Nuevo Amanecer

Un norteño al que se le quitó lo tímido


Edwin Sánchez

II Parte y Final

Cuando se habla o se lee un libro de Eddy Külh uno se da cuenta que el Norte es una región con mejor memoria de las cosas y de sus personajes que la Managua de los terremotos y la violencia política. Matagalpa es la antípoda de una capital que no se lleva bien con sus museos y archivos y que siempre sucumbe ante la manía de los acontecimientos sociales, políticos o naturales: es la ciudad donde los rastros de la historia se acomodan o se pierden como su propia fisonomía urbana.
Tal vez por eso Jorge Eduardo Arellano, un tenaz perseguidor de datos, le preguntó a Eddy Kühl Aráuz cómo hace para sacar tanta información y tanta fotografía antigua, a pesar de tantos acontecimientos en Nicaragua, como la misma Revolución. Talvez no haya ningún secreto…
En Matagalpa, la familia de Kühl expone uno de sus mejores tesoros: conserva su independencia política. El mismo Eddy fue un reconocido antisomocista. “Hemos logrado sobrevivir. El Selva Negra no fue intervenido”, dice en relación a los años 80. “Tomamos posiciones correctas políticamente. Por ejemplo, la paz social y ecológica de nuestro entorno es un ejemplo a nivel internacional. Eso es proyectar lo que hemos hecho bien los norteños”.

Usted persigue el dato por mucho siglo que lleve escondido, como el propio hecho de ir hasta saber del matrimonio del tatarabuelo de Salomón de la Selva. ¿Cómo hace?
A pesar de vivir en la montaña, tengo satélite con conexión electrónica. Cuento con un servidor propio y es rápido. Como los escritos que he hecho en EL NUEVO DIARIO salen a nivel internacional me ha localizado alguna gente. Como hablo inglés y un poco de alemán tengo conexiones con geneólogos. Hay un genealogista de Boston que le sigue la pista a los que llegaron de Inglaterra; tengo datos de otros personajes, más los viajes. Cuando voy a ver a mis hijas a Estados Unidos no voy al “shopping center”, sino a las bibliotecas. Cuando entro a la Biblioteca de Nueva York ya me saludan. También voy a la del Congreso en Washington. Y hasta la biblioteca de Berlín.
Aunque norteño, se me quitó lo tímido. Hay que ser agresivo. Cuando estudié en Estados Unidos se me quitó lo tímido. En Alemania, por ejemplo, me alojé en un hotelito económico, llamé a la embajada nicaragüense y me pusieron en contacto con la Biblioteca Iberoamericana de Berlín, la más grande en español del mundo. Cuenta con 820 mil título que no lo tienen las bibliotecas de Madrid ni de México. El director mismo me enseñó el lugar con su manojo de llaves. Me dio los registros de Kart Herman Berendt y Walter Lehman. Por eso recogí los originales de la lengua matagalpa y escribí “Indios Matagalpas”.
Me escriben senadores , historiadores, lingüistas.
Hay un interés por Matagalpa, su gente, la música y el habla. ¿Qué nos dice de esto?
Es por el amor a Matagalpa. Recuerdo que andaba con mi padre en la finca y veía a los indios, a las mujeres, y miraba que hablaban su dialecto. Hablo de 1952. Y después entrevisté a familiares de esos viejos conocidos y supe que no era náhuatl.
En cuanto a la música, la idea era recopilar la que sonaba en el campo, propia del norte, como la mazurka y la polka. En Nicaragua hay tres culturas marcadas en la música. El Pacífico se distingue con la marimba. Yo demuestro (en una investigación) que los esclavos africanos la trajeron y los indios la mejoraron. En el Caribe predomina la afro y en el norte la polka y la mazurca. Esta región toca estos ritmos porque aquí llegaron los inmigrantes de Polonia, Hungría, Alemania, y luego los indios las interpretaron.
Yo traje a los campesinos y los metí en un estudio y los grabé. Es el disco que hice.
¿Escribe otro libro?
Sacaré dos libritos: “Aquellas montañas azules”, como así les decía a mis compañeros y amigos cuando me preguntaban dónde quedaba Matagalpa.
Otro será del que hizo una nieta de siete años “Mis gorrioncitos”, que habla sobre la protección ecológica.
Está actualmente en imprenta en Colombia, un libro con Hispamer, “Nicaragua tierra de inmigrantes”, el cual se refiere a una investigación sobre los primeros esclavos. Demuestro que se produjeron tres oleadas de negros. También abordo la llegada de los primeros chinos, desde Cantón, vía San Francisco, Estados Unidos.
El libro también trata del ingreso de los primeros árabes, después de la Primera Guerra Mundial. Entrevisté a sus descendientes. Otra oleada fue la de los judíos. Además la de los europeos.
Los italianos son los más grandes banqueros y comerciantes. Son muy hábiles, como los venecianos, y son los que hicieron más capital: hablo de los Pellas, Mántica, Salvos, Caligaris.
Los alemanes se destacaron en profesiones como la ingeniería en ferrocarriles, en estaciones y puertos. También hay algunos lingüistas, arqueólogos, aunque sobresalieron más como técnicos. Mi abuelo hizo la primera despulpadora en el norte. Y escribo sobre la particularidad de los alemanes: se casaron con jóvenes nicaragüenses y son los que más se quedaron (en nuestro país).
Después me refiero a los (de origen) francés: Dreyfus, Pierson. Y de los norteamericanos. Así que aparecerán las historias de estos grupos. Lo mismo que fotos antiguas. Creo que a principios de junio lo presentaré.

¿En cuanto a su finca, es cierto que hay un componente social?
Es un mérito de mi esposa. Selva negra es una finca de café histórica. Ya hay una marca: el “Selva Negra State Coffee”, tiene mucha demanda. Se ha establecido en Norteamérica. Mucha gente viene a ver Selva Negra. Es un milagro ecológico y social. Una tercera parte es montaña, selva virgen pura, donde hay monos congos y es prohibido deforestar, quemar. Es un santuario.
En el cafetal hay muchos árboles. En la parte social hay una clínica con un enfermero a tiempo completo donde se le ofrece a los trabajadores atención médica gratuita. Cuenta además con una escuela de seis aulas que hemos hecho nosotros y le pagamos a los profesores. Ellos comen de lo que se cocina en el restaurante, carne, pollo... Al ver mi esposa lo que le significaba palmear tortillas le hicimos una máquina de tortilla, para que no se friegue la mujer.
El segundo piso lo convertimos en biblioteca. Es la primera finca con libros para los trabajadores. Entrenamos a una bibliotecaria. Llevo ahora una colección de END y del Centro Nicaragüense de Escritores, y doy la bienvenida a los que cooperen. Ahí hay 600 trabajadores en el corte. Queremos que ellos aprendan. Esto no lo hacemos por caridad ni por religión. Ellos son iguales a nosotros y así trabajan mejor.
Nos beneficiamos por el prestigio mismo de la finca. En el hotel se vive seguro y allá viven mis hijos, mi esposa, mis nietos. Yo soy el que bajo a la ciudad. Hoy soy directivo de la Academia de Geografía e Historia, vicepresidente de la Academia de Genealogía.

Entre esta etapa de su vida y la otra, ¿con cuál se queda?
A mis 66 años disfruto de esta etapa. La parca puede venir en cualquier momento y aprovecho cada día para gozar del presente con los amigos y dejar una proyección. Soy un matagalpino muy orgulloso que ha querido a dar a conocer la cultura nuestra tanto a nivel del Pacífico y del Caribe, y a nivel internacional. Hemos dado conferencias internacionales en Inglaterra, Suecia, España, Estados Unidos, siempre hablando de Nicaragua, de Matagalpa.
Si alguien le pide un resumen de quién es Eddy Kühl, él seguramente dirá:
“Un patriota que quiere que Matagalpa entre al tejido nacional con grandes brillos”.