Nuevo Amanecer

Taller indivual de Prosa Viva


(Primera Entrega)

“Rem tene, verba sequentor”
(Marco Tulio Cicerón)

1. In media res
Nunca comienzo por el medio, siempre descubro en las orillas unas vertientes marginales de sentido, que siempre desembocan en alguna neurona esquiva, satelital, donde anida e incuba alguna idea recesiva, latente, embrionaria, que de repente recibe una descarga de energía y acelera su proceso de maduración y desarrollo, como dicen los biólogos.

“Soy merodeador y soy flechero”, sería una fácil pero una lamentable traducción, al tiempo que nos da un pésimo pie de verso. Porque en América Central, todas estas digresiones (y aun otras mucho menores) suelen circular impresas a título de poesía. Por eso mejor nos sustraemos, nos retraemos, nos distanciamos de algunos cenáculos de cafetería. Nos quedamos ausentes y aparentemente callados durante largos lapsos. Siempre con el ojo atento y certero, siempre tensas y fuertes las cuerdas de nuestro arco reflejo.
Sa 060107

2. Consciencia operaria
Nuestro sistema de hábitos fijos, cotidianos, busca crear y sustentar espacios de apertura. Se encarga de las aperturas nuestra imaginación que con el sueño completo y sosegado, amanece dando saltos de campeona centroamericana. Mientras nuestra memoria hace gala de una rara capacidad de estiramiento, de contorsión, de manipulación de piezas en el aire.
Destrezas zurdas que no le van en zaga a la imaginación de nadie.
Nuestros hábitos cotidianos, hijos de las deidades sumerias, se restringen a consignar incidencias, coincidencias, disidencias, variaciones y constancias, para asentarlas por partida única en una secuencia de anotaciones, que bien podría ser esta misma, por ejemplo.
Ahora bien, durante el reparto doméstico de las tareas, también pudiera ser que nuestra memoria se hago cargo, por pura comodidad, nada más de proponer imágenes que nadie tampoco se esperaba aquí por casa. Mientras que nuestra imaginación se encarga sólo, con ágil celeridad, de completar la selección de sustantivos, verbos, adjetivos, adverbios y complementos adecuados para cada caso.
Al llegar a este punto, a nuestros serviciales hábitos cotidianos les corresponde apenas ubicar las piezas, injertándolas en un orden justo, dentro del cuerpo de una sintaxis recia, vigorosa, ágil, largamente ejercitada en disciplinas atléticas, gimnásticas, o (si se llegara a dar el caso) marciales, beligerantes, combativas.
(Sa 160906)

3. Al reverso de curriculum vitae:
Suelo madrugar, madrugo siempre, por sana costumbre física y mental. ¿Qué me importa no ser escritor ni artista visual ni célebre personalidad ni San Garabato de los Palotes durante largos ratos? Durante estos largos ratos me ordeno quedar callado (Cayetano y mal muchacho), apago los micrófonos, dejo en mudo mis inspirados monólogos, hago como si caminara al margen de unos delicados embriones de redacción que están dormidos. Sé que prefiero no hacerlos despertar antes de tiempo. Doy vueltas y más vueltas por algunos rincones, despejo el área de una mesa, voy juntando alrededor algunos objetos de uso cotidiano. (No sin hablarle a alguno de ellos como si de verdad estuviera vivo, como si de verdad me comprendiera, y fuera de verdad capaz de reaccionar.
Ellos casi nunca me reclaman, en aparente aquiescencia total. Laissez faire, laissez passer. Hasta que, por inercia, por hábito consciente, por fatalidad, flecha disparada por un primer estiramiento energético de nuestro arco reflejo, caigo a acomodar mis dedos sobre las letras del teclado, al que nos debemos por entero durante toda nuestra vida. Se supone.

Artajerjes Machete Sarmiento,
escribano de ninguna fama,
pero de mucha fe.

(Ma 190906)

4. La voz de Selim Rahjit
Escribir de madrugada en Estelí, aparentemente tampoco significa nada, ni siquiera deberíamos mencionarlo (porque podríamos caer en la trampa de otra de esas figuras huecas de la Retórica de Marco Fabio Quintiliano). Pero yo (es decir, una voz que despierta en mí junto conmigo) insisto en interpelarme, en cuestionarme, en interrogarme y colocarme contra una pared que ni siquiera existe.
(No sé si te has fijado. En cuanto despierto en Estelí, insisto en reprenderme, en tratar de orientarme, encauzarme y corregirme. Inventando de paso unos tonos paternales que jamás le conocí en vida a mi papá, y que yo mismo nunca he tenido ocasión de utilizar con mis hijos).
Sospecho que esa voz espontánea, siempre exigente, rigurosa y detallista, pero siempre equilibrada, comedida y justa, que insiste una y otra vez en revisiones minuciosas de conducta y de actitudes, esa voz interior que fiscaliza implacable nuestras propias versiones verbales en proceso, esa voz que persiste indefinidamente en la búsqueda de proporciones adecuadas, de mesura, de equilibrio y de justicia… podría ser más bien la voz de mi abuelo materno, Selim Rahjit, el palestino, el betlemita, a quien yo nunca conocí.
Porque Selim Rahjit desapareció del mapa de Nicaragua, regresó a luchar por Palestina, eso avisó antes de desaparecer, treinta y tres años antes de que yo naciera.
De todas maneras, presto atención, oigo, examino, recapacito y concedo razón.
Con frecuencia, todavía medio sonámbulo, corro a transcribir textuales algunas frases precisas que me ha dictado esa voz.
En parte, espero, se explicarán por esta vía algunas vertientes insólitas o demasiado extravagantes que suelen alentar a nuestro estilo redactor.

5. Una lentísima devoción por la velocidad
Escribo cuatro o cinco párrafos a toda carrera. Entonces doy marcha atrás, discuto contra mí mismo párrafo por párrafo, frase tras frase, sustantivo, verbo, adjetivo, orden, ritmo, medida, color orquestal de cada frase. De esa discusión surgen drásticas sustituciones, eliminaciones definitivas, inversiones, reversiones, traslados, adendas, glosas, comentarios irónicos, muy mordaces a veces, que son incluidos sobre la marcha en la cocina del texto.

Total, para no cansarte la pestaña crítica, al cabo invierto horas en recortar, ajustar, limar, lijar y pulir esos cuatro o cinco párrafos. Para que al final nuestros lectores ociosos conserven la impresión fresca, tersa, de que el texto fue tecleado de corrido, como un in promptu de Schubert, en diez minutos, aceleradamente, con la misma velocidad con que tampoco dejan de correr nuestros días presentes.

6. Otro poema fallido
Hay algo que es mentira, y es la mayor locura. Ninguna página bien escrita vale lo que valen dos palabras de comunicación verdadera y directa, sin trampas ni prejuicios, entre los seres humanos. Pero el habla corriente nos devora, siempre atenta a restringir, reprimir y minimizar la libertad del idioma que nos habita. Idioma nuestro, traducible a muchas lenguas.
Total (es nuestra experiencia personal) nunca en la vida, o casi nunca, encontramos ese par de palabras que nos bastaban. Todas las otras palabras que se nos ofrecen en cambio están viciadas, corruptas, estereotipadas, empedernidas, huecas, vacías, tullidas, muertas.
Embutiéndonos tales palabras, atiborrándonos con ellas, es como el habla nos paraliza, nos maniata, nos amordaza, nos desmiente, nos elimina, nos sepulta y nos hace desaparecer del panorama.
Porque, de verdad, durante muchos años nos preocupó encontrar entre nuestras expresiones naturales algún poema entero (o al menos fragmentos dispersos). Un poema que, por más que lo intentaran, no lograban encontrar entre todos los demás. Por tanto, aprendimos a pensar en verso, es decir, musicalmente, de corrido. Tal vez haya sido lo malo. Ahora nadie lo nota.
Mientras que nuestro oído implacable les mide las costillas, palabra por palabra, frase tras frase, párrafo tras párrafo, por el lado musical, como si fueran marimbas, a los textos que escriben y publican todos los demás.

Nota: La impresión de que hay cosas que vengo a comprender cabalmente hasta ahora que maduré podría ser un prejuicio. En tal prejuicio me apoyo y sustento, de esta manera siempre me sobra motivación, temática, entusiasmo, para teclear enérgico una o dos páginas.

Páginas que, quedamos desde el principio, jamás van a sustituir a aquel par de palabras verdaderas, que todavía andamos buscando.

(Vi 050106)