Nuevo Amanecer

Confesiones de Miguel D´Escoto

“Los bosques son, Señor, tus grandes catedrales. Allí es donde Vos habitás y se Te ve y se Te siente más que en cualquier otro lugar”. Los Vanaprasthis (habitantes del bosque).

Miguel D´Escoto Brockmann, M.M. (febrero 1933) conserva inalterable la generosa mirada y el hablar coloquial de un cura de pueblo que tiene sabiduría y sencillez. Se muestra así, con franqueza solidaria, en el libro que tituló “Oraciones y soliloquios”, según dice por sugerencia de Francisco de Asís Fernández, impresión ésta que vio la luz gracias a las oportunas insistencias de Orlando Núñez Soto, como lo ha confesado en la dedicatoria el propio autor.
Lo que se ha escrito no ha sido originalmente para publicarse, a pesar que tiene ahora la oportunidad de salir impreso, es, como afirma el apreciado amigo padre Uriel Molina (o.f.m.) en la Presentación, “un diálogo íntimo y sincero”, en donde “un hombre nunca es más auténtico que cuando ora”.
“Siempre me ha gustado escribir oraciones... nunca escribí un poema... no nací para poeta... sea por timidez o incapacidad... creo que nací para cura, soñador y revolucionario. Consumidor pero no productor de la belleza”, afirma el padre Miguel. ¿Qué es ser poeta, me pregunto, sino soñar y expresar lo soñado como un sueño que parece posible?, dice Francisco Arellano Oviedo, el editor, “algunas de esas oraciones son verdaderos poemas”, son “textos inevitablemente llenos de poesía nueva, íntima y perdurable”. Pienso igual, desde mi percepción de quien no es más que un insistente lector, a pesar de sus no pretendidas intenciones literarias.
Hay aquí “el deseo que ahora siento de compartir mis interioridades”, éstas son sus verdades, en lo que cree y en lo que duda, puestas sobre la mesa ante quien fueron confesadas en el soliloquio privado de la oración, ahora, como “un legado de recuerdos a quienes fueron engendrados en la fe”. Es cierto, Miguel como hombre, cree, pero también duda, ama y también perdona, busca “con verdaderas ansias de encontrar”, y encuentra: “La vida entera es una búsqueda. / Dichosos, Señor, / los que no se aburren / ni se cansan de buscar/. Afirma “que nuestra entrega a Jesús sólo tiene sentido si es entrega a la causa de los pobres”. Se muestra, desde estas oraciones, compromiso y fidelidad. Tengo curiosidad por saber, a propósito de este febrero de aniversarios, ¿cómo oraba Sandino?
Ora por Evo Morales, por Fidel, Daniel, Chávez y hasta por Bush: “Estoy claro, además, que él es mi prójimo / y que, por lo tanto, debo amarlo/ aunque me provoque náuseas ver/ que por cristiano se quiere hacer pasar.../ No hay recetas para orar, aquí hay una ventana que una vez más descubre que para hablar con Dios, ese Ser al que se le han puesto tantos nombres y representaciones, no puede haber fórmulas mágicas tan restringidas y formales.
Comparto desde mis limitados conocimientos y convencimientos algunas de sus dificultades para entender los debates teologales y esos dogmas de los que Miguel de Unamuno dijo eran similares a las normas del derecho, igual de opuestos a la ciencia, que se empecina en obligar a comprobar lo que se afirma: “Siempre me fue imposible entender eso de pecados heredados”. Pero padre Miguel, ¿de qué nos asustamos? ¿Por qué un niño o una niña cuando nace puede ser acogido en cuna de oro, con todas las cosas materiales de sobra, y otro tiene que pedir posada, morirse de frío por falta de abrigo, de enfermedad por carecer de medicinas y atención médica, de hambre por no contar con alimentos básicos para la subsistencia, o sin padres? ¿Por qué alguien cuando nace viene con Sida, deformaciones congénitas, o factores hereditarios que le limitarán una vida sana, sin haber hecho o dejado de hacer algo? ¿Por qué unos desde que nacen ya están excluidos, por pobres, negros, indios, mujeres, enfermos...? ¿Por qué otros son analfabetas, desempleados, desnutridos...? ¿Quién tuvo la oportunidad de escoger en el azar de la existencia la nación, posición económico-social, momento histórico o apellido con el cual nacer? Entonces el pecado original no es lo que dicen, que Adán se acostó con Eva en el Paraíso (pobres tortolitos ¡las culpas que les echamos encima!), sino que las injusticias, abusos, irresponsabilidades... de los que nos antecedieron son nuestros dolores y padecimientos, los que renovamos con los auténticamente nuestros. Mi querido amigo, vea usted la historia, nuestra historia, o vea cómo se construyen ahora los pecados originales de los que no han nacido y heredarán un mundo contaminado, en guerra, mutilado, sobrecalentándose, ¿más pobre y excluyente?, a menos que los de la generación presente nos enmendemos y rectifiquemos.
¡Qué cuesta resignarse a llevar la cruz que nos han impuesto¡
Oremos, pues, de la manera franca y anónima en que cada quien pueda, sin problemas de conciencia, sin adicciones teológicas, como un diálogo cotidiano...

“Concédeme la gracia para abrazar
mi propia cruz
siempre con amor, alegría y sin rencor;
en la forma que Vos permitas
que a mí me venga”.
Amar la Cruz. (M. D´Escoto)
www.franciscobautista.com
Managua, 18 de febrero de 2007