Nuevo Amanecer

Conversación con Nicaragua


Durante las dos últimas décadas del siglo XX, las de-sinteligencias políticas, la intolerancia, el irrespeto a los derechos de la ciudadanía y la injerencia extranjera en nuestros asuntos internos trastocaron por completo la vida de los pueblos de Centroamérica y provocaron sangrientos holocaustos. La aciaga presencia de Saturno devorando a miles de sus hijos; los estampidos de la metralla desgarrando a la juventud y la destrucción sistemática de la endeble infraestructura social y productiva de nuestros enclenques países fue la avalancha que arrastró a miles más allá de las fronteras, lejos de la carnicería, buscando dónde curar sus heridas y reverdecer sus esperanzas. Pese a que en los 90 triunfó la “democracia”, la fuga de gente continuó, acelerada además por las políticas excluyentes de los gobiernos neoliberales. Así se estableció el exilio económico, el desarraigo, la diáspora nicaragüense.
Andrés Pérez-Baltodano se fue a Canadá en 1981, donde “empezamos a construir nuestra vida sin dejar de seguir los acontecimientos de Nicaragua”. Allá terminó sus estudios de doctorado y enseña ciencias políticas en la Universidad Western Ontario. El seguimiento a los eventos y el análisis a los fenómenos sociopolíticos ocurridos en Nicaragua fue parte de sus mecanismos de defensa para sostenerse en su país-refugio, y el cordón umbilical para alimentarse con sus raíces. En 1995 regresó a Nicaragua, donde se encontró “con un país lleno de ilusiones democráticas y de niños hambrientos que pululaban en las esquinas de los semáforos de la ciudad”. Esa visita fue determinante. En 1996 comenzó a escribir y a de-satar polémicas con sus artículos, oficio que ha ejercido sin interrupción. Hoy, entrega su libro Conversación con Nicaragua, reflexiones y confesiones sobre la nación, la iglesia y el exilio, que más que recopilar sus artículos de opinión contiene una apretada síntesis de los principales eventos ocurridos durante la última década de la convulsa historia nuestra.
Escribimos para comunicarnos con los demás, pero también para hablar con nosotros mismos, para interrogarnos con preguntas que apremian y, para definir posiciones ante temas que nos afectan --afirma este escritor-- que con ojos de cronista y de francotirador, ha puesto en su mira --y en la nuestra-- un enfoque particular desde donde podamos ver y recrear nuestro pasado inmediato e impedir que el olvido nos conduzca a repetir errores repetidos en esta tierra, donde a su criterio “la práctica del olvido nos ha transformado en un pueblo irreflexivo, donde hemos vivido y seguimos viviendo del borrón y cuenta nueva… y donde “ninguno de nuestros partidos políticos ha aprovechado el rico laboratorio de nuestra dolorosa historia nacional para articular una visión de nación que nos incluya a todos. Seguimos siendo, como dice el Comandante, en la novela de Fernando Silva, “pasiones nada más... practicamos intensamente la política pero no la pensamos”.
Para Pérez-Baltodano, en Nicaragua predomina la palabra-ruido, interpretación que ayuda a explicar la confusión que por sus múltiples significados provoca un mismo término en diferentes interlocutores, creando una torre de Babel, una paradoja en el país de Darío, príncipe de la palabra. “Sin un lenguaje compartido, capaz de articular visiones colectivas, nos sorprendió Walker. Nos conquistó, no por su mejor armamento o sus conocimientos militares, sino porque él y su pandilla compartían objetivos comunes. Nosotros no”.
Intervenido el territorio y empeñada la conciencia --acota-- la palabra herida se escondió en la montaña, desde donde hizo la guerra a los invasores provenientes del país que con el tiempo llegaría a otorgar condición científica y legal a la desinformación. Sandino, refugio de la palabra plena, fue asesinado por la palabra vacía disfrazada de promesa franca. Decía José Coronel Urtecho que era tal la descomposición del lenguaje durante el somocismo que Tacho II lograba engañar a sus ministros diciéndoles la verdad.
Es con la palabra que Pérez-Baltodano cuestiona, inquiere, señala, critica, defiende y ataca. Refiriéndose al papel de la Iglesia Católica, y a su jerarca en particular, señala: “Bajo su liderazgo, la Iglesia Católica nicaragüense jugó un papel importante en la lucha contra Somoza. Y lo hizo a partir de una posición basada en los principios fundamentales del cristianismo; principios que la obligaban a criticar la corrupción y la violación a los derechos humanos por parte de ese régimen. Lo hizo como institución responsable de la defensa de la dignidad humana, condición divinizada en Jesucristo, y no como institución avaladora de opciones políticas partidarias. Es decir, no apoyó al Frente Sandinista de Liberación Nacional para criticar los vicios del somocismo”.
En contraposición, y refiriéndose a las elecciones en las que resultara presidente Arnoldo Alemán, dice: “El papel de la iglesia en el proceso electoral recién terminado es otra cosa. Su abierto partidismo, la manipulación del evangelio y el abuso de los ritos católicos para influenciar los resultados electorales pasados muestran que la Iglesia católica nicaragüense ha perdido su norte como institución depositaria de una verdad cristiana que, por su universalidad, no puede ser partidizada. No puede la iglesia jugar política de partidos y pretender representar a todos los nicaragüenses. No puede la iglesia manipular la misa y el evangelio a favor de partido alguno, sin convertir nuestros templos en casas de mercadeo político y propaganda.
Conversación con Nicaragua es un libro para conversar, para reflexionar y hasta para reírnos de nosotros mismos, y en palabras de su autor, contiene también “algunas confesiones sobre los dolores que produce la distancia”. Conversación con Nicaragua es producto de uno de los más grandes logros que los nicaragüenses alcanzamos con sangre, sudor y lágrimas: nuestra libertad de expresión, un derecho que a diario debemos preservar y defender.
Managua, marzo 29, 2007