Nuevo Amanecer

Poemas de la Izquierda Erótica (trilogía) de Ana María Rodas,


Ciudad Guatemala, Piedra Santa, 2004

La presente edición del conocido libro de la guatemalteca Ana María Rodas se conforma de tres libros en uno: primero Poemas de la Izquierda Erótica (1973), segundo Cuatro esquinas del juego de una niña (1978), tercero El fin de los mitos y los sueños (1984).

Como reza el título general, son poemas de amor, diríjase en alguna medida de amor burgués. Lo confirma Cuatro esquinas que empieza con “La muerte de los padres”, que abre con “Carta a los padres que están muriendo”, parte en la que los padres son representantes del buen gusto estético rechazado por Rodas, que escribe poesía vivencial, lo que ya planteaba al final de Poemas de la Izquierda Erótica (“Esto no sirve, dicen. “; “Dijeron que un poema/ debería ser menos personal”, pp. 54-55). Estos “monumento”(s) en ‘’postura perfecta” que son los padres en Cuatro esquinas es la misma Rodas bajo medicamentos en “In Memoriam”, “Proyecto de monumento” y el “Mausoleo silencioso” de “Autorretrato” en la última parte de El fin de los mitos. De lo mismo, la niña Rodas de Cuatro esquina se contrapone a los niños varones “malcriado”(s) “Edipo Rey” “busca(ndo) mi leche” “que asoma sus ojos a mi ventana” (pp. 33 y 61) de Poemas.

Rodas en sus poemarios utiliza a menudo el poema sin título, lo que le permite conectarlos entre sí, como si el mismo poemario fuera una gran reflexión interior. La primera parte de Cuatro esquinas termina preguntándose por la muerte, la segunda “Juegos infantiles” es memoria de años pasados con un hombre ya ido-muerto, con indirecta referencia a un choque de carro por culpa de Rodas (p. 122), pero se deduce, por comparación con Poemas, que más bien la ida es debida a la desunión (“Tú y tu tiempo y Debussy me dicen/ suavemente/ que la playa se termina”, p. 125). “Frente al espejo” se abre entonces sobre la vivencia solitaria y dicotómica de Rodas. Los conceptos de “Dictador”, “guerrillera” y ‘’pueblo’’ aquí (p. 129) como en Poemas (pp. 71-89) no deben leerse de manera política, sino meramente amorosa, el campo de lucha de Rodas siendo el feminista. De lo mismo, el “marinero” por infiel de Poemas (p. 65) es el mismo de la segunda parte de Cuatro esquinas (pp. 116ss.). La última parte de Cuatro esquinas representa la superación violenta de la separación, en forma de diario que cuenta al ausente lo que pasa en la vida de Rodas. Asimismo, es compleja la estructura de Poemas ya que, empezando por negar el espacio asignado a la mujer como virgen esperando y afirmando el derecho al placer y el aprovechar los extremos de la vida (pp. 17-21), mediante lo táctil de la piel como lugar de experimentación por interconexión entre la mente, el cuerpo interno, y los demás cuerpos externos (por ej. pp. 23-25), termina buscando el placer en el mismo silencio y la espera de que el hombre descubra sus profundos sentimientos (pp. 22-25, “me ves pasar/ y no comprendes/ que al mirarte/ me reduzco cada al estado ese/ de gelatina”), con desgana del esperma en cuanto no es más que producto de orgasmo sexual sin sentimiento (p. 21), y negándose al deseo extramatrimonial preestablecido (pp. 26ss.) hasta encontrarse hecha mujer por el hombre único antes del cual no existía (pp. 36-37ss), creada en este caso por el semen del hombre p. 31), madre como función ante el hombre (p. 33), y desmoronarse en la separación (pp. 43-47ss.), la palabra de poeta reduciéndose no tanto al combate en sí contra el estatus social de la mujer, sino al combate contra los desengaños amorosos individuales (pp. 39-45). El recobrar vida después de la decepción amorosa siendo el tema principal, que justifica la situación hospitalaria y de medicación a ultranza de El fin de los mitos.

Luis Rocha: El encuentro con estudiantes de secundaria para hablar de obras de autores nicaragüenses resulta ser un intercambio de experiencias en el que el expositor tiende o aprende a que los oyentes sean activos consumidores de nuestra literatura. Puede uno encontrar, al comienzo, cierta desconfianza que se va diluyendo conforme los estudiantes rompen esa frontera y entran de lleno en el diálogo del que dicen con gusto lo que se oye a gusto. En todo caso no se trata de un examen literario para aprobar, sino de una iniciación al placer de compartir cultura.