Nuevo Amanecer

El árbol cuna


La pájara volaba… Las ráfagas la zarandeaban. Avistó la fronda exhuberante (de un árbol de mango) que soportaba el viento con erguido talante y albergaba a los pájaros entre el follaje.
-Quizás pueda llegar- dijo la pájara, forzando su ala herida.
¡Hubo alerta!
La pájara subía, bajaba, se ladeaba…
-¿Sucumbirá?- corearon.
La vieron acercarse.
En un supremo esfuerzo, casi toca una rama…
La miran desafiantes.
No vuela más, va cayendo…
El árbol la acoge, ya desvanecida.
-Es una intrusa- dijo uno.
-Es pájara herida- dijo el árbol.
-¿Acaso la conoces?- preguntó otro.
-Escuché su lamento- dijo el árbol.
-¡Nosotros, no!- dijeron unos.
-¡Nosotros, sí!- dijeron otros.
- La protegeré, y cuando sus heridas escucharemos su canto.
El viento arremetía… La pájara se acurrucó y soñó que el árbol era la cuna de sus padres, se vio entre un nido saliendo de su huevo y la algarabía que provocó su nacimiento… sus primeros aleteos, y cuando voló…
El árbol siguió enfrentando al viento.
León, 5 de marzo