Nuevo Amanecer

La narrativa de la intrahistoria


Erick Aguirre

Tengo con Franz Galich una deuda impagable. De sus libros y sus conversaciones he entresacado en buena medida las fuerzas que me han sostenido en los años más crudos de la desesperanza capitalista. Su amistad fue para mí un refugio, uno de los pocos, en los últimos quince años, donde he podido dar cuerda a las dudas literarias, a las incertidumbres humanas, a los amagos de proyectos que a veces se nos vienen a la mente como posibles escapes alternos al callejón sin salida donde la humanidad está atrapada.
Supe que estuvo enfermo. Fui débil ante su drama y conversé pocas veces con él durante su convalecencia. Prefiero no evocar aquí nuestro último diálogo, un diálogo de amigos que terminó en un postrero apretón de manos: “Traeme los periódicos”, “platicamos después”. Es mejor compartir esta conversación que sostuvimos cuando la enfermedad le dio una tregua y todo parecía que marcharía mejor. En el porche de su casa, cerca de su amplia biblioteca, junto a los verdes jardines que ayudó a cultivar y que tantas veces regó con agua fresca, como regó su amor por esta tierra donde ahora descansa. Guerrero en reposo.
Franz llegó a Nicaragua en el año 1980, en pleno auge de la Revolución Sandinista. Hasta muchos años después de conocerlo supe de los avatares por los que atravesó antes de llegar a esta tierra. Supongo que en Guatemala, como en cualquiera de nuestros países, al menos hasta hace poco tiempo eran comunes historias tan increíbles: Un hombre joven, menor de treinta años, soltero, profesor de la Universidad de San Carlos, sale una mañana de su casa, se despide de su madre, quien le pide llegue a tiempo en la tarde para la cena, y no vuelve a verlo hasta después de una década.
Recuerdo que en 1995, cuando él publicó en Managua su primera novela, Huracán corazón del cielo, y yo mi libro de poesía Pasado meridiano, ambos auspiciados por el mismo proyecto editorial y presentados en una misma ceremonia en el Teatro Rubén Darío, Franz me presentó a su madre, a quien tenía --me dijo-- muchos años de no ver. Entonces no le puse mucha atención al asunto. Franz no es de los que andan rasgándose las vestiduras ni contando sus desventuras en busca de compasión.
Me dio mucho gusto conocerla y pensé que era bueno que estuviesen juntos después de tanto tiempo, y que conociera a Orietta, su esposa nicaragüense, y a su hijo Franz Manuel, producto de la unión centroamericana más auténtica que conozco. Pero fue hasta un par de años después, en una tarde en la que el aburrimiento nos llevó a contar nuestras historias personales en un pequeño cafetín de Managua, que supe de su azaroso escape de Guatemala después de sufrir un atentado; de la increíble persecución de que fue objeto, de las penurias que pasó en México, ilegal y sin un peso, soportando por las noches el frío de octubre en el Distrito Federal; su decisión de venir a Nicaragua, su paso por Costa Rica y su ansiada llegada a un país entonces pletórico de heroísmo combatiente y sueños de redención social.
Lo conocí en 1984, tecleando en una vieja máquina los primeros capítulos de su novela, compartiendo escritorio con el poeta álvaro Urtecho en el Departamento de Literatura del Ministerio de Cultura de la revolución, que funcionaba en la enorme mansión El Retiro, donde vivió Somoza por muchos años. Dejábamos que terminaran ambos su trabajo del día y después salíamos por un predio baldío detrás del Ministerio. Caminábamos bajo una hilera de chilamates aspirando el viento fresco de la tarde y disfrutando de la sombra que nos cobijaba hasta llegar a Plaza España, al tumulto y al desorden de la ciudad, donde nos confundíamos en busca de refugios donde poder comer, beber y hacer tertulia con toda la tranquilidad del mundo, como lo seguiríamos haciendo después, cuando ayudábamos a editar el suplemento Ventana desde la Casa “Fernando Gordillo”.
Años después, ya entrada la década del noventa con su influjo de desencanto político, su auge mercadotécnico y su disfraz democrático amparando el latrocinio de los nuevos grupos políticos y económicos que accedían al poder, me invitó a unas pupusas salvadoreñas frente a la Univesidad de Ingeniería y me mostró el original, ya terminado, de su novela. Le di una hojeada y no recuerdo qué le dije. Yo ya sabía, o intuía, lo que venía haciendo. Lo deduje por las largas noches de conversación amistosa, porque durante todos esos años llegué a saber muy bien quién era y cuál era el asunto, muy recóndito, que lo subyugaba. El leit motiv que dio sentido a gran parte de su vida.
Esa mañana en el porche de su casa, cuando la salud le dio un respiro transitorio y nos dejó realizar esta entrevista, empezamos hablando de su más reciente novela, Y te diré quién eres (Mariposa traicionera), segunda de una saga que según entrevista que Franz concedió hace unos meses a Víctor Chavarría, pertenece a un proyecto que concibió como “Cuarteto de Centroamérica” y que empezó con Managua Salsa City (¡Devórame otra vez!).
-Explicanos este giro brusco que diste, después de Huracán corazón del cielo, una novela “seria”, inscrita, creo yo, entre las últimas producciones de la tradición del “boom” y del “postboom”. En algunos artículos yo he tratado de explicar que no es simplemente un giro hacia el “facilismo” o una “concesión” al mercado, sino una ruptura necesaria… ¿Vos cómo lo explicás?
“De alguna manera Huracán corazón del cielo era como una asignatura pendiente, en cuanto a la forma no quise ser tradicional, aunque el tema sí es tradicional: trata de Guatemala y la guerra, pero en la forma no quise ser tradicional, el genocidio no puede ser tradicional, yo pensé que eso había que literaturizarlo, ya no como una denuncia porque denuncias hay muchas, sino dejar una constancia de que en algún momento la realidad fue así de intolerable, para que en las generaciones futuras alguien descubra esta novela y piense en Guatemala. De alguna manera artística yo sentía ese compromiso.
-Pienso que, además, la novela hispanoamericana llegó a un punto en el que necesitaba nuevos ámbitos, nuevas formas y procedimientos que reflejen las nuevas realidades; por eso veo interesante tu acercamiento al “thriller”…
“Sí, Erick, pero acordate que de intermedio, entre Huracán y Managua Salsa City, está mi otra novela, En este mundo matraca. Hay que tomar en cuenta En este mundo matraca; esta novela es eminentemente picaresca, en donde también hay intercalados elementos de denuncia; yo ya había exorcizado en Huracán corazón del cielo todas las pesadillas... Cuando yo vivo la realidad de la derrota electoral del Frente Sandinista en los 90, voy cayendo en cuenta, a lo largo de cinco, seis años, que la consabida, aunque no experimentada todavía en aquella época, “perorata” del neoliberalismo, no era el fin de todas las cosas... Mirá: la guerra en las montañas simplemente se trasladó a las ciudades; con la nueva época voy cayendo en cuenta de que la nueva realidad en nuestros países es la drogadicción, el desempleo, la globalización, situaciones terribles, y vuelvo a asumir la idea de que esta nueva realidad debe ser literaturizada… Por diferentes razones, y ahora sí, porque ya no se puede poner uno a contar las historias del bajo mundo como hubiera podido suceder en un “thriller” común y corriente; en vez de eso había que contar historias que ni siquiera tenían identidad, porque si te fijás en mis libros todos los personajes tienen apodos, no hay identidad propia, no hay un personaje que podás arrinconar totalmente; entonces me surge la idea de hacer una saga. Originalmente la cosa iba a terminar ahí, con Managua Salsa City; eso iba a ser todo, pero hubo personas que me decían que cómo era posible que no continuara, y yo les decía: ¡Pero cómo va a continuar si esos personajes ya están muertos...!”
-A propósito, ¿cómo hiciste para darle credibilidad al hecho de que Pancho Rana continuara vivo en Mariposa Traicionera? ¡Pancho Rana está vivo! Eso me parece brillante, cuando llega la policía a inspeccionar el lugar de los hechos, llegan los periodistas (al fotógrafo le dicen “Zapatitos Baby”, y él es quien descubre que Pancho Rana todavía respira)….
“(Risas de Franz) Ajá, el fotógrafo es Zapatitos Baby, es una imagen construida con rasgos de un amigo nuestro, fotógrafo de El Nuevo Diario, y con ciertos matices de ficción. El reportero es Fernández, su compañero inseparable. Los dos son “perros al guaro”. Ellos descubren que Pancho Rana respira. Son personajes que están aquí mismo, en nuestro entorno… Por eso te digo, Erick, que yo me sentía como en la obligación de decir qué está pasando aquí, de decir qué está sucediendo con la gente marginada, con los problemas de la marginación, tanto para los ex combatientes sandinistas como para los contras... Por eso el personaje de la Guajira es muy simbólico, porque ella realmente es la mujer deseada… ¿Y quién era la mujer deseada en aquella época? La Nicaragua, la Guajira es entonces Nicaragua. Es una metáfora que está muy en la onda del lenguaje del análisis feminista o el análisis de género como decimos ahora, ver a la mujer como metáfora de la nación, y esto era un compromiso mío... Yo creo que los letrados no deben vivir sin compromiso y desafortunadamente aquí los que no hablan, no hablan, y yo creo que los escritores tenemos compromisos mas allá de la palabra… Entonces, de alguna manera, ante la insistencia de la gente, se me ocurre hacer una segunda parte de Managua Salsa City, y me pongo a escribir Y te diré quién eres… Lo que yo pretendo, y ojalá pueda conseguirlo, es contar la historia de cómo la degradación, cómo a través de la degradación se puede conseguir una especie de imperio económico… Un ejemplo de esto es la novela El Padrino, de Mario Puzzo, que siendo nada el personaje, llega a tener lo que tiene, pero también sacrifica cosas, y termina corrompiéndose… Yo hablo de la corrupción, la delato…”
-Se queda atrás, pues, la novela histórica...
“La referencia es un poco como habla la llamada postmodernidad, es concluir ese periodo, el fin de la historia pero construyendo una nueva historia; las raíces ahí están, yo no estoy narrando sobre los personajes de arriba, estoy narrando sobre los personajes de abajo, que son quienes realmente construyen la historia, o como dice Unamuno, la intrahistoria; ellos mueven el engranaje que va a ir a dar allá arriba, ellos están produciendo… Por ejemplo, yo hablo del narcotráfico, Nueva York, etcétera. Aquí en América Central es donde pasa todo ese narcotráfico, y cuando llega a Estados Unidos el precio es triplicado… Entonces, es aquí en Centroamérica donde está el engranaje… ¿Y quiénes son? Son la gente anónima, “invisible”, que siempre está ahí… Pero es importante que agregue algo: el periódico, el diario, el papel que uno lee todos los días; ahí es donde está el recuento de todas las historias, de toda la historia contemporánea. Si alguien quiere saber la historia de hoy, lo que está pasando ahorita, tiene que leer los periódicos; los periodistas por eso deben tener un compromiso ético… Todos mis personajes tienen un referente ético, aunque sean consumidores de alcohol, son jodedores, personajes que viven la intrahistoria… Que sean borrachos es cosa secundaria…”
-El tipo de narrativa que estabas trabajando antes, que hacía un “subrayado” muy “serio” de lo social, implica ahora una baja de lectores en países como los de Centroamérica, si sumamos además el avance tecnológico de las comunicaciones… ¿No merma esto el potencial de lectores para un novelista?
“Si, así es, tenemos ese problema los escritores aquí… Cómo llegar al público. Hay que tener cultura, es cierto, y lo importante es cómo llegar a hacerlo. Ahora muchos con costo leen, el avance de la tecnología en ese sentido a veces resulta negativo, la gente es terriblemente consumidora de televisión basura, telenovelas y nota roja; entonces, digo yo, cómo hacer que la gente se interese por esos temas… Por eso recurro a la violencia, al sexo, las drogas, que son una realidad circundante, pero trabajados de una manera profunda… Yo en mis escritos señalo culpables…”
-Desde la izquierda siempre se culpa de esto a la burguesía…
“Ahora y siempre ha habido culpables, aunque no parezcan, aunque no se note que son parte de la burguesía tradicional, pero finalmente ahí es donde va a dar toda búsqueda de respuestas, incluso en lo que se conoce como “los bajos fondos”, que se describen en mis novelas. Todo es dinero, y el blanqueo de dinero va a dar adonde los honorables banqueros. Pero ¿quiénes son los encargados de esa maquinaria? En el siglo XIX era la industria incipiente y sus derivados; ahora no sólo son las maquilas, ahora es la droga; Marx lo difundió entonces en el Manifiesto Comunista… Entonces, ahora también hay culpables, y básicamente son los mismos… Pero es muy fácil echarle la culpa a alguien. Nada cuesta decir que es el neoliberalismo, pero la gran pregunta es quiénes son el neoliberalismo… Detrás del personaje de la Guajira y el de Pancho Rana está ese gran fantasma que ya no recorre Europa, sino el mundo, ahí está, y silenciosamente va avanzando y va respondiendo... esa es mi insistencia y el compromiso de mi escritura… Si no preguntate: ¿Por qué Pancho rana le resulta simpático al lector? Porque es un antihéroe… Si yo en algún momento lo hago malo, ya no va a tener lectores… Cuando uno mira El Padrino uno está claro, por eso hay que leer a Mario Puzzo y estudiarlo, porque ahí hay un código, Pancho Rana y El Padrino resultan ser almas de Dios…”
-¿Entonces tu trabajo es una forma de resistencia literaria ante el avance tecnológico...?
“Casi nunca se vincula a la literatura con el avance tecnológico, que es tan importante para la ciencia… Pero de alguna manera está mermando a los muchachos y muchachas, aunque hay algunas telenovelas buenas como las brasileñas… La tecnología es buena por un lado y mala por otro… ¿Qué está pasando? El lado malo de la tecnología es la tendencia a que la juventud no quiera leer… ¿Cómo hacer que la juventud lea?... Antes de responder quiero que quede claro que, en mi opinión, la televisión no es mala, la televisión es un medio, no el fin; el problema es lo que se ve. Yo sé que hay programas educativos muy buenos, grandes películas, etcétera, pero el ochenta por ciento de lo que transmiten es basura, por eso ante esta situación he tenido la feliz idea de retomar el cómic en algunos trabajos que pienso hacer…”
-¿Estás haciendo cómic?
“Te estoy habando de un cómic mucho más elaborado… El Güegüence, por ejemplo. Quisiera hacer una especie de biblioteca centroamericana con grandes obras centroamericanas, en cómic pero con buenos guiones… Ya sé que lo hicieron los mexicanos y otros, la idea no es mía, el asunto es retomarla para que los jóvenes, que ante la imagen tienen una mayor reacción que ante la letra, se dejen conquistar por los clásicos. Hay que trasladar todas esas técnicas del dibujo, lo visual, a la literatura. El gran proyecto que tengo para el próximo año es trasladar el Güegüence al cómic, y eso no tiene nada que ver con que lo hayan nombrado patrimonio de la humanidad; esa idea la tengo desde antes, y no se ha materializado por falta de plata. Esperemos que lo logremos este año que viene con el Güegüence, después seguiríamos con el Popol Vuh. Espero poder lograrlo. Tenemos jóvenes dibujantes de gran talento que pueden ayudarnos. El objetivo es fomentar el gusto por la lectura y el acercamiento a la cultura por parte de los jóvenes…”

BIOBIBLIOGRAFÍA DE FRANZ GALICH
Franz Galich nació en Amatitlán, Guatemala, en 1951. Estudió Letras en la Universidad de San Carlos, de ese mismo país, donde también fue docente. Durante el régimen de Romeo Lucas García, en 1979, abandona su patria luego de ser atacado y asediado por paramilitares afines al régimen y vive primero en México, luego en Costa Rica, hasta que finalmente se traslada a Nicaragua en 1980, donde vivió los últimos 27 años de su vida. Fue docente universitario en la Universidad Nacional de Nicaragua, en la Universidad Centroamericana de Managua y en la Universidad Politécnica. Promovió talleres literarios, revistas y seminarios permanentes dedicados al estudio de la literatura centroamericana. Fue periodista cultural, crítico literario, articulista y promotor del teatro en Nicaragua, donde se granjeó el respeto, el cariño y la admiración de sus colegas.
Publicó su primer libro de cuentos en Guatemala, en 1978, con el lúdico título de “Ficcionario inédito”. En 1979 publicó “La princesa de Onix y otros cuentos”, también en Guatemala. En 1995 publica en Managua su primera novela “Huracán corazón del cielo”, para luego dar un giro en su temática hacia el “trhiller social” con su segunda novela “Managua salsa city –¡Devórame otra vez!”, con la cual obtuvo el Premio Centroamericano de Novela “Rogelio Sinán”, en el año 2000.
En el año 2002 publica un tercer libro de cuentos titulado “El ratero”, editado en ciudad Guatemala, donde también publica su tercera novela “En este mundo matraca”, en el año 2004. En el año 2006 publicó su cuarta novela, “Y te diré quién eres –Mariposa traicionera-“, en Managua. Esta novela es parte de una saga inconclusa que Franz quiso constituir con otras dos novelas y que se llamaría “El cuarteto de Centroamérica” y que tuvo su génesis en la novela “Managua salsa city”. Deja inédito el libro de cuentos “Perrozompopo y otros cuentos latinoamericanos”, y la novela “Tikal futura”.