Nuevo Amanecer

“El turno del ofendido”

Poeta es el hombre que: “comprende sin esfuerzo y sin dudas el misterioso idioma de las flores y de las cosas mudas”. Charles Baudelaire “Poeta es quien con el corazón las voces interpreta” Rubén Darío.

(Costarricense)

Me la juego, me declaro rockero en una época globalizada por el reguetón y la basura tecnológica. Roquero y daltónico ante el trascendentalismo trasnochado o daltoniano, frente a la guillotina metafísica, vaya usté a saber cómo se define el asunto o el panfleto; díganme señores filólogos, lingüistas, críticos, curadores (Del ingl. Phanflet, libelo difamatorio, opúsculo de carácter agresivo, eso dice la Real Academia, qué dirá la irreal o la popular y democrática). Dígame usté doctor, master, licenciado, bachiller, ¿quién lo define? ¿El emisor, el mensaje o el receptor? Señores del tribunal, desconozco por qué se le juzga, quizá por aquello del eterno retorno o el asunto sacrificial del Evangelio según Jesucristo, porque todo buen pueblo merece un buen mártir para redimirse en su imaginario, y hay que crucificarlo (léase fusilarlo) constantemente como una representación pasionaria para que posea remordimiento colectivo por el desplome. Pero volviendo al propósito que nos ocupa, léanse El mar o Los hongos y verán proposiciones teológicas aireadas por la dialéctica, y el talento es decir la duda poética en láminas líquidas, olas verdecitas azuladas en el zinc de la memoria, como espasmo suave del amor que cae más mal que la primavera en el malecón de La Habana o Santiago de Chile; relean Los testimonios en el centro de una Taberna y otros lugares donde está la segura mano de Dios mientras le interrogan en la oficina técnica de la CIA, o la silla, como decía el exquisito poeta nicaragüense, y traten de jugar con las manos atadas por un cordelito de nylon o balbucear poemitas y jacarandas mientras reciben tremenda galleta con La ventana en el rostro, y les birbiquean los cojones o los pechos de la compañera que nos amamantara en noches de amplia ternura, y háganse los huevoncitos buscapleitos jugueteando a la guerrincha en las azoteas del gay saber y del confort, acompañados por el escocés y los bocadillos importados. No señores, la vaina es otra, no soy sólo el que habla, sentencien si quieren, pero esgriman razones históricas o artísticas, sépase que al poeta no lo matan por enlazar la vanguardia poética con la política, o no exactamente por eso, sino por militar en la segunda y proponer asuntos no tan ortodoxos como el papel de la pequeña burguesía en la revolución, pues a los poetas no se les mata simplemente por el hecho de serlo, puede que a García Lorca, pero en el fondo por ser marica (mamploro diría Roquito), algo que no soportaba la homofobia franquista, sino por su pensamiento y la manera de concretarlo en la acción. Claro señores magistrados, acá son sus propios compañeros los del crimen, por ahí posiblemente la redención como el Pastor Romero, porque no cayó en combate ni en las bartolinas oligarcas, lo hicieron las balas compas en un asunto meramente pipil o guanaco si se mira bien que lo digan Salvador Cayetano Carpio o la Comandante María; a quienes no se juzga en esta sala es al poeta, no al combatiente, asunto estético, pues, pero dentro de la ética mínima de lo posible humano o la concurrencia de lo extraordinario para sobrevivir a la muerte en un paisito que se las trae desde siempre, desde 1932 con sus apenas 20.000 km2, pero atestado de intelectuales y luchadores de toda estirpe y gente buena onda hacelotodo, vendelotodo, comelotodo, poetas, pues, a pesar de las maras y los escuadrones de exterminio. Y los milicos hijos de puta no me han respondido señores, ¿qué es un panfleto?, entonces cómo se come esa pupusa o cómo se logra insertar en el corazón de un pulgarcito el amor de un Roque multitudinario sin repetir las rubeniadas de Gavidia, el viejito loco, o las maestranzas criollas de Salarrué estudiando su devenir entre copa y fría, y pedaleando fuerte por las montañas cuscatlecas de la utopía dejando sangre en la página desnuda o cubriéndola con su propio cuerpo como paraguas inmenso de arlequín con nariz rota, travestí de la poesía como en la ópera bufa estudiantil, o con Menen Desleal en la Luz Negra, decapitado por la sombra. Entonces señores, por qué continúan adjetivándolo sin meterse en su pellejo, después de la derrota vean la paradoja derrota político-militar, pero no cultural, dicho de otra manera, la revoluta no fue, pero sí su revolución cultural, he ahí el epílogo para antologadores y profesorazos, porque ahora sí nos acercamos al final, y es cuando duele de verdad el Libro levemente odioso, como este poema de amor ahora que todo se repite en farsa, como la resurrección de Lázaro y los evangelios apócrifos en una Centroamérica dolarizada y unida al fin, pero no por el sueño morazanista, sino por el capital transnacional. Díganme, apertréchense del derecho romano civil canónico castrense ustedes que otean en el alba las clarinadas de la caballería y almuerzan en compañía de los señores de la guerra, palomitas picasianas posmodernas en el penthouse de la lujuria, prestos a no dejarse arrebatar un puesto en la bolsa y en la tradición del retrato en suplemento cultural; díganme, respondan ¿why not?, en todo caso los libros del poeta gozan de buena salud y se venden masivamente de los asesinos sus conciencias.