Nuevo Amanecer

Un detective de la historia nunca contada


Edwin Sánchez

I Parte
Salomón de la Selva era un hombre corpulento, de unos 5 pies y 9 pulgadas, de ojos azules, frente amplia y cabello castaño claro”. Sí, parece que Eddy Kühl Aráuz conoció personalmente al poeta y hasta casi que le ayudó a peinarse.
De hecho, hay otras formas de conocer a alguien y hablar de él con propiedad, y el ingeniero y arquitecto Kühl parece un artista a la hora de recordar lo que nunca vio con sus ojos nada más que con el dato, la pulcra investigación y la vocación de un modernísimo detective de la historia nunca contada.
Hoy sábado no hablaremos de Salomón y su sabiduría poética bilingüe, sino de Eddy: el empresario, arquitecto, ingeniero, escritor, historiador y miembro de algunas academias.
Es polifacético y pareciera estar armado de un humor a prueba de huracanes o de silbos darianos. Le digo que algunos lo ven por algunas de sus obras, muy ario, exaltando lo alemán que no está demás decirlo, corre por sus venas con tanta dedicación que ha organizado su vida desde muchacho, como cuando dijo, sin haberse bachillerado siquiera: “En los días de mi retiro, me dedicaré a escribir del Norte de Nicaragua para conocimiento de todo el país”. Vaya, su disciplina resultó tan perfecta que usted la puede confundir con una profecía, pero sólo es parte del carácter alemán que, de acuerdo a él, no lo exhibe para apantallar a las otras etnias. “No soy racista”, afirma.
De él se puede hablar toda una tarde sobre las excelencias de una taza de café. De su “Selva Negra” que la transformó en una marca reconocida para los mejores tomadores de la aromática bebida en Norteamérica. O bien platicarnos de las oleadas de inmigrantes forzados por la mano de hierro de los españoles e ingleses: los africanos que poblaron no sólo el Caribe, sino el Pacífico. O de los que los empujó la vida como a los mismos germanos, rusos, ucranianos, húngaros, judíos y árabes.
Con Eddy se pueden conocer detalles de la vida de Salomón de la Selva y podrá comprobar que es un magnífico rastreador de pistas porque es capaz no sólo de parar el reloj de la historia en el año de 1798, sino hasta saltar de nuestra tropical geografía para introducirse en la neblina británica y llegar a la iglesia del castillo de Saint George, en Liverpool, sólo para darnos el gustazo de saber que el bisabuelo de Salomón fue bautizado ahí con el nombre Jonas Glenton.
O convertir su finca en una amiga del ambiente. Por eso, la pregunta es ¿qué hace que un hombre tenga ese amplio espectro de trabajo?
Yo nací en 1940, en Matagalpa. Allá me crié. Fui educado por mi madre en la finca de café, a los seis años bajé al pueblo, donde estuve hasta sexto grado y luego fui al Colegio Centroamérica, de Granada. Noté que mis compañeros no conocían el Norte a pesar de que la región tenía muchos valores, especialmente Matagalpa.
Me prometí que cuando me retirara, iba a comenzar a escribir. Pero en el periodo que viví de ingeniero, constructor, empresario, fui recolectando materiales. En 1997, a los 57 años, empecé a escribir, y a la fecha he sacado seis, siete libros. El primero “Matagalpa y sus gentes”. Tenía más dominio de Matagalpa que otros autores. Me animé porque tuvo buena reacción entre el público. Ya hay tres ediciones. “Matagalpa histórica”. Es más árido, porque es de los registros, desde que llegaron los conquistadores, la historia de los indios. Es más bien para referencia.
Luego pasé a otros, a nivel nacional, “Nicaragua y su café”. Habla del café desde la colonia a la fecha. Fui a los registros de Jinotepe, Diriamba, Granada, León, Chinandega, Managua, y visité las bibliotecas internacionales en Nueva York, la del Congreso de Washington, la Universidad de Berkeley de California. Fue un éxito, un libro de mucho lujo que compran los extranjeros. Ha servido como revista de Nicaragua, con 525 fotos, dibujos, mapas antiguos, y se ocupa de referencia local e internacional.
Los intelectuales del Pacífico han configurado la historia nacional, ahora un historiador del Norte viene con otra visión: ver el Norte desde la profundidad del Norte.
Me topé con esa barrera, pero llegué a ser directivo de la Academia de Historia y Geografía y martillé que la historia se ha visto desde el punto de vista de los conquistadores del Pacífico, y no existía la versión nuestra, no la conocían. Me identifico con el Centro y Norte del país, tanto por mi madre que es Aráuz, de las familias más antiguas y representativas del Norte, como con mi abuelo, inmigrante alemán que vino en 1890. Empecé a escudriñar los registros, y los libros de historia antigua, y ver que la participación de Matagalpa ha sido muy determinante para muchas cosas y no la conocían aquí en el Pacífico.
No se conocía el escrito del capitán Carlos Alegría, herido el 5 de septiembre de 1856, en San Jacinto mismo, donde se restablecía cuando se produjo la batalla del 14. Luego, dice en su escrito: “El 11 de septiembre llegó una columna de 60 flecheros matagalpas, que fue tan determinante para la jornada del 14”. Insistí en eso, y lo rescatamos. Ahora sale en los nuevos libros.
Escribí mucho sobre la guerra de los indios, con datos históricos de la época. Entiendo a ambas partes, a los indios y ladinos.
Rebeldía de Matagalpa
Inquietado por las genealogías, por el carácter de hombres y mujeres, incluso, tratando de encontrar alguna explicación a la rebeldía, expuesta por el capitán Alegría y los indios flecheros, Kühl remarca que las fibras humanas de Matagalpa la vuelven muy particular. Por algo, dirá, ahí nació Carlos Fonseca, y también otra generación de gente, como la misma Dora María Téllez, Tomás Borge y Doris Tijerino.
¿Por qué se produjo esta generación? Él dice que “tal vez genéticamente haya una población rebelde que ama mucho a su tierra y se opone a la interferencia extranjera”. Y suelta: “Esto no lo habían descubierto los historiadores, pero yo lo martillo”.
Seguro, hay una manera de ser norteño.
Una foto colectiva. Álbum municipal: bigotes, sombrero, botas. “Insisto en el aspecto, estoy orgulloso de nuestra nacionalidad”.
Se puede decir ahora que con estas incursiones, escritos documentados,
¿la historia no va a andar tan coja, con un buen pie en el Pacífico y renca por el Norte?
Teníamos un solo pie, y con esta aportación del Norte se han generado otros escritores como Douglas Stewart, Wells, Erick Blandón, pero también de la Costa del Caribe.
Como nos marginaron, defendemos el Caribe.
El último libro que saldrá en un mes se llama “Inmigrantes”, dedico casi la tercera parte a la región.
Pongo los primeros esclavos que vinieron, tanto del Pacífico como del Caribe. La labor de los moravos, la alfabetización, los primeros ingleses que llegaron allá.
Usted escribe también sobre Salomón de la Selva.
Es raro, no sólo porque soy ingeniero y mi tema es histórico. Hablé de un poeta del Pacífico. Me llamó la atención, pues a la larga es el segundo poeta más discutido del país y de los más inteligentes y cultos.
Me llamó la atención que se fue a los 10 años a Estados Unidos, que fue bilingüe y considerado uno de los mejores poetas de su época.
Combatió en la Primera Guerra Mundial, es el único escritor latinoamericano que peleó en esa guerra y que escribiera acerca de eso.
Incluso entre los norteamericanos hay pocos, como Hemingway.
Lo pongo en forma sencilla y cronológica para los estudiantes. Sus viajes, extractos de su poesía que más me impresionaron como neófito en este ámbito. Si eso me impresionó, quizá se interesan los muchachos.
¿No hay un sesgo bastante racista en destacar a los alemanes, los ingleses? ¿No le llamó la atención el abuelo paterno inglés de Salomón?
Entiendo esa crítica, es bueno que la hagan. Cada uno tiene un sesgo. Posiblemente lo tengo, porque vi el ejemplo de mi abuelo, su disciplina, era inventor, procuró el desarrollo del Norte.
Esto no quita que margine a la otra parte de mi familia. Estoy orgulloso de mi madre, de los Aráuz, gente reconocida. Pero no puedo desprenderme de eso.
Sí, lo de Salomón me llamó que la atención que fuera nieto de un inmigrante inglés. Como Carlos Fonseca también. El abuelo de Salomón y el tatarabuelo de Fonseca era amigazos íntimos y socios y formaron la “Manning y Clenton”.
Quizás los ojos azules de Carlos vengan de éste. Son cosas en las cuales yo tengo más acceso que otros y tengo que decirlas. Tal vez otros no habían determinado eso.
La misma malicia que decís, siendo uno de ascendencia europea, busca los datos y en mi casa en Selva Negra, cuento con libros de 1850 en alemán, inglés y español. Tengo tantos datos y fotografías que debo ponerlas y las pongo con mucho orgullo.