Nuevo Amanecer

“Tengo miedo a la soledad y tengo miedo al fracaso”


Santiago Roncagliolo (Perú, 1975) tiene la cara de un niño dulce que dice sus cosas con el más absoluto desenfado que produce su propia verdad. Y es así porque Roncagliolo está buscándose en un tiempo por años, sostenido unas veces, desprendiendo su corazón, al pájaro del peligro o, en otras, persiguiendo las lágrimas de un sueño. Es el más joven ganador del Premio Novela 2006, con “Abril Rojo”, que promueve Alfaguara para Latinoamérica.
Roncagliolo confiesa sus miedos racionales, de los infortunios del quehacer político, así como de la nobleza inolvidable de tomar un libro entre las manos y saberse acompañado por tan increíble belleza.
La crítica ha dicho de su anterior libro, Pudor, “que es una novela de soledades, bien definida, sin alardes narrativos, con la complicidad de quien expone al desnudo lo esencial”, Joaquín Marco, El Cultural (El Mundo).
Por su parte, Carlos Sotomayor, Liberación, (Perú), afirma: “Párrafos cortos, ausencia de elaboradas construcciones, Roncagliolo sabe lo que quiere y apunta sus artillerías por conseguir sus objetivos”, y finalmente agrego yo que también sabe lo que le pertenece.
Santiago Roncagliolo estuvo en Nicaragua y esta entrevista con “Nuevo Amanecer Cultural” es la constancia de sus ideas.
Santiago, ¿cuáles son tus referentes antes de entusiasmarte con el género del thriller?
Muchos. Por un lado, siempre me fascinaron películas como el “Silencio de los Inocentes”, de suspenso total, de estar pendido al asiento. Me gustaba crear una novela con sensación, muy visceral. Incluso, una historieta que se llama Frongel, de Alan Moore, una gran novela gráfica que narra la historia de Jack “El Destripador”, donde desnuda a la sociedad inglesa a finales del siglo XIX. Fue muy impactante leerla, y yo quise hacer algo así. Los narradores “del horror”, que encabezan el escritor chileno Roberto Bolaño, Salman Rusdie, entre otros, son los escritores que se enfrentan al horror, y esos son algunos de los grandes retos, porque el horror se da donde terminan las palabras. Pero evidentemente, detrás de estos referentes estéticos estaba el tema que me interesaba, la guerra y el Estado contra el terrorismo en el Perú; finalmente, no creo que sea distinta a la guerra civil española, por ejemplo a la guerra que se vive en Bagdad; a la guerra entre sandinistas y contras, a la guerra en que hay dos bandos que coinciden que la violencia es el único modo de defender sus posiciones. Yo creo que la historia del Perú, y la de muchos países, cuando no aparece un episodio de los “Los Tres Chiflados” aparece un thriller, y eso me parece un género adecuado para hablar de eso.
¿Cómo debe ser el género thriller?
Creo que el thriller debe mantener al lector enganchado en cada línea, tiene un nivel de suspenso. ¿Por qué es el asesino? ¿Por qué está matando? ¿Por qué sus víctimas son justamente esas? Pero a mí me interesaba hacer un thriller que hablara de otras cosas, que no se agotase en el juego de buscar al asesino, sino que hablara de la historia del Perú, de la historia de América Latina, y de las motivaciones humanas y de temas humanos, como la guerra, la muerte y la violencia, que son temas universales. A veces me gustar llamar a esto una novela negra, porque en el policial clásico, el asesino es el señor malo y siniestro, y el detective es el señor bueno, que resuelve los casos. En la novela negra, el asesino no es tan malo, y el detective tampoco es tan bueno, y a veces, una persona desesperada con lados muy oscuros, y creo que es lo que ocurre en este caso.
Santiago, ¿“Abril Rojo” es una novela política?
Sin duda. Uno siempre escribe sobre lo que tiene resuelto. En América Latina la mayoría de los temas son políticos. A mí me hace mucha gracia que en España si yo digo una palabra política, mi editora se aterroriza, dice que si esto es de política, no nos va a comprar nadie un libro, y en España este libro se vende como un thriller, una historia con muchos cadáveres y mucha sangre. En Latinoamérica todos quieren saber cuáles son las inclinaciones e ideas políticas del autor, porque esos son los temas que les inquietan.
Santiago, ¿qué tanto estás apegado o distanciado del marketing?
Yo creo que nada tiene que ver si sos un buen o mal escritor. La calidad de la novela no varía si se le hace poco o mucho marketing. Yo hago mucha promoción, por eso mi editora está encantada conmigo. A mí me parece que la promoción de un libro es lo que me permite llevar los libros a la gente. Si queremos que la gente lea debemos promocionar los libros. A muchos escritores les repugna promocionar sus libros, a mí me divierte. Sin esa promoción, yo ahora no estaría en Nicaragua conversando con la gente, conociéndola y sabiendo qué piensa de mi novela.
Santiago, por las implicaciones políticas del grupo maoísta Sendero Luminoso, y por referente protagónico de la novela “Abril Rojo”, ¿se podría llegar a pensar que es una novela por encargo?
¿Por dinero? ¿Por encargo de quién? Ja, ja, ja, ja... Si realmente quieres dinero, y eres escritor, no tienes ni idea de dónde te estás metiendo... Jo, jo, jo... Si quieres dinero, métete a economista, que ahí hay dinero, a cajero de un banco, que ahí hay abundante dinero.

¿Te molesta que podría hacerse ese señalamiento?
Supongo que alguien que no tenga idea de lo que es el mercado literario, puede hacer ese señalamiento. Pero no me preocupa lo que piense quien no tenga ideas literarias.
¿Sendero Luminoso, qué representa? ¿Qué significados hay en tu relación como escritor, como ciudadano?
Para alguien como yo que creció en el Perú, Sendero Luminoso representa el mal, supongo que es un efecto similar al que produce Hitler en Alemania, o Stalin en Rusia o Pol Pot para los camboyanos. Para un narrador, y creo que para un periodista también, tratar de ver y explorar el sistema, y saber por qué la gente hace cosas repugnantes. Hay un argumento filosófico que me parece muy subjetivo, según el cual el mal es imposible, porque ser malo es imposible, porque el mal es desear lo indeseable, hay una contracción en esos términos. Eso hace que el mal que existe en nuestra experiencia cotidiana, pero que es incomprensible en nuestra experiencia lógica, sea un tema atrayente para un novelista.
Santiago, ¿cuáles son las ventajas que le sacás al ocio creativo, tomando en cuenta que sos guionista, escritor de teatro, columnista, tenés un blog muy publicitado, sos cuentista y novelista?

En realidad, yo no tengo ocio creativo, yo todo lo que hago es trabajo. Un escritor amortiza el sufrimiento, incluso los momentos difíciles. Incluso, lo que te va mal lo convierte en una novela. Cuando yo veo una película, tengo que escribir respecto a esa película. Cuando leo un libro, me estoy alimentando, para mis nuevos libros. Todo mi trabajo es socio, por eso yo no tengo ocio.

El uso del buen tiempo libre, ¿cómo lo manejás, lo interiorizás? ¿Cómo te disponés?
Soy un neurótico. Trabajo las 24 horas del día. En mi tiempo libre también estoy trabajando, siempre estoy pensando en nuevos proyectos creativos, nuevas ideas, respecto a lo que voy a hacer, otras maneras de trabajar con las palabras, con las historias; todo mi tiempo libre, pero a la vez, por eso ninguno lo es.

Santiago, ¿cómo mantenés el equilibrio para que el lenguaje no opaque a tus personajes?
Yo trato de que el lenguaje no se note. Trato de que el lector se olvide de que le estoy contando una historia, y se transporte a diversas historias, y viva con los personajes, y no se asuste con ellos, o ría con ellos, y se emocione con ellos de un modo u otro y viva los encuentros que no tiene en su vida cotidiana. Para eso trato de hacer un lenguaje muy transparente, muy directo, muy claro. Trato el lenguaje como en el lenguaje periodístico, como si estuviesen hablando cosas que han ocurrido y lo importante es lo que ha ocurrido, no tu manera formal del lenguaje, pero un trabajo así implica un nuevo trato formal con el lenguaje.

Santiago, ¿quién está ganando la guerra de la información: la gente consecuente o los medios de comunicación?
¿Por qué no hay nadie consecuente en los medios de comunicación? Ja, ja, ja... Y creo que los medios de comunicación narran lo que los periodistas ven. En algunos casos, los periodistas no ven todo lo que hay. Generalmente, los medios de prensa y los políticos tienen una versión de la realidad maniquea, o muy buena o muy mala; por lo tanto, nosotros como lectores vamos diciendo que hay actores buenos y muy malos, y que esos políticos y los sucesores de esos políticos y los analistas políticos saben perfectamente que no funcionan así las cosas, y suelen jugar a un tipo de ajedrez, y somos inocentes al creerlo; los políticos no están diciendo cómo voy a ser malo hoy, cómo voy a hacer algo noble para el pueblo, su lógica es decir somos populares. Yo como periodista y escritor, no intento decir quién tiene la razón y quién no, porque en una democracia no gana quien tiene la razón, gana quien convence más a la gente, y la gente tampoco es tonta. A mí me interesa poner en relieve los detalles que no estamos tomando en cuenta, como son los matices que la discusión pública olvida, para que la gente saque sus conclusiones en un escenario más completo.
¿Los políticos son un buen o un mal espectáculo?
Los políticos son un espectáculo irremediable, no nos gustan, no nos parecen muy mejorables, ja, ja, ja. Nosotros tampoco somos gran cosa. No podemos esperar que los políticos sean mucho mejor que nosotros. Los políticos suelen representar a la sociedad en que viven, aunque sea de manera tosca, y siempre insuficiente.
¿El éxito de “Abril Rojo te ha agobiado?
Estoy fascinado. Me gusta llevar mis libros a países del mundo y también a otros países, para conocerlos como hago ahora en Nicaragua. El libro tiene ya diez traducciones. Es un aprendizaje fascinante este premio, pero más que el dinero y el premio, es conocer personas, mundos, el gran aprendizaje humano que ahora me toca compartir y, por supuesto, aprender de manera inagotable.
Santiago, con el éxito del premio Alfaguara, me imagino que ahora tenés más claro cuándo es éxito y cuándo es tan sólo fama.
Para mí no es éxito ser famoso. No soy famoso, uno no nace siendo Ricky Martin, en el Perú, soy más o menos famoso, pero luego fuera tampoco soy una persona realmente famosa. En mi concepto éxito es poder vivir de lo que te interesa ser, y poder escoger tus proyectos creativos, en la manera como o logre eso, puedo ser exitoso.

¿Cuáles son tus miedos racionales?
Tengo mucho miedo a la soledad y tengo mucho miedo al fracaso. Creo que mi obsesión por escribir tiene que ver con esos miedos. Cuando uno escribe la gente tiende a quererte, porque no le hacés nada a nadie. La gente es muy afectuosa conmigo, y he descubierto que me importa más que lo que debería admitir. Es natural que yo tenga miedo a no poder escribir las cosas que yo necesito decir. En este momento, no tengo ninguna de las dos cosas, y me siento feliz.
¿Y frente a la intolerancia?
Educación. Por lo general, somos muy ignorantes con lo que no conocemos. La mejor manera para combatir la ignorancia y que la sociedad sea justa y la compartamos es ayudarnos entre sí a conocernos para que eso reduzca diferencias y odios. Los escritores no podemos frenar guerras, pero sí podemos ayudar a que la gente más, y eso es gratificante.
Santiago, ¿en tu casa había dinero para comprar libros?
Yo vengo de una familia de clase media, no teníamos muchos lujos, pero sí había muchos libros, y mucho se valoraba esa actitud de estar rodeado de libros.
¿Estás obsesionado por escribir la gran novela?
No. Me contentaría con lograr muchas novelas buenas. Yo soy un contador de historias, y estoy pendiente de escribir mejores historias, pero si estás obsesionado por escribir la gran novela, dejás de escribir buenas novelas.
Santiago, ¿cuál es esa pregunta que siempre te estás haciendo, y que te ha servido para escribir buenas historias?
Siempre me pregunto: ¿Por qué las personas hacen las cosas que hacen? En la novela ¨Abril Rojo¨, ¿por qué las personas matan? ¿Por qué decir que está justificado matar masivamente? Por lo general, a esas personas las relacionamos y las calificamos de sicópatas, de locas e idiotas, pero esas palabras las ocupamos para evitar una explicación.
Santiago, ¿te has logrado desvincular del oído de Vargas Llosa?
No. Y preguntas como la tuya lo demuestran. Siempre he creído que hay que escapar de la tradición literaria de Vargas Llosa, para poder hacer algo nuevo, lo admiro, pero si soy escritor peruano, siempre te clasifican en la tradición de Vargas Llosa, y encuentran cosas de él en tus cosas, pero es bueno preguntarse ¿existen esas cosas de la dimensión Vargas Llosa en tus obras? o están ahí y las llevas en tu ADN y salen de manera natural. No tengo una respuesta para esa pregunta. Pero ya sé que por mucho que trate, todos los personajes de un escritor peruano habitan un escenario que él inventó.