Nuevo Amanecer

El placer de girar hacia la izquierda


De joven, cuando practicábamos ejercicios físicos en los colegios de secundaria, el coordinador de tales ejercicios nos ordenaba con voz autoritaria: “¡A la derecha!” “¡A la izquierda!” La fila de alumnos obedecía estas órdenes sin ningún titubeo.
Todos fuimos creciendo y desarrollando aptitudes diferentes hasta coronar, la mayoría, carreras profesionales con más o menos éxito. La inclinación de girar hacia una u otra tendencia ha persistido, pero ahora en el quehacer cotidiano. Se supone que la vocación de seguir ideas izquierdistas es la más adecuada, pero también es innegable que muchas actuaciones de la derecha bien intencionada son de provecho para el conglomerado social al que pertenezcamos.
El ejemplo de la Revolución Cubana prosperó e influyó en toda la juventud contemporánea, y aunque el primitivo entusiasmo haya variado, la admiración persiste. Las interpretaciones de este fenómeno son variadas, pero no contradictorias. A causa de nuestros atrasos económicos, sociales y culturales a quien más se responsabiliza es a la derecha. Y es verdad. Sus errores tienen tanta connotación que me ahorra poner ejemplos. La izquierda siempre ha sido vanguardia en ideales de avanzada. El entusiasmo con que se abrace una causa estará en relación directa con la honradez con que se practique. El ejemplo de la transparencia y la sinceridad en toda actuación humana asegura el éxito de la doctrina que se practique, siempre que ésta sea congruente con la naturaleza humana.
Posiblemente sólo en la esfera de la religión el girar hacia la izquierda o la derecha conlleve la condenación o la salvación de nuestras almas. Esto es un mito. La bondad o la maldad no tienen lado blanco o negro, son prácticas, acertadas o no, que sustentan al hombre o a la mujer y le dan razón a su existencia. En estas circunstancias no cabe el término medio, tan aducido por los pusilánimes. Es preferirse definirse bien, encarrilándose por la izquierda, sin temor alguno de despeñarse por los abismos infernales.
El refrán popular afirma de la conveniencia de que la mano izquierda no sepa nunca lo que haya hecho la mano derecha y a mí me parece de que debe ser todo lo contrario. Se debe conocer todo lo bueno que logre hacer la mano derecha para que la izquierda lo supere. Lo obtenido por la mano derecha y que dé buenos resultados deberá ser conocido por la mano izquierda; lo importante es que el buen ejemplo cunda y prospere.