Nuevo Amanecer

Reconocimiento a Onofre de la Fundación Periodismo y Cultura


Las frases de este reconocimiento, en apretada síntesis, quieren recoger las virtudes ciudadanas, el temple de su lucha, la abnegación a sus principios y las horas de horas, los días de días, los años de años que ha dedicado en su vida Onofre Guevara para autogestarse en la cultura, y más aún para elevar este empirismo a una consumada conciencia del conocimiento y convertir ese conocimiento en una poderosa arma contra la demagogia y la opresión de los pueblos.
Tener la concepción de que es imperativa la transformación de una sociedad, la claridad de que esa transformación tiene como meta caminar hacia una mayor igualdad y solidaridad, es en esencia lo que se da en llamar un revolucionario en lo político, en lo social, en lo económico y en lo cultural.
Hay muchos caminos para acceder a esa condición, y la historia universal y la nuestra están llenas de ejemplos de auténticos y falsos revolucionarios.
Hay los que invocan esta calificación por el mero hecho de su formación militar para derribar dictaduras. Hay otros salidos de la audacia y del espíritu de aventuras. Hay iluminados con vastas lecturas de los más esclarecidos pensadores e intérpretes de la historia y las luchas entre dominados y dominadores. Hay oportunistas afortunados que se arriesgan y triunfan por el poder, en nombre de la revolución.
Cada una de estas condiciones, o la suma de ellas, no hará de nadie un revolucionario, si no acompañan a su gesta la autenticidad de sus acciones con sus palabras, la austeridad como comportamiento de vida y su capacidad de indignación, como decía el Che Guevara frente a cada injusticia en cualquier parte del mundo y la sublevación interna ante cada niño harapiento en los semáforos o cada ser humano que se muere en los campos o en las puertas de los hospitales por falta de una pastilla.
De esta estirpe es Onofre Guevara López, surgido de un cajón de leznas y cerquillos que se juntaban en el drama de los pobres de Nicaragua con las ilusiones y sueños que su afición a la lectura y su vocación sindical le inspiraban para dedicar toda su vida a luchar por los desposeídos de la fortuna.
Hoy puede Onofre, desde su modesta casa del barrio San Judas y desde su tribuna en EL NUEVO DIARIO, ofrecernos no sólo este libro, que es un valiosísimo aporte a la historia de las luchas sociales de Nicaragua, sino también el sello de su personalidad campante en la mayoría de sus capítulos siempre presente y dispuesto para los que faltan por escribirse.
No quedaría completo este retrato del intelectual y el combatiente por sus ideas, Onofre Guevara López, si no agregara lo más sobresaliente de su dialéctica marxista.
Onofre, sin abandonar ni un adarme de los principios que ha profesado y profesa, reafirma ante las últimas embestidas de los falsos revolucionarios que ninguna transformación social es auténtica, ninguna causa social por los empobrecidos y explotados es legítima, si se ofrece como un canje por la libertad y la democracia.
La historia del hombre es la lucha por su libertad y la historia de los oprimidos es el conjugar esa libertad con la igualdad y la justicia.
Vivir esa simbiosis y saber combatir a los que o nos quieren vender una libertad producto de una democracia falsificada o se proclaman los Mesías de la revolución, es la mejor conclusión que podría hacer esta tarde del pensamiento y acción de Onofre Guevara López.
La fundación Periodismo y Cultura “William Ramírez” quiere dejar impreso su reconocimiento y admiración para Onofre con esta placa, y sólo pide a los presentes que su entrega la acompañemos poniéndonos de pie y dedicándole un prolongado aplauso.