Nuevo Amanecer

“Las emociones de las imágenes en la pintura de Ilse Ortiz de Manzanares”


Cada obra que sale del taller creativo de Ilse Ortiz de Manzanares es como una ilusión en profundidad que resiste el tiempo, porque la realidad plasmada está más allá de todos los días. Precisamente, porque es ahí donde radica el proceso de síntesis en los múltiples cauces de su expresión.
Ilse Ortiz de Manzanares manifiesta en sus obras de madurez cómo se puede representar el mundo a través de la pintura, la imagen y el cuadro. En esta apertura al diálogo (no mercantil, ni visto como negocio) existen claras coincidencias y beligerantes matices entre lo que es la dinámica de la proposición en la abstracción, para reafirmar con influencia el concepto de sensibilidad, teniendo muy claro que fuera de ésta no puede darse nada. Otro elemento importante, que se evidencia en su pintura, es que la imagen no sólo se construye con superficie, color y líneas, sino también con otras imágenes.
Ilse aprovecha el poder de los grises y la densidad de las sienas para cuestionar desde dentro de la imagen su inmediata realidad inédita: lo que hace, lo que ha hecho y lo que hará con los metales, “sus tubos rotos, sus púas y brillantes restos de chatarra, una fuerza mística que trasciende la realidad mundana de la tecnología electrónica”, como señala la crítica de arte doctora María Dolores Tórrez, comentando la modernidad en el libro “Sólidos Heridos”, con introducción, selección y cronología del poeta Julio Valle-Castillo.
Ilse Ortiz de Manzanares se ha preocupado con gran devoción, y de beneficio para la pintura nicaragüense, en valorizar el ejercicio investigando que hay muchos modos de registrar la realidad con las sutiles interpretaciones de lo que la hace sentir. Otro valor expresado en su vigorosa obra es saber modular en su evolución artística el uso del recuerdo de sitios, para crear los ambientes con tensión poética y movimiento armónico, en función de sus cualidades humanas.
El doctor Sergio Ramírez Mercado, autor del prólogo “Reposo Interrumpido”, del libro “Sólidos heridos”, señala: “Y como se trata de una retrospectiva la colección que tengo a la vista, puedo apreciar la evolución de la mano de la artista desde sus primeros cuadros de los años sesenta del siglo veinte a la fecha. Sus primeros abstractos de juventud, y eso sorprende, no son de ninguna manera primerizos, ni una obra de aficionado. Muestran ya el dominio de quien se prepara para un largo camino en el que esperan cambios y evoluciones sustanciales, y se ha librado desde entonces de cualquier distracción o mal consejo que le impida ir donde quiere ir.
Y esos cambios sustanciales, y de sustancia, habrán de sobrevenir cuando los planos armónicos del abstracto quedan atrás, y nos hallamos a la vista de la madurez de la mano que ha decidido tratar a fondo la sustancia de lo concreto. Y si un emparentamiento encontramos entre ambas etapas, es el uso sabio del color que aposenta siempre las armonías y no deja nunca que los planos entren en estridencias innecesarias”.
En otro aspecto sustantivo de su prólogo, el doctor Ramírez dice: “Pienso entonces en Ilse como una pintora que al doblegar la materia y crear volúmenes, y figurar su continuidad y su desguace, lo hace en la doble dimensión del cuadro como lo haría un escultor. Sólo que ella crea la imagen de la materia, y es lo que ofrece en la tela. Materia pura, materia interrumpida. Reposo interrumpido”.
En tanto, el poeta Julio Valle-Castillo, autor de la introducción, selección y cronología del libro “Sólidos Heridos”, que testimonia críticamente la obra de Ilse Ortiz de Manzanares, comenta: “Picasso afirmaba que es el encuadre o marco el que hace el paisaje. Ilse Ortiz de Manzanares viene no sólo a refutar esa teoría, sino a que la plástica como hecho visual, táctil y estético se salga del encuadre”. Véase su formidable cuadro “Sólido Herido_Composición VI” (120x 183 cm.).
Otro rasgo novedoso en esta última pintura de Ortiz de Manzanares es la modulación de la superficie dada y plana, y no sólo con el volumen obtenido por el contraste y el color, sino por el relieve o sobreposición de niveles de pliegos de madera; más que la escultura en alto relieve, es un doble gobierno de la madera y la materia. La superficie se torna accidentada: mixta, quebrada, suavemente quebrada y muy tersa, pulida, lisa, deleite del tacto e ilusión del ojo.
Desde la retrospectiva de 1999, Teatro Nacional Rubén Darío, Managua, Ilse Ortiz de Manzanares se aseguró un sitio incuestionable en el panorama de la plástica nicaragüense y centroamericana, con la producción de 1999-2002, se ratifica y a su vez se abre. Obra por venir, que se anuncia. Anuncio y confirmación.
“No hay duda que la pintura de Ilse Ortiz de Manzanares (óleos sobre tela y madera) constituye una indagación ejemplar en el mundo de la materia inanimada. Ejemplar en cuanto lo ha hecho con profunda seriedad y rigor, e incesante espíritu analítico, y en cuanto lo ha hecho en el contexto de un continente, en donde las mujeres pintoras se inscriben dentro de una figuración narrativa, zúrrela, realista, primitivista, cuando no en un abstraccionismo manido y convencional. Quiero decir que Ilse Ortiz ha emprendido su ya larga e intensa aventura estética dentro de un pensamiento y una visión del mundo (y de la materia) eminentemente moderna. Aventura, búsqueda de una composición que se descompone, una forma, una figuración ontológica que como Derrida, se deconstruye para exhibir sus fragmentos que terminan buscándose inútilmente en el deseo del todo en el sueño de la obra redonda y acabada”, así comenta el poeta y crítico de arte Álvaro Urtecho en “Sólidos heridos”, la pintura de Ilse Ortiz de Manzanares: “Del Esplendor de los Metales al Grito Oscuro de la Vida”.
La crítica de arte doctora María Dolores Tórrez advierte: “De muchas maneras diferentes, Ilse Ortiz de Manzanares (1941) juega apropiadamente con los tubos rotos, pedazos oxidados de metal para hacer su composición pictórica de un intenso claroscuro. Este juego de luz y sombra que plasma les da un toque mágico a estos objetos banales y prosaicos”.

Teatro Nacional Rubén Darío e Ilse Ortiz de Manzanares tienen el gusto de invitarle a la presentación del libro: “Sólidos heridos”, y exposición de pintura de Ilse Ortiz de Manzanares el día 4 de octubre de 2007, a las diecinueve horas, en el Salón de los Cristales.
Exposición abierta al público del 4 al 15 de octubre.
Traje casual.