Nuevo Amanecer

Lo conocía desde antes...

A Fernando Silva en tus 80 versos

Conocía de su melodía en versos
el sabor del pensamiento pinolero,
su avalancha de poemas exquisitos,
haciendo del nicaragüense su poesía
haciendo de mi mente una algarabía.

Desde el génesis de mi juventud
hasta encontrarnos en el fervor de mi pueblo
en su invierno de folklore tradicional,
don Fernando Silva rima,
rima con la estatura basilical.

Tronaron las gallardas campanas
el Toro Huaco altivo abriendo el cortejo,
las inditas coquetas saludaban al poeta
el Güegüence proclama el verso indígena
¡Matateco Dio‑miscuale Fernando!

Sentado sencillamente como Rey
en un trono común de pueblo
bastón en mano convertido en cetro
en la calle marimbera de Diriamba.
El pito aborigen rompe el espejo.

A su derecha la picardía literaria
el pensamiento serio y reflexivo,
pláticas de caminante mi amigo
Luis Rocha en la cuna de Diriangén…
Se conspiraba un poema de Arco iris.

Me coloqué a la izquierda del Ilustre
henchido de franco orgullo güegüenciano,
Diriamba, poesía, tradición, tiempo
Granada, Managua, Carazo, la Mangueza,
extasiado de presente, de futuro, de pasado.

El Ilustre absorbía, penetraba, irradiaba
el entorno se hizo música de mil colores,
pito, tambor, marimbas, chischil,
danzas, cajonería de oro, pavo real,
su rostro se hizo verso, se hizo Diriamba.

Después de aquel frenético momento,
se fueron platicando los caminantes
por senderos de frescos cafetales
con su dotación de sabiduría
de picadillo, buñuelos y chicha de jengibre

Me quedé sencillamente hecho Cacique
Fernando, Diriamba, Luis Rocha...
volví y ya no estaba el trono,
pero el viento era torbellino;
un torbellino de 80 años.

¡Hasta ahora lo conozco!

Fiestas de San Sebastián
Diriamba, 20 de enero 2007