Nuevo Amanecer

Mar de leva


Poesía escogida
Eterno enamorado de Nicaragua, Moreno del Toro expresó en una entrevista de que le hizo Tito Leyva, en febrero 2007: “Cada mañana ver las nubes y los volcanes y la gente maravillosa que amo me hace feliz. Ayer que estuve en la terraza del Hospital Militar viendo la serranía y el cielo, recordé cuántas veces, cuántas tardes, pasé con los pies desde un volcán nicaragüense, desde esta tierra mía y tuya pensando con nostalgia en mi gente, en mi futuro y en mi Cuba, y cómo gocé hacerlo. Yo no te podría decir qué no me ata a Nicaragua, porque todo me ata, me ata mucho amor.
Reynaldo González refiere que Mar de leva es una poesía en alud. En esta dizque selección, no la hay, o no con el rigor que se reputan los reputados. Todo mezcla José Luis en una poesía vivencial, atenta al movimiento de las aguas que favorecen o enemistan. Son versos inclusivos porque detesta la parcialidad que impide verle el envés a las cosas y a la gente, seleccionarlas, que ya es fraccionarlas. Por eso tiene una mirada de ternezas hacia el terruño, una Holguín donde se mezclan el tiempo y los bejucos que bordean el camino de la infancia, la adultez, los sinsabores de la ingratitud y hasta los papeles viejos y los hilos de papalote con que zurce relampagazos de una memoria dolida”.
No dejemos solo al poeta, acompañémoslo leyendo
CANCIÓN DE LAS CUATRO ESQUINAS
Si quieren, déjenme solo
es mi gran fiesta
la fiesta de mi locura.
Después de tantas gentes y aguas atravesadas
¡ay! de las formas ciegas de los pájaros
que no tocan los ruidos de los días.
Aún estoy firme en ella
acompáñenme si quieren,
pero insisto, en la perpetua cacería del sueño,
la mariposa y sus colores.
He llorado muchas muertes:
la del perro de mi infancia
la de mi adolescencia
la de la unión y la de la soledad
la de tantas partidas
la muerte de una noche
que creí eterna.
Fabriqué aceite y lámparas de mi cuerpo
para ser llama y humo
quedan solo estas cenizas
donde el áspero eco de un fino gallo
aparece disfrazado de fénix por el tiempo.
Dejé los versos, un amor escondido
en la imagen de la charca
que no estampa mi rostro.
Porque mi mausoleo lleva la música de mi fiesta, esta fiesta,
como canción de cuna
escondida en las cuatro esquinas
que siempre despertarán mis huesos.
Marina Ester Salinas Martínez