Nuevo Amanecer

HISTORIA DIPLOMÁTICA DE JAPÓN Y NICARAGUA


En diciembre de 2006 fue publicado el libro Japón y Nicaragua, contribución a la historia de sus relaciones diplomáticas, cuyo contenido viene a llenar un vacío de información histórica respecto a la relación entre ambas naciones. Hasta hace poco se creía que las relaciones bilaterales entre Japón y Nicaragua databan de hace 70 años, sin embargo, este excelente y acucioso trabajo del historiador nicaragüense Orient Bolívar Juárez, revela --y sustenta-- que éstas iniciaron hace 115 años, (Período Meiji, 1892) cuando las legaciones de ambos gobiernos negociaron en Washington un Tratado de Amistad, Comercio y Navegación.
La existencia de relaciones diplomáticas entre Japón y Nicaragua en el siglo XX está ampliamente documentada y se constata, por ejemplo, en correspondencias de los presidentes de Nicaragua, José Madriz (1909) y Juan B. Sacasa (1935). Esta etapa se inició con el nombramiento del primer Ministro Plenipotenciario de Japón en Nicaragua en 1935 y cubrió todas las actividades derivadas de ese intercambio. El estudio de Orient Bolívar expone una sucinta relación de hechos relevantes acaecidos a raíz de la ruptura de relaciones diplomáticas en 1941, como consecuencia de la II Guerra Mundial, cuando el gobierno de Nicaragua, aliado al de Estados Unidos de Norteamérica, declaró la guerra a Italia, Alemania, Bulgaria y al Imperio del Sol Naciente, como quedó establecido en la Resolución No. 35 de la Cámara de Diputados, D.N., del 9 de diciembre de 1941.
Superada la ruptura --que duró once años y fue reanudada en 1952-- el desarrollo diplomático entre ambas naciones alcanzó su apogeo durante el período comprendido entre 1952 y la década de 1980. En términos cronológicos, esa tercera etapa, de 38 años de duración, ha sido la más extensa. En la obra se estudia el conjunto de elementos que caracterizaron la reanudación de relaciones consulares entre los años 1950 y las décadas del 60, 70 y 80, siendo las relaciones de intercambio comercial el común denominador durante el período mencionado.
La última etapa de relaciones corresponde al ciclo de 1990-2005, siendo su rasgo sobresaliente la cooperación internacional de Japón con Nicaragua. Respecto a las relaciones comerciales el libro contiene cifras y productos importados por Nicaragua de Japón, desde 1912 hasta 1960, así como los detalles de sus exportaciones a ese país, desde 1935 hasta 1960. Es oportuno destacar que los estudiosos de las relaciones internacionales encontrarán en este libro detalles interesantes de qué es y cómo funciona la cooperación internacional y la Asistencia Oficial para el Desarrollo (AOD) de Japón, presentando además una visión general de la cooperación japonesa a Nicaragua durante el período 1990-2002.
También se estudiaron las especificidades de las Relaciones Multilaterales, en particular, el apoyo recíproco de ambas naciones en el seno de organizaciones internacionales, en especial, Naciones Unidas. En los Anexos de este amplio y documentado trabajo está una selección de los decretos más importantes sobre la II Guerra Mundial, promulgados por el gobierno de Nicaragua; el listado de condecoraciones que Japón ha otorgado a Nicaragua; los nombres de embajadores japoneses en Nicaragua y sus homólogos nicaragüenses en Japón. Con rigor similar se detallan las actividades de intercambio cultural entre ambas países desde 1989 hasta 2005; las cifras de cooperación de Japón de 1990 a 1997; los recursos externos formalizados por fuentes y proyectos de 1999 a 2004; los proyectos aprobados del Programa de Estabilización Económica (NPG) y el Programa del Fomento a la Producción de Granos Básicos (KR-2) de 1990 a 2005; la Declaración de Tokio y su Plan de Acción, y el listado de 424 becarios nicaragüenses con estudios superiores en universidades de Japón desde 1970 hasta 2006.
Para la publicación de esta contribución a la historia de las relaciones diplomáticas entre Japón y Nicaragua, el investigador consultó numerosas fuentes primarias y secundarias: correspondencias; informes consulares, diplomáticos y económicos; notas; crónicas periodísticas; leyes y decretos; discursos; convenios; memorias oficiales; libros, revistas y periódicos. No cabe duda de que el nuevo libro de Orient Bolívar Juárez constituye no sólo un trabajo pionero y un valioso aporte a la bibliografía nacional, sino también un estímulo que viene a impulsar la rica e interesante historia diplomática nicaragüense, aún por escribirse.
Con seguridad, la riqueza y calidad de esta obra servirá a historiadores nicaragüenses --presentes y futuros-- a estudiantes universitarios y a la población interesada en conocer el apasionante mundo de las relaciones internacionales. Ojalá que este magnífico esfuerzo de Juárez --apoyado por el Ministerio de Relaciones Exteriores de Nicaragua y la Embajada de Japón en nuestro país-- sirva de referente para futuros trabajos, dirigidos a integrar la historia de las relaciones diplomáticas de Nicaragua con los gobiernos y países del mundo.

urtecho2002@yahoo.com
Managua, Abril 9, 2007