Nuevo Amanecer

A la memoria de un hermano y amigo


Un domingo 18 de febrero, falleció a los 54 años de edad, en la ciudad de Estelí, Danilo Torres Rodríguez. Su ausencia física definitiva nos ha dolido a quienes tuvimos la suerte de conocerlo, de tratarlo, de escuchar sus opiniones, conocer su obra pictórica y literaria.
Me precio, que fui su amigo personal, desde la década de los 80 hace más de veinte años, he compartido sus triunfos y agravios. Tuvo una sensibilidad y capacidad suprema para perdonar y olvidarse de lo malo y de los malos, visionario y soñador, recuerdo a Danilo como uno de los iniciadores de la jornada Quinientos Años de Resistencia Indígena, Negra y Popular. Indudablemente sus méritos fueron más que suficientes para recibir galardones como “Hijo dilecto de Estelí”, presea que se otorga a los mayores exponentes que se han destacado en diferentes actividades de la cultura, el arte y la ciencia.
Danilo Torres estaba hecho para residir en la tierra, en lo más hondo como las raíces, bebiendo vida y dando fruto. Fue uno de los poetas, escritor y artista más influyentes en el desarrollo cultural de Estelí y, a la vez de los más queridos y populares. Tal vez sea éste uno de los misterios de su vida, ¿cómo fue capaz de producir una obra significativa, aportad ora y, al propio tiempo, enraizarse en la cultura popular?
Autor de una obra vasta, hay incontables detalles de interés a la hora de narrar su vida. Así se habla de su desmedida e insaciable curiosidad; vivía atento a cuanto acontecía a su alrededor, bien fuera un atardecer, un caracol, un botella extraña, unos ojos inmensos... Decía por ejemplo que la poesía: “Es una manera de mirar. “ Era un enamorado de la vida, un eterno coleccionista que andaba a la caza de palabras, fue una literatura, tal como su literatura fue su vida.
Su obra, compenetrada con su vida, era una constante dualidad. Por un lado el sentimiento más arrasador, por otro la palabra más inteligente. Por una parte una ligereza infantil, juguetona, por otra, una conciencia alerta y militante. Una alta preocupación formal y un deseo constante de comunicar. De ese vuelo a lo alto sin perder la perspectiva de lo íntimo y lo humilde, creo que viene su aceptación por los más diversos públicos.
Es precisamente esa constante del amor en su obra literaria y pictórica la que le hace tan atractiva, tanto para críticos como para el público lector.
Hombre de enorme sensibilidad en quien las huellas del romanticismo y, posteriormente, las del modernismo fueron abriéndose paso para configurar una producción poética de valor inimitable.
Seguramente, su más grande satisfacción habría sido que los organismos involucrados en el quehacer artístico y cultural echaran a andar un viejo proyecto: la creación de una escuela de bellas artes en nuestra ciudad; como él se refirió, “para darle sabor a la vida”, precisamente en una sociedad que privilegia ciertos valores que incitan al machismo, la drogadicción, la violencia, la pornografía e ignoran nuestras manifestaciones artísticas e identidad cultural.
Empero, su vida de sinsabores, --y que solamente en un alma tan emotiva podían provocar la transfiguración del dolor y del drama humano en renglones cortos--, se constituyó en una cantera de la cual, permanentemente, el vate echó mano para concebir su producción literaria.
El homenaje póstumo que el pueblo esteliano, los escritores y artistas de Nicaragua tributaron a esta activa figura de reputación consagrada reclama justicia ejemplar para los asesinos y sicarios quienes al matar a sangre fría, a un soñador utópico que encontró bajo un inmenso trajín la fuerza punzante de la pluma y la tinta, ignoran que Danilo siempre tendrá su residencia en la tierra porque “los que mueren por la vida, no deben llamarse muertos”.
Danilo:
EL HOMBRE, EL HACEDOR
La noche fantasma viaja entre galaxias
sacude el alma
y los recuerdos
El paso por las sombras
del sobrecogido universo
me lleva a meditar,
a repetir imágenes
a vivir en décadas pasadas
Veo al hombre
al intelectual recargado
en largos años
labrando y pintando surcos de esperanza
y vitales espigas
Fortificó mundos
de substancias invisibles,
fue entre fibras vegetales,
navegó a través de la noche
insondable y sombría
y nunca enmudeció su canto
En su frente morena
brotó inagotable la energía.
En su corazón luchador
y subterráneo
se eternizó la renovada materia,
el oxígeno indivisible.
Estelí,
Febrero del 2007