Nuevo Amanecer

Noche de Getsemaní, Pasión de Cristo


El poeta Calderón, estudioso de la filosofía esotérica, así como de las religiones orientales, del Islam y sus aportes a la cultura de Occidente; autor de “Poemas árabes” (1994), “Sonetos ceremoniales” (1998) y “Sierpe india” (2004), ha sido por años profesor de Ciencias Sociales y Literatura en varios institutos de Carazo y en el Recinto Universitario Regional de la UNAN.
Erwin Silva opina que en el nuevo poemario de Calderón “Cristo ocupa un lugar central”, el Cristo de Calderón es más bien “el Cristo del juicio, vivo en los explotados, hambrientos, enfermos y torturados; Cristo visible en nuestra doliente y martirizada humanidad”.
Calderón dedica esta obra a Mel Gibson, por quien tiene profunda admiración.
En Cuaresma reflexionemos con NOCHE DE GETSEMANÍ, dedicado a la doctora Edith Stein, mártir y santa de la Iglesia Católica, con amor y admiración profunda:
1. En la noche de la oscura traición abominable/ es la dura y terrible agonía sin medida/ agonía del hombre que íngrimo solloza/ ya con su alma entristecida también hasta la muerte/ “Padre: si es posible aparta de mí este cáliz”/ pero no podrá ser de otra manera/ tendrás que beber pausadamente/ hasta la última gota/ de angustia y pesadumbre.
A lo lejos... está lista la cruz/ y en este mismo instante/ sufres la más espantosa y taladrante soledad.
2. Es un aire pesado el que se siente/ ¡es un aire de muerte!/ y llena, la hermosa luna penetra todo el Huerto/ llena la redonda luna/ alumbra con su luz el rostro sombrío y sudoroso.../ ora nuestro Señor incesante y de rodillas,/ se acelera el asustado corazón/ y gruesas gotas gélidas de copioso sudor/ caen en tierra./ Tanto es el insondable dolor en medio del silencio/ tanta es la pena en la hora fatal de la traición/ y el abandono/ que también gotas de sangre/ se filtran por la frente/ y empapan con el sudor el cuerpo tembloroso.../ “Velen conmigo y oren para no caer en tentación”/ pero es imposible, tus cansados discípulos duermen/ profundamente/ con sus pesados párpados cargados de cansancio/ duermen... y sólo se escucha el graznido de las nocturnas/ aves/ y el sollozo del viento entre los árboles de olivo.
3. En tu pecho doliente se acumulan esta noche/ “las humillaciones y angustias de todos los hombres”,/ los dolores de los torturados de todos los tiempos,/ los gritos y sollozos de todas las madres;/ ¡oh! sagrado pecho donde cabe entero el infinito/ y el inmenso dolor de todo el universo./ Esta noche, afuera es noche de fiesta.../ la noche del rojo vino y el sagrado Cordero Pascual/ pero hoy tú mismo serás la víctima inmolada/ y como manso cordero serás llevado al terrible matadero./ (Cerca y alumbrado por la pálida luz de la sombría luna/ se mira el valle de Josafat/ donde corre el torrente del Cedrón.../ la leve brisa de la noche/ agita suavemente a los arbustos/ las higueras, las mieses, los olivos).../ sí, escuchen nuevamente: es la granja de Getsemaní/ o lugar del aceite/ aquí el Hijo del Hombre, ya lo dije,/ padece la agonía más grande y la traición más execrable/ rostro en tierra, otra vez ora/ y sufre pavor y el más inmenso tedio.
4. De todas las noches de todos los tiempos es la más horrible/ por la negación de Pedro y la traición de Judas/ con las 30 monedas manchadas por la sangre/ ¡oh la noche siniestra del más oscuro beso!/ tinieblas insondables del más inmenso abismo./ También Señor nosotros los hombres finitos y efímeros/ hemos padecido innumerables veces/ nuestro propio y fatal Getsemaní/ espantosa y profunda soledad sin ángel ni consuelo/ constante desatino y cruel desasosiego/ que oprime nuestro pecho/ y hemos bebido a la vez el cáliz amargo de nuestras/ propias lágrimas;/ a la hora de las tinieblas.../ incesante hemos orado pidiendo a gritos/ que se aparte la angustia/ del alma en cruz y el aire enrarecido/ y el duro padecimiento que taladra por las nostalgias íntimas/ y esa angustia sin fin de sueños destrozados./ Es el hombre Señor con un incierto mañana de polvo y de ceniza/ ¡oh! Varón de dolores/ pero contigo nos sentimos y estamos menos solos./ También nosotros los hombres desvalidos/ hemos padecido aquel Getsemaní;/ la rutina insoportable/ del tedio voraz y cotidiano/ con lo fugaz de los días monótonos y simples/ y para mayor desolación/ sin Madre, sin Magdalena, sin Marías que curen las heridas/ sin amigos ni discípulos amados./ pero contigo, Divino Salvador, estamos menos solos.
5. Noche de tremendos presagios/ cuando salieron a torrentes las lágrimas salobres del/ arrepentimiento/ y en que las débiles ovejas fueron furiosamente/ dispersadas/ porque negros sayones llenos de saña/ hirieron al Pastor,/ Noche del prendimiento.../ en que las turbas eternas con palos y espadas/ apresaron al manso Cordero Hijo del Altísimo.
6. ¡Ay! Cuánto escarnio, vejación y sufrimiento/ bofetadas, escupitajos, e insultos/ la ira de Caifás, las burlas sacrílegas de Herodes/ el interrogatorio... toda la noche,/ así transcurre hasta el amanecer/ de Herodes a Pilatos/ entre la furia del siniestro Sanedrín y la culminación del “juicio”/ más injusto y vergonzoso de la historia.
7. Inflamadas y cárdenas están sus mejillas maltratadas/ por tantos golpes/ y las recias bofetadas del criado de Caifás,/ sin descanso toda la noche,/ sin dormir ni un solo instante/ sin beber ni comer nada/ y agotado por la humillación y el enorme sufrimiento; así está de pie, frente a Pilatos/ con la corona que le hace sangrar su frente/
y la espalda completamente desgarrada/ por los pesados y violentísimos azotes,/ está frente a Pilatos el procurador cobarde y temeroso/ quien lavándose las manos quiere borrar toda la culpa/ “Ecce Homo” le dice al populacho enfurecido/ “en este varón yo no encuentro culpa alguna”/ pero airados gritan:/ ¡Crucifícale! ¡Crucifícale!/ y después de 20 largos siglos/ y actualmente en estos tiempos sombríos/ -tiempos de confusión y de terrible oscuridad-­/ los dueños y accionistas de los bancos multinacionales/ (esos que aplican “recetas” económicas/ y arrogantes vigilan y revisan presupuestos/ y tienen de rodillas a los pueblos más pobres de la tierra) gritan de nuevo:/ Crucifícale!/ y los que dirigen codiciosos la Bolsa de Valores/ y los dueños de todas las inmensas transnacionales/ y los usureros y especuladores gritan:/ ¡Crucifícale¡/ y los dueños de las fábricas de armamentos/ y los que planean las guerras preventivas/ (y son sucios azuzadores de los genocidios y las guerras)/ y los traficantes de armas y “trata de blancas”/ y los que ganan inmensos salarios astronómicos/ todavía gritan alterados:/ ¡Crucifícale! ¡Crucifícale!/ Está frente a Pilatos/ humillado, sangrante, y solitario/ “en este justo no encuentro culpa alguna”/ y los que guardan todos los arsenales atómicos/ y los gobiernos imperiales que ponen de pretexto/ las armas químicas (de destrucción masiva)/ para invadir sin el menor rubor a otros pueblos;/ y los jefes y presidentes/ de las naciones más industrializadas/ y poderosas de toda la tierra y los insaciables dueños de la banca/ y los altos militares llenos de condecoraciones gritan al unísono/ ¡Crucifícale! ¡Crucifícale!/ y los dueños de todos los casinos y lupanares/ y los falsos líderes y demagogos de la tierra/ y los que se enriquecen con la corrupción/ y las falsas “revoluciones”/ gritan enfurecidos:/ ¡Crucifícale! ¡Crucifícale!
8. Yo también entre todos ellos ¡oh! Señor/ grito con altanera voz que ya te crucifiquen/ que pongan sobre tu espalda maltratada/ el horrible peso del madero/ y te lleven a la cruz escarnecido./ grito en medio de esa muchedumbre/ ¡Crucifícale! ¡Crucifícale! y muchas veces te he dado en la mejilla/ el beso de la traición y el oprobio/ y como Pedro cobarde te he negado/ y me he lavado las manos inmundas de tanta culpa/ (“yo no soy culpable de la sangre de Este Justo”)/ y he preferido en vez de escuchar tu dulce voz/ seguir violento al terrible Barrabás./ yo gran pecador contrito lo confieso/ entre esa turba que hoy te insulta/ después de 20 largos siglos/ sigo diciendo también con ellos:/ ¡Crucifícale! ¡Crucifícale!
19 de marzo, Cuaresma del 2006. Día de San José, Patrono de los Obreros.