Nuevo Amanecer

La bondad, una hoja socorrida en el viento


Para amar, el agua de la sangre embiste todo lo que aparezca en descanso del lado del amor. Los dedos presumen en gotas el olvido que ahora no brilla. La hierba de una astilla se apasiona y descarga su boca sobre una almendra de anhelos y deslumbrado olor. Es, el hombre y la mujer, un final de escombros en la puerta indomable de un recuerdo. La ciudad el precipicio que no habita el corazón de caricias. Los ojos, que eligió el cuerpo para llamarte, aunque no vuelvas a frotar los murmullos entre las cartas de una herida.
Se habla de

Inmediatamente después de correr tras el aroma te vi pensando en la orilla de mi primer sueño, y salí a pedirte una huerta que hundiera en mis manos la inevitable huella de una palabra.

Todos los días
Aunque intente disimular que mi pasión no es un vuelo de hojas ni un laberinto atrapado, yo diré que mi sombra es tu cuello siempre alegre esperando que la madrugada reviente en mis oídos, densamente en la luz y tenga lugar un paraíso de espejos entrando por la puerta de mi ventana.

Mi decisión por el mar
No es que no quiera olvidarte; la inquietud es una cita y el arrojo de las aguas un breve amar de íngrima de-sobediencia felizmente apartada en la caída del fuego y su rumor de páginas tomando otro dolor y otro instante desapareciendo en las manos y en sus vecinas soledades de arena y piel de cielo.

Sigue amor
Si no vuelves gusanito de la aurora a tu clara amistad con las estrellas, evita que el rubio sueño del silencio se apropie de tu calma y que no haya quien se queje de compartir la historia que ahora es un gran secreto.

Se acuesta temprano
Se acuesta temprano el niño en sus burbujas de caramelos, golosinas de ilusión y puentes inmensos, sostenido por el padre y muy cerca cuidado por la madre en la víspera cordial de los abrazos y los besos, Zaid Octavio.