Nuevo Amanecer

Periodismo, literatura y los secretos en el arte de escribir

(Primera de II partes) Sergio Ramírez: “Leo poesía para escribir novelas” “Un buen libro es el que pasa de una generación a otra”

Sergio Ramírez (1942) es el escritor nicaragüense que más alcance internacional ha tenido en los últimos 18 años, luego de la publicación de su obra Castigo Divino en 1988. Comenzó su carrera literaria escribiendo cuentos. Es abogado y entre 1985 y 1990 fue vicepresidente de Nicaragua.
Sergio Ramírez, en una conversación efectuada en su estudio, nos cuenta cómo empezó a escribir desde su juventud; lo que pretendía hacer de su carrera literaria en el primer momento, cuando descubrió que había nacido para ser escritor, su más fuerte miedo al publicar una obra, sus escritores favoritos y, aunque es muy difícil contestar, nos dice cuál es su mejor libro.
¿Cuál es la diferencia entre la buena literatura y la mala literatura?
Creo que puede haber muchos puntos de división, pero yo te mencioné ya uno, la buena literatura es la que no se olvida y la mala literatura es la que se olvida después que uno cerró el libro, si es que llegó a terminarlo; la buena literatura siempre se recuerda.
¿Quién valora la buena literatura, el lector, los premios literarios, los reconocimientos, la fama del autor?
Fundamentalmente el público, pero de eso no hay que confiarse porque el público puede adorar un mal libro, como pasa con El Código Da Vinci.
¿Usted cree que es un mal libro?
Casi no es literatura. No es literatura, pero bueno, tiene un gran público. Pero también un libro como Cien años de soledad tiene un gran público y es un libro excelente, y me parece que cuando yo te digo que no se olvida es porque incluso una generación siguiente lo recuerda. Más bien te lo pondría en estos términos: un buen libro es el que pasa de una generación a otra.
¿Qué es la imaginación? ¿Un proceso?, ¿algo que nace de pronto?
La imaginación es lo que provoca a otro a imaginar. La imaginación del escritor llama a la imaginación del lector y eso me parece que es el punto de partida que hay entre una imaginación y otra y es lo que hace una lectura. El escritor imagina al escribir, pero el lector imagina al leer y así se obtiene ese puente mágico que hay en la literatura de los dos lados, del que escribe al que lee.
Si un escritor escribe sobre temas actuales y en vez de hacer un artículo hace un cuento, se sirve de personajes increíbles, personajes que no existen, como para criticar o para hacer parábolas sobre la realidad, entonces, ¿hasta qué punto está haciendo literatura o periodismo?
Lo primero es que la realidad es muy perecedera; sin lo contemporáneo la literatura no sirve de nada, porque la realidad es muy rápida, si yo me propusiera escribir una novela sobre lo que está pasando hoy en Nicaragua, y mi propósito fuera que se conociera la realidad actual, el año que viene la misma sería sepultada por nuevos acontecimientos, porque la historia es muy dinámica, entonces, se proponga uno denunciar una situación o se proponga informar sobre algo contemporáneo, si no es buena literatura o si no logra un libro de la perspectiva literaria que tenga calidad literaria es igual como que no lo hubiera escrito.
Y lo mismo para el periodismo, una crónica que permanece, que informó en su momento pudo haber sido muy buena, pero también llega a perecer, pero el periodismo que permanece es el que se recuerda como periodismo ejemplar; como las crónicas de Rubén Darío, del siglo XIX, que se pueden leer como contemporáneas o las crónicas de Kapuscinski, un gran cronista contemporáneo que lo que quiere es lograr un sedimento literario.
¿Qué es la crónica, un género literario o un género periodístico?
Las dos cosas. Una crónica que no tenga garra literaria no va a permanecer y las grandes crónicas son crónicas literarias. En la medida en que se busque un enfoque literario, y vuelvo a Kapuscinski, en que el cronista logra utilizar los instrumentos del novelista, no porque mienta, sino porque prepara el terreno y desarrolla la narración con los ganchos de un buen novelista. El buen novelista no da toda la información desde el principio, la va dando en la medida que lo requiere la necesidad de la narración porque va creando suspenso y termina con un buen golpe final.
¿Qué tanto cree usted que ayudan los instrumentos al escritor? Por ejemplo, la computadora y todas esas facilidades. Si un escritor tiene su estudio, su sofá, está muy placentero, muy realizado y hay un escritor que está pasando una situación emocional, ¿quién cree usted que pueda escribir mejor? Esos instrumentos que tiene y que el otro no tiene, ¿ayudan a escribir o no tiene nada que ver eso con la calidad del escritor?
A mí personalmente me ayudan porque yo me hago una atmósfera de escribir; en este lugar donde estamos sentados, en una computadora, yo necesito paz, necesito silencio, necesito aislamiento, necesito meterme como en una cápsula espacial, no me gustan las distracciones, pero eso no quiere decir que en medio de las grandes distracciones o de grandes penurias no vaya a salir un gran libro. Por ejemplo Hemingway, su libro de crónicas sobre su vida en París, en inglés de llama A moveable feast (Una fiesta movible), él dice que cuando tenía más hambre es cuando mejor miraba los cuadros en los museos, y por lo tanto, cuando mejor se despertaba su sensibilidad.
Pero muchas veces hay momentos en que se está muy contento, no sé si esa es la palabra correcta, pero si está contento como que no se le ocurre nada, por eso, porque está tranquilo y no piensa en otras cosas, pero se aísla y escribe. ¿Quién cree usted que es mejor escritor?
El mejor escritor en cualquier circunstancia en que tiene recuerdos es porque tiene evidencias. Uno puede llegar a sentarse en un escritorio el resto de su vida, pero antes acumuló lo suficiente para poder escribir. El que nunca salió de su casa difícilmente va a lograr una gran obra literaria y aun así eso no es cierto porque Marcel Proust tuvo que pasar su vida encerrado en un cuarto forrado de corcho porque era asmático, y escribió En busca del tiempo perdido, y es un gran monumento literario. Proust no podía salir, se escapaba de morir con el polvo, con el polen, con lo que fuera.
¿Un escritor cuánto debe escribir todos los días? ¿O es recomendable dejar descansar lo que está haciendo y escribir después?
A mí me parece que una buena medida son cuatro horas diarias, que es lo que yo hago; más tiempo yo no puedo porque viene la fatiga y tampoco la imaginación está a la orden de uno cuando quiera, porque como decía don Alfonso Reyes, “uno tiene que escribir temprano para quitar la crema del día”, y para mí es mejor escribir temprano porque es cuando yo me siento mejor, y vuelvo a lo mismo. Hay otros escritores que escriben mejor a la medianoche, cuando llegan a su casa a las 11 de la noche y amanecen escribiendo, yo no lo puedo hacer. Pero lo importante es en determinado momento sólo escribir, dedicarse a escribir.
Si usted está en una reunión, en una sala, en una exposición de pintura y se le ocurre algo, ¿usted anda siempre una libreta y un lápiz o tiene dominio y después cuando va a escribir logra acordarse de los detalles?
Aquí está mi libreta. Ésta es la famosa libreta que usaba Hemingway, esa que usó Hemingway es ésta y así la venden en las librerías. Se llama Moleskine. Siempre uno tiene que andar una libreta, porque lo que pasa es que… a mí me pasa, sobre todo, cuando estoy trabajando intensamente en un libro y se me ocurre algo de pronto, es necesario anotarlo, porque si no se pierde; eso así en el aire o cuando uno anota algo que tiene interés, cuando uno no está escribiendo nada en específico, anota todo, un gesto, una palabra, entonces anda uno pendiente de qué oye, qué caza en el aire, en la mesa del lado, cazando conversaciones, cazando palabras, figuras, entonces hay que anotarlo.
¿El escritor debe estar preocupado por su obra? Si está escribiendo una novela, ¿debe estar pensando en ella, preocuparse por su final, por la trama o deja que las cosas salgan y las va enlazando a medida que van ocurriendo cosas que le van trayendo nuevas ideas?
A mí me parece que no es cosa de voluntad, me parece que en la medida que una obra avanza y avanza y uno llega al clímax de la obra, la obra lo llega a poseer a uno, uno se vuelve un poseso, no puede liberarse.
¿Se siente como que se van escribiendo solos los libros?
Sí, porque se vuelven independientes, se toman el libro, se toman la casa, uno se vuelve así como un poseso, está lleno de fantasmas y esa me parece que es la única manera en que un libro logra el clímax, si el libro se sale de las páginas.
Cuando usted deja un libro por alguna razón, por un viaje, lo deja y vuelve a trabajar en él, ¿lo relee todo?
Es lo que me está pasando ahorita. Estoy escribiendo una novela que empecé a principios de año, estuve ausente casi un mes (En Alemania) como te decía, y estoy releyendo desde la primera línea porque no tengo dominio sobre lo que yo he escrito ni sobre los detalles de la trama. Tengo que volver a meterme en la atmósfera, en el libro, para poder seguir adelante.
Cuando comienza la primera línea o el primer capítulo, ¿usted tiene trazado lo que va a ocurrir? ¿Sabe el final?
Relativamente. Yo puedo querer ir a un lugar, pero a lo mejor el viento me lleva hacia otro lugar. Ni aun con la escritura que necesitaría más premeditación puedo hacerlo yo.
Estoy escribiendo una novela policíaca y necesita mucha premeditación porque se debe ir con mucho cuidado tejiendo la red, pero ni aun así, porque los personajes se escapan, las situaciones se escapan. Creo que la imaginación es muy rebelde. Rebelde en cualquier plano.
Cuando está escribiendo, ¿usted consulta mucho el diccionario? Por ejemplo, si va a escribir sobre un personaje que es filósofo, va a consultar libros o enciclopedias especializadas de filosofía. O en el caso de un personaje que es loco, ¿lee sobre las enfermedades mentales o se le ocurren cosas que tienen que ver con su conocimiento básico y eso lo va haciendo, o tiene tantos libros de cabecera para esta novela?
Cuando yo escribí Castigo Divino, por ejemplo, me metí muy hondo en la figura de Oliverio Castañeda, como psicópata, y yo sabía en su momento cómo era este personaje, creía saber cómo hacer este personaje. Atractivo, pero muy complejo. Tuve varias conversaciones con el doctor Mario Flores Ortiz, que era psiquiatra, hablamos sobre la personalidad del psicópata, y luego leí libros de psiquiatría, sobre los psicópatas, e incluso mandé a buscar mis viejos texto de criminología, de medicina legal, yo había estudiado derecho. Esto para poder reconstruir lo que yo quería hacer, porque una cosa es imaginar y otra cosa es fundamentar la imaginación, porque hay cosas que no pueden imaginarse, y hay cosas que uno no las puede imaginar porque entonces se volvería un charlatán. La imaginación tiene lamentablemente un único momento.