Nuevo Amanecer

Se marchó mi amigo Franz Galich


Se marchó un amigo más. Inició ese viaje sin retorno que todos algún día emprendemos. Se marchó sin decirme adiós. Se marchó sin que nos tomáramos el penúltimo cuarto, no... mejor aún, la mera penúltima media... al menos en este lugar, al menos en este mundo.
Se marchó y no lo acompañé. No pude, nunca puedo. Su enfermedad me fue ligeramente informada por otro amigo en común, después de un largo peregrinaje en la red contactando a varios amigos en común. Al fin supe que estaba bien... y eso me bastó, siempre me basta. Me sorprendió el anuncio en el diario de la gravedad de su enfermedad. Y me impactó más tarde conocer de boca de otra amiga su marcha, su partida definitiva. ¿Qué hacer? ¿Qué decir? Nada. Él era extremadamente sociable; yo, extremadamente opuesto.
Además de cuentista, ensayista, dramaturgo y crítico, Franz era un excelente padre, un extraordinario amigo y un perfecto bohemio. Se fue como todos nos tenemos que ir. Pero queda. Sin duda seguirá entre nosotros, en cada día que transcurre como si fuera una de sus obras puestas en escena. Seguirá presente en cada último trago que lleve a mi boca, recordándome que no es el último, que es apenás el mero penúltimo del que seguirá. Y seguirán otros tantos más hasta que al fin, en serio, llegue el último y emprenda, como él, la partida sin retorno.

Hasta pronto, entonces viejo amigo.

Managua, 4 de febrero de 2007