Nuevo Amanecer

Danilo Torres: el poeta pajarote


A mediados de los 70, cuando nos juntábamos alrededor de la Revista Taller, en la UNAN-León, en la edición del 1er número en su segunda época con Alejandro Bravo, Jaime Buitrago, Yolanda Blanco y otros, teniendo a Fanor Téllez como hermano mayor participando en la algarabía y jolgorio de la publicación, te apareciste a la puerta de la Editorial Universitaria identificándote como poeta esteliano de pura cepa, trayendo como pasaporte un fajo de poemas tuyos y de otros muchachos de Estelí que incluimos en ese número.
Tu figura en ese entonces, con una enorme melena afro, camisa estampada con mangas bombachas y blue jeans campana, enfundado en unas botas estelianas amarillas con polainas de brocado, nos pareció la imagen de un enorme pájaro terrestre. Desde entonces fuiste para nosotros entre las bromas y tertulias donde amenizabas con una guitarra, mazurcas y rock Heavy de Led Zeppelin: el poeta pajarote, lo cual te hacía reír a carcajadas. Siempre fue así hermano, a través del tiempo seguimos riéndonos a carcajadas cada vez que nos encontrábamos cada uno ya con su propia vida y camino por andar, en León, Estelí, Managua y, por supuesto, leyéndonos y participando del arte que cultivaste en la poesía, la prosa y la pintura, bregando con tu profesión de abogado. Nuestro último brazo fue hace pocos días de este mismo febrero de 2007, cuando participaste en el III Festival Internacional de Poesía en Granada donde leíste poemas ya sin tu melena afro y camisa estampada de mangas bombachas, pero siempre gesticulando con tus largos brazos, digo alas de poeta alado. Quién nos iba a decir que días después ibas a ser víctima de un asesinato atroz donde destruyeron tu cuerpo, pero no tus alas de poeta. Pajarote, quién iba a decirme que tu destino había de ser truncado forzosamente por asesinos cuando a tus veintitantos escribías en un poema publicado en ese 1er número de Taller que hablaba al principio, desgraciadamente premonitorio pero absolutamente válido en estos momentos tristísimos para nosotros, para tu familia, tu gente, tu nicaragua: En la orilla de tu partida mis recuerdos ribetearon tus arenas juntas transparentes donde se acomodó el amor como quetzales con las alas abiertas hacia la eternidad.

Fernando Antonio Silva, febrero 20, 2007