Nuevo Amanecer

Genio y Figura


Para don Luis Rocha
Envía: Dr. Armando Incer B.

(Último encuentro con Flavio)
A comienzos de enero del año pasado supe, por Armando Incer, que Flavio Tijerino estaba gravemente enfermo.
Lo llamé inmediatamente.
Una joven voz femenina --ahh, dijo, al escuchar mi nombre-- contestó el teléfono en casa de Flavio. Unos segundos después oí la voz del poeta: “Melvyn, la muerte no existe, existe tan sólo el olvido; uno no muere si los amigos lo recuerdan”. Me contó que estaba en silla de ruedas por una operación de cáncer. Me aclaró que no estaba borracho, si hablaba así era por un derrame que había tenido hacía poco.

Me leyó unos versos, bellísimos, del padre Ángel Martínez. Hizo algunas reflexiones sobre la vida después de la muerte (“en la que yo creo”). Hablamos de Unamuno. Hablamos de Borges. Bromeó y nos reímos mucho.

Melvyn Barquero.
Hattiesburg, Mississippi 1/06/07

Dirección a Adriana

Para llegar al sitio amable y tibio,
que queda camino de Saguatepe,
pasas por las afueras de Teustepe,
frente a la venta que fue de Toribio,
y sigues derecho
por el largo trecho;
ese es el camino
que da a tu destino.
Ves, mujer, qué fácil.
No necesitas de mapa ni brújula
para llegar al lugar apacible
y encantado de los encantadores
que encantan al cantar de bello canto.

Melvyn Barquero