Nuevo Amanecer

Reflexiones en los 80 años de Fernando Silva y Espinoza


En la terraza, mirando de vez en cuando el jardín, leo el Nuevo Amanecer Cultural dedicado a los 80 años de Fernando Silva y Espinoza, que me hace soñar despierta con el río ancho y lodoso, con el agua del lago tendido y plomizo y en sus lugarcitos de grandes calmas como Puerto Díaz cubierto de los vientos sueltos de afuera. Fernando absorbió sus riberas, la selva, la caza, la pesca; comió frutas, convivió con los animales, la gente y pintó sus colores y el eco de su voz.
Siento el viento que azota el lago y a los botes y las conversaciones, y me digo: si no puedo recibir ese sol que hace brillar el agua y las conchas y la arena, si no puedo recorrer el río con su selva acompañante, voy a leerlo de nuevo para sentir el nica que vive en mí.
Si pienso en Fernando Silva, imagino un cedro real, o mejor un enorme mango de abundante fronda, de raíces fuertes y profundas, inamovible… El calor de mi León se llena de frescura, huele a río y a guabinas, a candil y nancital.
Y es que desde allá, con su Gertrudis e ilustres amigos, donde escribió tales “clásicos”, como dice Sergio Ramírez, me vino (aunque él no me conoce) la herencia de su “lindo corazón pensante”, como dice Claribel Alegría, quizás por la tierra y desde la tierra, entre las raíces, o por el viento… soy de esas semillas viajeras del ensueño, que fueron tomadas de entre su fronda por el pico de un zanate.

¡Felices 80, árbol de la palabra!

León, 27 de enero de 2007