Nuevo Amanecer

Poemas de Francisco Pérez Estrada

seleccionados por Julio Valle-Castillo

última entrega de III

El entierro de un pobre
Solo,
abandonado del calor,
con los músculos extinguidos,
llegó Manuel Guillén a la comarca.
Fue un árbol más en Caña de Castilla.
Pulía tomates con la paciencia de los años,
daba color a las berenjenas con su puro innumerable,
y nadie negó que su barba se convertía en chayote,
ni que sus dedos sarmentosos fuesen antiguas raíces.
Era indefinible como los pobres
y generoso como ellos;
su muerte, fue anónima como él.
Lo confesó el Padre Argüello,
el alcalde dio la caja,
la compaña el Juez de Mesta.
Los corazones de los pobres lo acompañaron;
los músculos de los pobres cavaron su sepultura
que se fue llenando de silencio y de sombra.
Estaban alegres los pobres
con su triste alegría de guaro.
Se burlaron de la tristeza,
de la humillación que es la muerte,
de ser tan pobres como eran.
Yo, dijo uno,
lo hago porque soy cristiano.
Yo, dijo otro, porque Dios me ve.
Yo comenté:
¡Qué pobres son los pobres!
Lo enterramos de noche y en Diriomo,
éramos doce, con el muerto.
(1949)
La llegada de los nahuas
a Nicaragua
Desde Tula venimos.
Desde Tula, la de espléndidas pirámides.
Desde Tula, donde las manos esculpieron la dureza.
Desde Tula, la espléndida, cuyo corazón dijo en piedra
su fe.
No fue un sol. No fue una luna.
Navegamos muchos soles de hambre;
navegamos muchas lunas de sed.
La sequía asolaba el Anáhuac...
No teníamos agua;
no teníamos maíz.
Los pájaros morían,
caían de las ramas;
las flores se tronchaban en los tallos.
No habían cantos,
no habían flores.
Se pararon las aguas del cielo
por la cólera de Tláloc.
Se hundieron las aguas en la tierra.
Se secaron las acequias
por la cólera de Tláloc.
Los sacerdotes echaron suerte al maíz,
observaron el vuelo de las aves;
las entrañas de diversos animales;
los dioses callaban un silencio seco.
En vano le ofrendamos a Xilonem
mariposas azules, mariposas rojas;
los mejores pájaros: chichitotes, sinsonte;
libélulas de alas iridiscentes.
Ni las lágrimas calientes de las mujeres,
ni el llanto angustiado de los niños,
ni la tristeza de los guerreros,
todo fue en vano.
Los dioses ordenaron partir... y partimos.
Y ahora hemos llegado.
«Nicán náhuatl: Nicaragua».
«Hasta aquí los nahuas».
Somos toltecas de rostro claro,
de recto corazón.
Por fin hemos llegado
y traemos un canto.
Poronga
Manos precolombinas dieron forma a la sed,
modelaron el agua primitiva.
Fue después de la jícara,
fue después del huacal.
Las mujeres congregaron el barro
en la plaza lo juntaron:
barro rojo, como el oriente rojo,
barro negro, como el oeste negro;
barro blanco, como del norte;
barro amarillo, del color del sur.
Recorrieron la sed para buscar la forma.
Amasaron el barro
lo redondearon
lo cocieron.
La poronga trajo el río a nuestras casas,
recogimos el invierno con güizpal.
(1955)
La Virgen Quiché
Por amor concibió Ixquic;
por amor y por magia.
De un árbol de jícaro,
del espíritu de los árboles.
Virgen quedó Ixquic
después que parió a Hunapuh,
después que parió a Ixbalanqué.
lo oíste vos y yo
y los demás lo oyeron
¿no es verdad?
solita una negra vieja en el fondo de la
gran Iglesia
cantando
¿Missis EVANS?
Era Missis EVANS la vieja
como la imaginación ahora
que sigo el ritmo de Bluefields
y ya sé cómo
es el son.
La Virgen María dándole de mamar al niño
(Paul Claudel)
¡No por ser este niño el hijo de DIOS, va a dejar de ser
buena la leche de esta mujer!
El niño agarra con una mano el pecho
derecho y con la otra mano
detiene el pecho izquierdo
como si lo estuviera guardando para después.
Se nota que el niño
es bueno para mamar y se pega
al pecho con ganas,
como un glotón.
Hace una eternidad que el niño DIOS ha estado
esperando este momento para mamar la leche del pecho
de una mujer.
No hay que extrañarse, pues, que el niño agarre
el pecho de su madre como si fuera a devorarlo.
La Virgen se conmueve de amor
aunque no ignora que tiene entre sus brazos a un niño hambriento.
Ella dice en bavoz ja que es cierto que
el niño es terrible
pero a ella le gusta mucho
ver cómo goza el niño mamando.
Se pudiera decir que el niño es un comensal
que simplemente está comiendo y bebiendo
de su pecho;
pero a la Virgen eso no le importa nada.
A ella lo que le gusta es vedo feliz y satisfecho mamando.
Después que el niño deja el pecho, se le acurruca
en el hombro, queriendo ver de cerca la cara de María,
cerciorarse mejor sobre lo extraño que le resulta,
al fin y al cabo, a Dios
tener una madre humana.
María también queda viendo al niño y piensa que es una vaina
que el hijo suyo que carga entre sus brazos
lo tiene además que compartir con Dios-Padre.
Entonces lo que ella hace es reírse
y el Niño-Dios se da cuenta, claro,
y moviendo las patitas
se ríe a carcajadas.