Nuevo Amanecer

Franz Galich: el cartógrafo nocturno


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El maestro Franz Galich narró la ciudad y por extensión el país, y podría decir que la región, pues desde la publicación de Huracán corazón del cielo, Managua salsa city y más recientemente Mariposa traicionera y En este mundo matraca, Galich ha demostrado que es posible narrar estos espacios desde otras perspectivas y otras focalizaciones.
He empezado este escrito llamándole maestro, pues en honor a la verdad eso fue: un maestro. Además, fue un gran humanista, alguien que siempre se preocupó por la investigación profunda en lo que respecta a la literatura y la cultura de la región, de ahí que siempre dinamizó y fundó instituciones que realizaban esta labor.
En este sentido, soy una de las pruebas más fehacientes del maestrazgo de Galich, pues siempre me impulsó y apoyó en los avatares, no sólo de la creación, sino de la crítica y la investigación, pues todavía tengo presente cuando llegué a su antigua oficina en la UCA y le mostré mis primeros escritos. Galich fue duro, pero suave a la vez. Con su giro idiomático particular me hizo ver que en mí había más un narrador, un crítico o un estudioso y no un poeta, como la mayoría lo quiere ser en nuestro país. A partir de ahí nos unió una amistad, una relación de intercambios, cruces de ideas, de textos, escritos e ideologías, pues el maestro jamás perdió su horizonte de intelectual comprometido tanto para narrar o de teorizar alrededor de la periferia o de los subalternos, como bien lo hizo con su concepto de subalternidad letrada, adjudicada para esta región, debido a su condición de periferia de la periferia. De igual modo Galich no sólo teorizaba sobre estos sujetos, sino que los narraba, los relataba y dentro de esto narraba todo su mundo, todo su imaginario, como lo hizo en sus obras, tanto las cortas como las de largo aliento.
De ahí que escritos como El ratero, Perrozompopo o Se vende coca son narraciones que integran dentro de su mundo ficticio la dimensión de la subalternidad, debido a que el maestro siempre estuvo cerca de estos sujetos, como un buen narrador urbano, o tendría que decir, parafraseando a Martín Barbero, como un excelente cartógrafo nocturno.
Es por ello que en su más reciente novela Y te diré quién eres, Mariposa traicionera (Anamá, 2006), Galich lleva a la máxima expresión la narración-ciudad-nación-cartografía (alegoría, diría Jameson), así como el aprovechamiento de estrategias propias de la postmodernidad y del cruce de culturas. Es decir, a ratos lo popular se cruza con lo propio de la cultura de masas, lo mismo que con lo que la teoría de la dependencia llamaría la lumpen-cultura. Este autor hace flotar estas narraciones dentro un mismo espacio (ciudad como un todo) sin que se nieguen entre sí.
Para Galich escritura, ciudad y culturas (popular-masas-lumpen) son conceptos emparentados desde su misma génesis, al menos en sus dos más recientes textos. Por ello me propongo hacer esta lectura bajo la clave del espacio diseñado y las re-apropiaciones de la cultura. Así como ver hasta qué punto esta obra alcanza acentos distópicos y heterotópicos como pesadillas de la nueva urbanidad globalizada y simultaneada en nuestros países.
Es así que la Managua, San Salvador, la Teguciglpa y la Guatemala de Galich son ciudades interconectadas vía la red delictiva que priva en ellas, es un control no como el de los distópicos del XX, sino uno que se cruza con las formas del delito organizado y el contrarresto del mismo. Es una obra que se adentra en la creciente transnacionalización de la economía, así como del delito, que hace que las mercancías, lo mismo que el crimen, pidan un nuevo modelo que trascienda la relación importación/exportación basada en algo más allá de los estados nacionales.
No es gratuito que Galich nos narre un espacio ciudadano diseñado, con una estructura espacial prevista y previsible, susceptible de una estrategia disciplinar y de un espacio que ha crecido en medio del caos orgánico. Además, un espacio que al apareársele como herramienta el censo poblacional permite controlar quién está y quién se ausenta, las “topías” (dis-hetero) se vuelven infalibles.
Así que dentro de la obra se vive un carácter morfológicamente modélico de la ciudad: segregación horizontal por función de los individuos, comprensión estratificada de la sociedad, y ello aún dejando de lado cómo se definen los estratos, en otras palabras, la ciudad, en Y te diré quién eres aparece como una máquina clasificadora: Pancho Rana, el personaje principal, se desplaza desde una quinta fuera de la ciudad por el Mercado Oriental, pasando por zonas de una enorme carga prostibularia, hasta llegar a otras capitales cuyos titulares en los periódicos se emparientan al infierno de la Managua donde da inicio la narración (ver Pág., 137). Esto lleva implícito una clasificación de los sujetos y sus espacios mismos, así como de las acciones y los roles que cumplen cada uno de ellos en sus propios espacios.
Galich viste de negro los sueños tópicos (Dis- U- Hetero) e inscribe la ciudad desde un lado oscuro. Me recuerda al título de Sloterdijk, Crítica de la razón cínica. Por ello en Y te diré quién eres, Galich nos sumerge en una cultura de la razón cínica, en la que todo el mundo ya sabe todo de antemano, en la que ya no hay sorpresas, un momento en el que todo el mundo sabe lo que es el sistema y lo que hace, que el sistema no ofrece ilusiones a nadie y que simplemente está basado en el beneficio, en el dinero, la ventaja y el darwinismo social.