Nuevo Amanecer

La Cueva de las Armas y la Poza de las Yeguas, en Metapa


Estos dos sitios históricos tienen que ver con la vida de Tomás Martínez Guerrero y la Guerra Nacional contra los filibusteros.
Tomás Martínez nació en Nagarote en 1820, era hijo de Joaquín Martínez, de origen leonés, y de María Guerrero, de Granada, quien a su vez era descendiente de Rafaela Herrera. Tenía un hermano mayor de nombre Fermín y tres hermanas menores.
Allá por 1848 el joven Tomás Martínez vivía en Nagarote con sus padres y hermanas mientras su hermano Fermín era oficial del Ejército de Nicaragua, Tomás tenía entonces 18 años y había empezado a comerciar con las minas de oro de Matagalpa, en algunas ocasiones viajaba hasta Belice, donde comerciaba con los ingleses trayendo mercaderías de Jamaica hasta esas minas.
Su hermano Fermín era un militar experimentado al mando del general Trinidad Muñoz, y bajo el mando de éste combatió la intervención inglesa en San Juan del Norte en 1848. Fermín fue comandante de armas de Rivas (el jefe de Estado en Nicaragua era el senador Toribio Terán, después fue el senador Benito Rosales, quien lo entregó a Ramírez en abril de 1848).
El historiador Pedro Joaquín Chamorro Zelaya refiere en sus crónicas que Fermín era hombre prudente y honesto, como comandante usaba la persuasión en vez de la violencia.
Cuando las tropas del gobierno del jefe Norberto Ramírez entraron a Granada para hacerles frente a los ingleses en San Juan del Norte y a las tropas del mismo Bernabé Somoza, el embajador norteamericano George E. Squier refiere que al frente del desfile marcial iba el general Trinidad Muñoz, seguido de oficiales como Fermín Martínez brillantemente uniformados, luego jinetes, lanceros, banda de música y soldados marchando en perfecta escuadra. Los oficiales iban bien montados, Muñoz llevaba puesto un nítido uniforme azul, cuello rojo, capa y sombrero de Panamá. En esa época a Fermín le tocó defender a Rivas y San Jorge de una rebelión liderada por Bernabé Somoza. Fermín murió defendiendo la ciudad de Rivas de un ataque de las tropas de Somoza.
Este Fermín tenía en Nagarote una yegua muy briosa y linda que regaló a su hermano Tomás antes de partir hacia su misión en el oriente.
En 1854, cuando comenzó la guerra entre los legitimistas y los democráticos, estos últimos querían requisar la yegua de Martínez, entonces éste la llevó al patio de la casa de la señora Livingston en la ciudad de León, amiga de su madre, quien protegió su propiedad con la bandera norteamericana, salvando así también la toma de la yegua.
Martínez viendo que en León lo acosaban por ser su madre de Granada, optó por salir de allí llevándose su yegua. No gustándole la vida militar se dedicó al comercio, así fue que comenzó sus viajes a las ferias de El Salvador, a Trujillo, a Belice y a Matagalpa, donde tenía muchos amigos y donde la guerra civil todavía no afectaba.
En Matagalpa conoció al coronel legitimista Clemente Rodríguez, y viendo que la balanza del poder se desequilibraba se alistó finalmente en la causa legitimista que era la de su madre. Acompañó a Rodríguez a una misión a Granada, que estaba sitiada por Jerez, allí combatió bajo las órdenes de Ponciano Corral en la batalla de la Aduana, luego en Catarina y en Masaya.
En esas batallas participó Martínez montando su famosa yegua, pero en la batalla de Masaya su yegua fue herida y murió.
Regresó a Matagalpa donde le necesitaban porque tropas hondureñas, aliadas de los democráticos de León al mando del general Ruiz (hijo natural de Francisco Morazán), habían tomado la vecina ciudad de Jinotega.
Su tropa compuesta por ladinos y 1,000 indios flecheros matagalpas emprendió marcha hacia Jinotega, atacó a las tropas invasoras el 2 de diciembre de 1854, pero murió su jefe, el coronel Rodríguez (alias “Cachirulo”). Martínez salvó la situación ganando la batalla, por esa acción fue elevado al grado de General.
Al fin Jerez no pudo tomar Granada y emprendió el regreso a León. En marzo de 1855 murió Fruto Chamorro y asumió Estrada el gobierno legitimista.
Pero en junio de 1855 los democráticos trajeron mercenarios norteamericanos disfrazados de colonos, y en octubre de 1855 éstos tomaron sorpresivamente la ciudad de Granada.
Líderes legitimistas lograron escapar y encontraron refugio en Matagalpa, que era un patio seguro de los amigos matagalpinos de Martínez, como Liberato Abarca, Perfecto Altamirano, Benito Morales, Francisco Amador, Ramón Castillo, Ramón Alegría, los Alvarado y de los indios flecheros de las cañadas vecinas que se les sumaron.
En Matagalpa se organizaron y colectaron fondos con los que fundaron el Ejército del Septentrión, éste era el único ejército nacional que quedaba en el país para defender la soberanía de Nicaragua.
Se consiguieron 300 rifles en Guatemala, los cuales recogieron en la frontera de Honduras el capitán Manuel Gross con 300 indios matagalpas, quienes los trajeron en carretas hasta Metapa, allí los escondieron en grutas hasta que los distribuyeron a las tropas, parte de esos rifles llevaba el general José Dolores Estrada, y posteriormente los oficiales que con 60 indios flecheros llegaron a San Jacinto el 11 de septiembre de 1856.
Lo interesante es que todavía quedaron armas en la cueva a orillas del Río Grande en Metapa. Allí les cuento más adelante cómo las encontramos.
En 1999 fui a visitar Ciudad Darío y me contaba el anciano señor Treminio que frente a esa cueva había una poza del Río Grande donde Martínez ordenó acorralar a las yeguas de su regimiento para que los garañones no las molestaran, entre ellas una yegua que él había escogido para reponer la que perdió en Masaya.
Escoltas permanentes custodiaban la Cueva de las Armas y la Poza de las Yeguas. Todavía pueden verse esa cueva y esa poza en la proximidad de Metapa (desde 1920, llamada Ciudad Darío).
En la misma visita del año 1999 en Ciudad Darío entrevisté al cura vicario, el fraile franciscano Wilfredo Jarquín, sabiendo él que yo escribía sobre historia y que además era matagalpino, tuvo la confianza de enseñarme “su secreto”, me hizo caminar hasta la Poza de las Yeguas y me mostró la caverna donde monjes franciscanos habían encontrado varios rifles antiguos. Me dijo que no lo había hecho público para que no peligrase la seguridad de esas reliquias, las tenía escondidas en un cuarto bajo llave. Obviamente, son rifles de chispa de aquella época de 1856.
Es bueno que el pueblo conozca estas cosas para que sirvan a la historia del lugar y para provocar peregrinaciones de estudiantes y turistas que les traigan orgullo e ingresos a la antigua y heroica región de la antigua Metapa: la Cueva de las Armas, donde se ocultaron las armas que salvaron a Nicaragua de la invasión filibustera en 1856, y la histórica Poza de las Yeguas.