Nuevo Amanecer

El “Réquiem” para El Cacique de Las Piedrecitas


Hay arte que nace y arte que muere: la nueva Embajada de los Estados Unidos acaba de completarse, mientras que al frente de ésta, el Cacique de Las Piedrecitas se está cayendo en pedazos.
La primera es una faraónica mole arquitectónica (que estilísticamente recuerda las cárceles de alta seguridad), y la segunda es una escultura diminuta, arrinconada encima de un excesivo pedestal de piedras, perdida entre los árboles del parque, peligrosamente inclinada, como la Torre de Pisa, y con mucha probabilidad, destinada a caerse en pedazos en el futuro.
Esta escultura, que es una obra maestra de Edith Groen, personalmente la considero como, quizás, la más linda obra de Arte Público de Managua: a pesar de su tamaño reducido, es poderosa y, como el David de Miguel Ángel, expresa dignidad y potencia estática, pero en “acción psicológica” lista, como un resorte, al movimiento.
Es una escultura de sintesis plástica en las líneas, formas y volúmenes, sin dejar de representar los detalles anatómicos esenciales (músculos, venas etc.), que le dan un carácter vibrante y humanamente eficaz: la pulsación de la vida casi logra todavía ganar los materiales inertes y atropellados por las intemperies y el desamor.
Quien logra ubicar esta obra, abandonada en este rinconcito de Managua, y quiere detenerse para apreciarla de cerca se encontrará, como nos ocurrió a nosotros mismos, por un lado peligro de ser atropellado por algún vehículo de la súper congestionada Carretera Sur, y por otro lado, ser fichado fotográficamente por los guardas de la Embajada, que salieron a tomarnos más fotos ellos que las que nosotros tomamos al Cacique.
Pero bueno, si es que el visitante logra un poco de paz para contemplar esta excelente escultura de Edith Groen, se da cuenta que su presencia y su fuerza plástico-expresiva se dilata no solamente hacia el lago, hacia donde está dirigida la mirada del Cacique, sino también en todo su alrededor, ocupando un espacio mucho mayor de su tamaño, relativamente pequeño.
Me atrevo a decir que este espacio “Monumental” es mucho mayor que la inmensa y fría presencia de la Arquitectura diplomática que nació al otro lado de la carretera.
Desde mi llegada a Nicaragua, en 1982, en varias oportunidades sugerí a las instituciones del Ministerio de Cultura y a algunos intelectuales poner en el pedestal de Las Piedrecitas una copia, y llevar este original a un Museo, para protegerlo de las intemperies y vandalismos.
Lastimosamente ahora creo que ya es demasiado tarde para salvar esta obra maestra.
Quizás una intervención de emergencia con silicato de potasio para consolidar el material superficial que se está desgranando...
Pero la mano izquierda (Fig.2 y 5) ya se perdió para siempre, y reconstruirla sería falsear la refinada calidad y originalidad de la escultura.
En esta mano, en el arco y en la grama posterior de la pierna derecha ya aparecieron las varillas metálicas estructurales; y cuando sucede esto el agua se filtra en las profundidades, oxidando los metales y el hormigón explota.
Pues en el poco tiempo esta escultura se romperá en pedazos.
Y por otro lado su inclinación puede acentuarse y se puede desmoronar toda la escultura y su pedestal.
Sería interesante hacer un estudio meticuloso de las técnicas y metodologías de destrucción de las obras de Arte Público Monumental en Nicaragua, pues aquí tenemos para una enciclopedia, y en estos 25 años pude registrar las modalidades más variadas y fantasiosas: desde el desmantelamiento con cuadrillas de albañiles (como con los altorrelieves escultóricos del ábside de la Iglesia El Redentor, en la mitad de los ’80, que milagrosamente sobrevivieron al terremoto, o como el mural con cerámica y mosaico de Amlae en el Reparto San Juan etc.), hasta las famosas y heroicas brochas gordas de los ’90, o las censuras y paulatinas destrucciones actuales de la Iglesia del Riguero...
Pero también el abandono y el olvido es una metodología efectiva para aniquilar una obra, como en el caso de nuestro Cacique de Las Piedrecitas (que no sabemos si es Diriangén, Nicarao o Macuilmiquiztli....porque cada documento consultado atribuye esta obra de Edith Groen a un Cacique diferente).
Quizás algún estudiante universitario podría aventurarse en esta emocionante investigación sobre técnicas y metodologías de destrucción de las obras de arte, que podría titularse: “Cómo destruir el Arte Público Monumental sin gastar tiempo y dinero, y libre de problemas legales”.

Managua- Septiembre 2007
www.sergiomichilini.com
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