Nuevo Amanecer

“Cada pueblo le daba al único Dios el color de su piel”


Anacristina Rossi (Costa Rica, 1952) es la autora de Limón Blues, Premio Nacional de Novela Aquilino Echeverría 2002 y Premio José María Arguedas de Casa de las Américas 2004, según dice el acta: “Por constituir un ambicioso fresco del mundo caribeño en un momento de especial ebullición donde las vidas personales se funden con la historia” (29 enero 2004).
Desde el título que recoge el término BLUES, se puede deducir el contexto que representa. La música blues, basada en una escala llamada pentatónica de blues, es una manera vocal e instrumental que recoge cantos espirituales, de trabajo y lamentos de esclavos, toma un estilo de origen africano que se desarrolla en el sur de los Estados Unidos entre 1870-1900. The blues viene de blue devils (diablos azules), que son espíritus caídos, depresión y tristeza. El blue ha inspirado géneros musicales posteriores como el jazz, rock and roll, música country, canciones pop.
LIMÓN es la ciudad de la costa caribeña de Costa Rica fundada en 1870 como ruta de acceso para la exportación de banano, café y granos, donde llegaron los primeros inmigrantes negros jamaiquinos para trabajar las obras de construcción del ferrocarril trasladando lengua, cultura, religión y gastronomía.
La novela es histórica, de amor e infidelidad, protesta social, indiferencia y frustraciones, precisamente nos traslada a principios del XX entre Limón-Costa Rica y Kingston-Jamaica. Desde esa isla del Caribe llegaron a Limón “huyendo del hambre de Jamaica, emigrantes pobrísimos, en septiembre de 1876”. Los negros jamaiquinos trabajan en las bananeras mientras el monopolio de la United Fruit Company controla la ciudad y hasta influye en el Gobierno Central para su conveniencia, en un ambiente de explotación, huelgas, represión, enfermedad y miseria que recuerda la narración de ficción y testimonio del nicaragüense Emilio Quintana (1908-1971) en Bananos (1942) y la obra del guatemalteco Miguel Ángel Asturias (1899–1974), particularmente en Viento fuerte (1950), Papa verde (1954) y Los ojos de los enterrados(1960), trilogía de obras llamadas las novelas bananeras.
Lleva a la discusión el problema de la población negra, de exclusión y discriminación, desarraigada violentamente del continente africano para ser traídos como esclavos, asentada en Jamaica, “colonizada y britanizada”, que busca organizarse en una utopía para el regreso al continente de origen, fundar en la República de Liberia un país para la “raza de color” y devolver a los africanos África, a través de un movimiento al que han llamado Universal Negro Improvement Association (UNIA).
Orlandus Robinson es un joven moreno que arriba a Limón con las historias de prosperidad que su madre Nanah le ha transmitido. En Costa Rica, no quieren que los negros sean propietarios, no son considerados costarricenses aunque nazcan allí, sin derechos laborales ni libertad de expresión para manifestarse, para el país ellos no existen. Los costarricenses no entienden su cultura, ni su idioma, ellos quieren anular su espíritu, “los costarricenses no podían hablar directo y sin eufemismos. Y cuando más amable venía la frase, peor era la intención”. Se ha desilusionado de Limón, dice: “Es terrible la soledad de los negros”. Leonor es una mujer blanca, atractiva, mayor y casada con un Ministro del Gobierno que visita la ciudad, ha visto a Orlandus y se encuentran a escondidas en una finca de su propiedad, en un encuentro ocasional posterior ella tiene un hijo del negro, él no lo sabe. El joven por primera vez conoce el amor que no puede ser posible ni duradero. De regreso a Jamaica se casa con Irene, una guapa maestra y deciden regresar a vivir a Limón porque en aquella isla no hay nada que hacer. Es invitado a incorporarse a la UNIA por su líder Marcus Garvey, quien se llama Presidente Provisional de África, la Patria de los Negros; se ilusiona por ese ambicioso proyecto que finalmente resulta una imposibilidad, un fraude o una mentira; es imposible regresar a África a fundar su República, a la que supuestamente regresarían en barcos fletados para construir la nación de la que fueron dispersados. Pensaban: “Pronto dejaremos este hemisferio donde hemos sufrido tanto”. Dice: “Hemos lanzado un movimiento que va a cambiarnos la vida, y sin embargo nuestros hermanos negros no nos entienden, quizás por la influencia de los mulatos, quizás porque apenas un negro jamaicano triunfa se siente parte de la blancocracia…”. Como raza, no tienen paradigma de referencia, carecen de una enseñanza básica que les diga quiénes son, cómo manejar el mundo, de dónde vienen, ni qué significa el color negro de su piel. El mundo no está listo para oír su verdad, África no está lista para ser liberada. El fracaso del movimiento lo lleva a la enfermedad de la desilusión y finalmente a la muerte.
Tuvo tres hijos con su esposa, pero realmente el primero no es suyo, sino de Ariel, un médico norteamericano de origen judío (quien también busca regresar a Palestina) con el que Irene consiguió trabajo en medio de la escasez y de quien se enamoró en una relación corta pero intensa. La hija, Kate, es blanquita, pero Orlandus la quiere como suya.
A nivel internacional está la Primera Guerra Mundial, la revolución bolchevique y después la gran depresión de los años treinta en los Estados Unidos, mientras en Nicaragua “los gringos juran matar a Sandino”. En la ciudad suena en las casas y los bares la música Blues que tocan y cantan con triste entusiasmo, “con el blues los negros se deprimen y eso va contra el espíritu del Negro Nuevo”.
* www.franciscobautista.com
Managua, enero 2007.

Las provocaciones de Antonio Móbil en Yo, lesbiano
Cumplo con el agradable deber de leer y luego escribir, no escandalizado, sino provocativamente motivado, relajado, el libro recién publicado (febrero 2007) que generosamente el poeta guatemalteco Antonio Móbil (1930) me ha enviado. Viene en él impregnado un aire de humor, de recuerdos deleitosos en el lindero del pecado y el erotismo, irreverente, salpicado de picardías e inquietudes que se resiste a dejar y no permite que se ponga el sol. Está ahí la influencia de Venus y Baco, que desinhibe al hombre que ha vivido y vive sus interminables inocencias que carga en su propio Paraíso desde que nuestros primeros padres fueron expulsados del Edén.
Me confieso cercano a esos cuentos y relatos, llenos de poesía, sin que recuerde algún día habérselos contado.
Recojo en estas líneas la brevedad del hallazgo:
A todas luces está claro,
más que evidente es,
aunque no sea dicho
ni escrito,
que Adán ha preferido
quedar sin Paraíso
antes que perder la mujer.
Ella llevaba, dicen,
sobre su cuerpo el Edén,
el fruto prohibido estaba
en el centro de su hemisferio,
el sabor de su pulpa fue
distinto a todos
y una vez probado,
nunca más se olvidó.
Mordió la carne jugosa
de un jocote tronador,
masticó, saboreó y tragó,
la carne verde, llana y fresca,
tiró al suelo la semilla seca
y se quedó con el gusto,
para después volver.
Siento sabor a almendra y níspero,
aguacate y mango en su punto,
suavidad porosa que se deshace,
deshilachados trozos y sabores
dulce, agrio y celeque tierno.
* www.franciscobautista.com
Managua, enero 2007.