Nuevo Amanecer

Danilo Torres, el pintor de lo imperecedero


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Conocí a Danilo Torres en un populoso restaurante de Managua llamado Mana, que estaba ubicado en la Carretera Norte; ahí quedamos de vernos porque me obsequiaría su libro "El ojo del valle". Cuando nos encontramos conversamos alrededor de diversos temas literarios, políticos y pictóricos, pues Danilo además de un escritor tenaz, como lo demuestra la obra mencionada, era un gran pintor. Era un artista hábil, polifacético, además de un gran conocedor de diversos temas no sólo desde la óptica jurídica, pues como abogado era brillante, sino de cortes éticos, políticos y culturales, pues también era un gran lector. De esa ocasión quedó algo registrado y de ahí un fragmento de ese encuentro.
Danilo Torres nació en Estelí en 1954 y siempre tuvo inclinación a las bellas artes, influido por las corrientes experimentales de su época se lanzó a esa aventura plástica que revolucionó (y lo sigue haciendo en la actualidad) a crear su propio estilo. Con un trazo fuerte y temas fuertes también, Danilo se lanza a retratar no sólo la sociedad contemporánea, sino todo lo que él llama imperecedero.
CM: ¿Qué trata de reflejar Danilo Torres en su obra?
DT: Como persona común y corriente he experimentado en carne propia horas de escepticismo, de tedio y desencanto. De igual manera me ha tocado contemplar algunos de los aspectos más sombríos de esta vida, ya como simple espectador, ya como protagonista, lo que me ha permitido sentir solidaridad con aquellos cuyas vidas llenan con horas de miseria, de desolación y de amargura. Y es eso precisamente lo que trato de pintar, de reflejar en mi obra, es decir trato de pintar lo imperecedero. Mi obra trata de evocar ciertas verdades ásperas, incómodas, amargas de tragar, crueles visiones del desvelo. Son estas imágenes el resultado de desoladas reflexiones, de un recurrente sentido de conmiseración, de una desconsolada impotencia que se duele de no poder remediar tanto sufrimiento, tanto pesar, tanta angustia, que son la carga irrecusable de nuestra condición humana.
CM: ¿Es entonces una pintura del dolor, de la tragedia, una visión tremendista del mundo la que se puede observar en tu propuesta?
DT: Podría decir que sí. Tanto es el dolor causado que la carga se hace delirio, visión, mal sueño o pesadilla, a tal extremo que siento que los materiales psíquicos con los cuales he elaborado esta obra están en el delirante ritmo de la obra de Rimbaud, en la hiperestesia de Baudelaire, en los caprichos de don Francisco de Goya y Lucientes, en el expresionismo de José Clemente Orozco, la visión, el sueño o pesadilla de los surrealistas, o sea el lado oscuro y oculto de la vida que tiene en el mexicano José Luis Cuevas, su exponente contemporáneo más alto.
CM: ¿Desde cuándo Danilo Torres tiene esa visión del mundo?
Desde muy temprano me fue dada a conocer por los pintores estelianos Donaldo Altamirano y los hermanos Rafael y Bayardo Gámez en virtud de un intercambio de libros, de opiniones, de trabajo en común, al grado que nos mantenemos de cerca siempre en constante diálogo y aprendizaje.
CM: ¿Considerás que hay una crítica a la sociedad en tu propuesta?
En tanto lado oculto de la vida esta obra es crítica no sólo de ese ángulo, sino de la vida misma estrujada, exprimida por los embates de los nuevos tiempos que vivimos y padecemos. Estas pinturas son en sus contenidos una franca expresión de desacuerdo, de protesta sin tapujos contra de las injusticias de nuestro entorno cotidiano, contra nuestra dolorosa realidad nacional y continental.
CM: ¿Y en lo que se refiere a lo formal?
DT: En sus aspectos formales, representan el resultado de un intenso diálogo, que todavía no ha concluido, con las inquietudes más fecundas, más constantes, más humanas, del arte de todas las épocas y de todas las latitudes de la historia del arte universal.
CM: Hablanos un poco de la técnica utilizada en tu obra pictórica.
Técnicamente soy un pintor mixto, trabajo texturas táctiles, combinadas con resinas industriales cáusticas como la propia obra, collage con telas de diverso tejido sobre cuya superficie combino acrílicos, tintas, tintes y colorantes muy fuertes con óleos y veladuras y raspados quizá a la manera de praxis. Aunque mi diferencia con ellos reside en el colorido y en los temas abordados. Mi obra la puedo calificar de neofigurativa, por tanto creo que constituye una propuesta novedosa en el panorama de las artes plásticas nicaragüenses.
Esto es parte del encuentro que sostuve con el poeta Torres, quien como él mismo lo dice en el texto, es un artista neofigurativo, pero que visita también otras técnicas y otras corrientes. Danilo se destacaba por ser un dialogador agudo, alguien que podía ir de un tema a otro, y que a través de la lectura de una obra literaria, pictórica o cinematográfica era capaz de reflexionar alrededor de la desesperanza o de aquellos que Fanon les llamó los condenados de la tierra.
Torres fue un pintor que supo captar el fenómeno estético, tanto en la pintura como en la literatura --allí donde la palabra es la materia del artista-- él explicaba el dogma contemporáneo del conocimiento por el arte. Por ello este autor lograba una especie de liberación del fenómeno, del movimiento que está por encima del tiempo, es decir, en sus "intersticios". Además, el artista Danilo Torres, así como el ser humano, entendió muy bien que el arte más que un acontecimiento es conocimiento.