Nuevo Amanecer

Periodismo y literatura


ULTIMA DE II PARTES

¿Qué libros debe leer un escritor? ¿Los libros que nos gusten mucho o debe leer todo lo que se pueda? Por ejemplo, si a usted le mandan revistas y libros, cosas que usted no las ha pedido y que nunca había pensado tenerlas, ¿usted lee todo, cada cosa hasta su último detalle, o selecciona por temas? Uno siempre termina seleccionando lo que quiera leer, va a la librería, pero a veces el deber de leer más allá de lo que uno le gusta es lo correcto, ¿o usted siempre lee lo que se supone es verdaderamente importante?
En primer lugar, el escritor es un vicioso de la lectura, no sólo de la lectura literaria sino de todo lo que está escrito, todo lo que está impreso. Una cosa es lo que uno lee por interés literario de aprender los secretos de la escritura o cómo son las culturas, uno lee con ese vicio los escritos de otros escritores, desmontar la escritura, como hace un niño con un juguete, que lo desbarata porque quiere averiguar qué es lo que hay dentro. Esa es una clase de lectura muy penosa, uno ya no lee por placer sino por descubrir, por aprender, y luego está lo que yo llamaría la lectura secundante, como decías, revistas que yo recibo, muchas revistas, en inglés, en español, yo quiero saber qué libros se están publicando, quiero saber qué artículos hay, qué hay de nuevo, no sólo en la literatura sino también en la política, en el mundo. Ese es otro nivel de lectura. Y todavía hay otro que es el de leerlo todo, de leer hasta las instrucciones de los medicamentos, leer la letra menuda, los anuncios clasificados en el periódico, porque en cinco líneas de un anuncio clasificado puede haber una historia. Uno lee: “se vende mobiliario como nuevo, cama, mesa”, entonces uno dice aquí pasó algo, un desastre, una tragedia familiar, un divorcio. Hasta en eso hay historias. Uno tiene que desplegar las múltiples antenas, porque uno vive de la captación, de lo que está pasando en el mundo y de la lectura. Cuando estoy escribiendo una novela yo dejo de leer novelas. Leo poesía, porque el lenguaje se siente mucho mejor, volviendo a mis poetas preferidos, leyendo poesía para meterme en un lenguaje literario a la hora de escribir.

¿Lee poesía para escribir novelas?
Sí, así es. Leo poesía para escribir novelas.

¿Cuál es el mejor entrenamiento para un escritor joven, o para un escritor incipiente? ¿Escribir, escribir, escribir mucho o leer, leer y leer mucho?
Las dos cosas. Cuando uno está joven escribe, escribe y escribe y lee, lee y lee, no puede ser de otro modo. Y uno escribe sin premeditación, como debe ser. Cuando yo tenía 17 ó 18 años yo escribía en galerada, como se hacían antes las pruebas de imprenta. Yo la metía a la máquina, larga la hoja para no tener que estarla sacando. Escribía con gran premura, esa premura yo la he perdido, porque ahora medito más lo que escribo, pero hay que leer y leer y escribir y escribir si no lo que uno hace se desmonta.

En cuanto a los grandes escritores, ¿cuáles cree que son los mejores?
Lo que pasa es que eso depende de cómo se hizo uno como escritor. Yo cuando empecé a escribir quería ser cuentista. No relacionaba para nada el cuento con la novela. Quería ser cuentista y me dediqué a aprender las técnicas del cuento y a leer muchos cuentistas, de manera que los maestros de entonces, y en los que yo sigo creyendo mucho, fueron los cuentistas como Chevoj, Balzac, Hemingway como cuentista, Edgard Allan Poe. Y luego entré a la novela, pero de una manera muy separada. Esa es una segunda etapa para mí, la novela.

¿Usted cree que Thomas Mann era un buen escritor?
¿Cómo mide uno los libros? En mi caso, cuando yo era joven leí La montaña mágica y me deslumbró mucho. Me dejó una atmósfera a la que yo quería siempre regresar. Una atmósfera que me seducía mucho, la atmósfera del escenario de esa novela, en los alpes suizos, me seducía, me atraía fuerte y me dejó una memoria recurrente. Cuando un libro lo penetra a uno así es un libro memorable. Luego cuando leí Buddenbrooks, tuve una experiencia diferente, cuando leí el Dr. Fausto, también. El Dr. Fausto me pareció un libro mucho más profundo, pero quizás menos atractivo de lo que para mí fue La montaña mágica.

Olvidándonos de la fama y los premios, ¿por La montaña mágica usted lo podría considerar un buen escritor (a Thomas Mann)? ¿O simplemente el libro le gustó, pero el autor no lo escribió bien? Puede darse eso también.
Pero bueno, ¿quiénes son los que escriben bien? Hay autores muy famosos y leídos que no escriben bien.

¿O sea, que escribe bien el escritor que logra seducirnos o escribe bien porque se mide con otros parámetros? ¿Cómo se mide al buen escritor?
Si por ejemplo, a mí me dan a escoger entre Thomas Mann y Flaubert, yo escojo a Flaubert, porque me parece que es un escritor verdaderamente literario y que cuida hasta la última línea que escribe, pero eso no quiere decir que Thomas Mann sea un escritor despreciable, pero yo me siento más cerca de Flaubert que de Thomas Mann.

¿Pero cree que Thomas Mann era un buen escritor?
Sí, Claro que sí. Mucha gente dice que no, incluyendo a Hemingway. Es muy caprichoso eso, es muy caprichoso eso de decir un buen o un mal escritor.

¿Cómo un escritor joven puede saber si lo que escribe siempre va a ser útil?
Esa es una duda que nunca se resuelve. No creo que nadie pueda resolver por sí mismo esa duda, que además es personal. Depende de cuánto tenga uno, o crea tener desarrollado el sentido crítico porque vamos a ver cuándo un escrito, un cuento o un relato está listo. Uno dice: “Ya terminé, esto va para fuera”. Es difícil fijar ese momento y uno tiene que usar un criterio subjetivo muchas veces y poder tener la fuerza para decir: “Hasta aquí, hasta aquí llegué y esto ya está”, aunque se quede con muchas dudas, porque uno siempre las va a tener. Por eso es que se siente terror del público cuando alguien va a leer por primera vez lo que uno escribió, cómo le va a parecer.

¿El público le causa terror?
Sí, a todo escritor le pasa.

¿Aun con la trayectoria que usted tiene?
Sí, lo que pasa es que todo escritor teme que algo suyo sea mal recibido, porque un escritor aunque tenga trayectoria está expuesto a escribir algo malo.

¿Usted nunca ha tenido miedo de escribir una novela, que se publique, se venda y los lectores digan: “Ah, Sergio Ramírez ya no escribe como antes, ya no es el mismo Sergio de Castigo Divino, de Margarita, está linda la mar”?
Sí, ese es mi gran temor, siento muchísimo temor de eso.
Lo que más anhela uno es que le digan que cada libro es mejor que el anterior. Eso me parece que es lo que da más seguridad. Cómo es posible que se escriba un libro mejor que el anterior, esa es la mejor alabanza, que le digan a uno que no ha decaído. Yo creo que debe ser muy triste para un escritor que le digan que lo único que valió la pena fue su primer libro y quizás lo escribió 40 años atrás, porque eso quiere decir que ha pasado el resto de su vida perdiendo el tiempo.

En las conversaciones y disertaciones sobre literatura, o en las críticas literarias siempre se escucha y lee que sus mejores libros son Margarita, está linda la mar y Castigo Divino, pero si usted escucha la conversación y dicen “Era mejor Castigo Divino, ese Margarita no me gusta”. Pero el de Margarita, está linda la mar tiene un premio. ¿Cómo usted se mediría en ese caso?
Yo sé que en Nicaragua el libro que la gente prefiere es Castigo Divino. Pero el libro que mejor ha recibido la crítica es Margarita, no sólo por el premio, sino porque tuvo una excelente crítica. Sin embargo, yo considero que un libro como Mil y una muertes es mejor que los dos. Eso es lo que yo creo, ese criterio no está establecido.

Y entre los otros dos, ¿cuál cree que es mejor?
Yo creo que Margarita, no sé. Es muy difícil decir eso. Porque yo lo veo desde otro punto de vista. Los dos libros están escritos en momentos diferentes. Yo me sentí pagado al terminar de escribir los dos libros, desde un punto de vista que es el único que yo creo que uno puede asumir como escritor. Y es que uno siente que su trabajo es responsable, profesional, que no es nada chapucero, que estudió las cosas hasta el último detalle. Eso es lo único de lo que uno puede estar seguro.

Pero a usted, ¿cuál le gusta más? Si usted se sale de usted mismo, es otra persona, va a una librería y están los dos libros. Sólo puede comprar uno, no tiene dinero, ¿cuál se compraría usted?
Es difícil decir eso, no sé. El argumento de una novela de William Styron que se llama Sophie´ Choice (La decisión de Sofía), consiste en que una madre en Polonia, en el campo de concentración de Auschwitz, llega al campo de concentración, prisionera, no era judía, sino que la habían sorprendido comprando un jamón, y era prohibido comprar en el mercado negro, y la llevan a un campo de concentración. Ahí llega como cualquier otro, con dos niños, un niño y una niña. Cuando los están separando a las madres de los hijos, ella se aferra a los hijos y comienza a gritar, los dos hijos van a la cámara de gas y entonces el guardián dice: “Bueno, le voy a dar una gracia, escoja uno, con quién se quiere quedar”. Por eso se llama La decisión de Sofía el libro, porque ¿qué hace una madre con sus dos hijos en esa situación y le dicen escogé uno, uno va a la cámara de gas y el otro se va a salvar?
Es difícil. Considero que los dos libros tienen sus propias virtudes y que yo podría recomendar los dos, pero necesariamente uno tiene que ser mejor que el otro, pero bueno, en ese criterio, yo difícilmente los podría comparar. Yo he oído a García Márquez decir que la gente está equivocada cuando piensa que Cien años de soledad es su mejor libro. Él me dijo: “Esa es la mitología, ese es un libro lleno de mitologías, porque el mejor libro es El amor en los tiempos del cólera”. Pero ese es su criterio personal.

Me parece que él dijo eso también una vez cuando le preguntaban sobre su vida, lo dijo porque era más o menos la historia de su papá y su mamá. Entonces dijo que él se sentía más enamorado de ese libro, creo que así era…
Sin embargo, él no tendría ninguna duda de decir que Cien años de soledad es una cosa extraordinaria, algo que ya quedó como uno de los grandes clásicos del tiempo, de la historia.

Ya pasó, como usted dice, de una generación a otra y muchas más…
Muchas generaciones. El año próximo va a tener 40 años. Se publicó en el 67, varias generaciones han pasado por ese libro.

En su caso, sobre Castigo Divino también pasó de una generación a otra…
Sí, y creo que va pasando de una generación a otra.

Entonces es un buen libro, como usted dijo hace un rato, los buenos libros son los que pasan de una generación a otra…
Eso no lo puedo decir yo.

Fotografía: www.sergioramirez.com