Nuevo Amanecer

Poemas de Robin Rey Hernández Rojas


Holguín 1988, estudiante de Teatro (4to) año en la Escuela de Instructores de Arte, de su ciudad, miembro del Taller Literario “Lalita Curbelo” y del Grupo de artistas aficionados de la Casa de Cultura “Dositeo Aguilera” de esta ciudad.

Rapsoda

No lloraré ante el pentagrama que canta
la balada de los adioses,
para no quedarme con la soledad tras los días.
La distancia no significa escarcha ni el adiós,
congelar nuestros abrazos en el ayer.
En el sobresalto de tantas esperas,
esta mañana vi neblinas con el disfraz de tu rostro,
allí estabas como fotografiada en mis pupilas
llenas de aguas, del eco irritante de las lejanías.
El día avanza hacia nuevos designios,
completará la misión de componer la partitura pendiente
que dará lugar al nacimiento de una prolongada paciencia
donde se logre procurar salvar,
al grito enmudecido de los ausentes,
dolorosa acogida de mi sentimiento,
madre…con lágrimas en los ojos y sonrisas en los labios.
Esta generación quedará saturada de emociones
y ocasionales desenfados,
extrañaremos tu estancia, en la imagen que nunca llega
de los puertos huérfanos de barcos.

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Apocalipsis

Recorro los oscuros laberintos del reloj de pared,
exactamente donde sólo se une el silencio
con el solitario sonido del péndulo olvidado.
Voy marcando los segundos de esta conocida historia,
enterrada entre los abismos del miedo
y las profecías de las palabras,
sólo quedan segundos
para olvidar la memoria de los ausentes,
para que de nuevo la Cenicienta pierda su zapato
en un abrir o cerrar de ojos,
sus sueños se vuelvan ese mal presagio,
en que su futuro cambie hacia un presente
y su presente cambie hacia un pasado,
en que el séptimo ángel toque su trompeta,
sean sellados al fin los hijos del infierno.

Ya no existe la manzana del pecado,
ni la estrella azul del firmamento,
la que puede movernos discontinuamente
como inexacto péndulo del tiempo,
habitando en anciano reloj de nuestros sueños.
Ahora se han mostrado por fin
las desveladas cortinas del mutismo
la muerte, la vida ha sido reconocida
mientras tanteo el minuto
que falta para el Apocalipsis,
en este viejo goteo de arenas
donde se crea mi historia,
en que construyó y fragmentó mi anticuado reloj.

Marzo 6 del 2005
11.50 p.m.