Nuevo Amanecer

Las Sillas del comedor


Notó que la silla donde estaba sentada era una de las sillas que formaban el juego de las otras sillas del comedor.
- ¿Sacaste esa silla, ah..? No la dejés después por ahí- le dijo doña Rosa.
- Ya la voy a volver a poner en su lugar..- dijo la muchacha.
De adentro se oyó el grito del viejo..!..¿y adónde se llevaron la silla del comedor..?
- ¡Sí.. aquí está..! ¡Qué es la cosa..!
- Todo se lo llevan- dijo el viejo.
- ¿Qué cosa es todo..?- dijo la muchacha.
- La vez pasada se perdió la banquita..
- ¿Y qué tengo que ver yo..?
- Así pasa, que después nadie tiene nada que ver..
La muchacha agarró la silla y tirándola por el espaldar la volvió a colocar junta a las demás sillas del comedor.
- No me vuelvan a desordenar los muebles- dijo el viejo.
La muchacha no le hizo caso; se fue para adentro y el viejo se quedó ahí solo, meciéndose en su butaco frente al patio de la casa.
Don Pablo el carpintero entró en ese momento trayendo una taburete.
- Aquí está- le dijo al viejo.
El viejo alzó el taburete.
- ¿ Le arreglaste la pata de adelante..?
- Sí; ya quedó buena.
-..pero ... ¿se la cambiaste o sólo la clavaste arriba..?
- No; todo se lo cambié.
- ¿..y cuánto es, pues..?
- ..Son sesenta pesos..
- Ya con vos no se puede- le dijo el viejo y sacando la cartera le pagó al carpintero-, cada día te estás volviendo más carero..
- ¡ Ve, vos..!- llamó a la muchacha.
La muchacha se acercó.
- Ve..aquí está este taburete- le dijo-.. para que no volvás a andar cogiendo las sillas del comedor.
La muchacha no le hizo caso.
- Por ahí le ha cogido- dijo.
El viejo la oyó.
- Sí; ya te oí.. pues por ahí me ha cogido. Sabelo que no te voy a dejar que me arruinés mis sillas buenas.
La muchacha voltió la cara a un lado y quitándose el delantal se vino para el corredor adonde estaba doña Rosa zurciendo una ropa de cama.
- Vea, doña Rosa.. yo ya no puedo seguir aquí...
- ¿..y qués la cosa..?
- Este señor no se aguanta..ya no puedo más...
- No, niña; no le hagás caso.
- Cómo no le voy hacer caso si vive pendiente de uno: que si se sientan en las sillas; que si uno toca algo él empieza a bravear.
- ..ahí dejálo..
- El viejo estaba oyendo.
- Ya te vino la ajambada esa con el cuento- le dijo a doña Rosa.
- Es que ya no se puede con vos, papa- le dijo doña Rosa.
- ¡..ah, no se puede nada conmigo..!- y se levantó el viejo y se vino por un lado buscando a la muchacha que estaba regando en el jardín..
- ¡Ve vos..!- la llamó.
La muchacha no se movió de ahí y sólo lo quedó viendo.
El viejo le hizo muecas, sacándole la lengua.
La muchacha se le puso a reír...
- Ahora sí estoy clara.. - le dijo.
- ¿De qué estás clara..?
- Ah; que ya veo yo que usted está loco...
El viejo le dio la espalda.
La muchacha hasta se olvidó del viejo; pero a los pocos días, como no se había quedado tranquila la muchacha con la sacada de la lengua que le hizo el viejo, se acordó que ese martes iban a llegar a almorzar a la casa los familiares de la cuñada de doña Rosa y de seguro que no iban a faltar los chavalos pequeños que eran una taravía.
Así fue que llegaron pues ese martes. Desde que arrimaron los chavalos se fueron a arrastrar las sillas del comedor y hasta llevaron un silla al patio y se encajaron en la silla para cortar unos limones.. y eso era para sólo empezar..y.. !claro..! que el viejo andaba que hasta resoplaba de bravo y refunfuñando.
Se vino a reclamarle a doña Rosa, que como ya lo conocía ni le hizo caso.
El viejo no tuvo más que quitarse de ahí y atribulado se vino agarrándose con las manos la cabeza y se me metió en su cuarto cerrando la puertecita.
Entonces la muchacha, que eso era lo que estaba esperando ella, se vino andando de puntillas y con cuidado abrió la puertecita buscando verle la cara al viejo que allí estaba adentro sentado con las piernas cruzadas; entonces la muchacha abrió de viaje la hoja de la puerta y haciéndole muecas le sacó ella también la lengua al viejo varias veces y dio la vuelta.
Entonces bravo el viejo se levantó de donde estaba sentado y se vino para fuera detrás de la muchacha, llamándola; pero al encontrase con la cara de la muchacha que la tenía ahí frente a frente, el viejo titubeó indeciso en el momento, no quedándole más que ponerse a reír con ella y también la muchacha, pues ella también se puso a reír con el viejo.
Mg 15 abril-07