presidenciable, sino precisamente por su gran espiritualidad, algo extraño para una persona perteneciente a un sector económica y políticamente tan poderoso como son los Kennedy. Igualmente me parece importante darla a conocer:

En tus manos me abandono

Robert Kennedy
(Encontrada en su bolsillo
el día de su asesinato)

Yo me abandono ¡Oh Dios! en tus manos.
Toma este barro y modélalo
como la arcilla entre las manos del alfarero:
dale una forma y después, rómpela, si quieres
como es despedazada la vida
de tantos hermanos.

Pide, ordena.
¿Qué quieres que haga?
¿Qué quieres que no haga?
Ensalzado o humillado, perseguido,
incomprendido,
calumniado, alegre o triste,
o inútil para todo, sólo diré,
a ejemplo de tu Madre:
“Hágase en mí según tu palabra”.
Dame el amor por excelencia
el amor de la Cruz
pero no de las cruces heroicas
que podrían nutrir mi vanidad,
sino de las cruces vulgares que,
sin embargo, llevo con repugnancia.
De esas que se encuentran cada día
en la contradicción,
en el olvido, en los juicios falsos,
en la frialdad del alma,
en los desaires y desprecios de los demás;
en el malestar y defectos del cuerpo,
en la oscuridad de la mente
y en el silencio y aridez del corazón.

Entonces sólo Tú sabrás que te amo,
aunque ni yo mismo lo sepa, pero eso basta.
Amén

Habría mucho que agregar sobre este devocionario moderno, por su amplio espíritu ecuménico y su forma de combinar los temas más actuales (tales como la crisis ecológica o el clamor por la justicia) con las riquezas de la tradición cristiana. Por el momento, agradezco a mi amigo el teólogo José Argüello por su humildad y abnegación al continuar proveyéndonos de este alimento espiritual tan accesible y necesario para una gran mayoría de cristianos --e incluso de no creyentes-- que buscamos cómo dar un sentido a nuestras vidas.