Nuevo Amanecer

LA DEUDA CON UN HOMBRE QUE NUNCA ME COBRÓ


A Pablo Antonio Cuadra le debo la no siempre grata adicción a promover la cultura, y nunca tendré con qué pagarle. No creo que haya habido en Nicaragua otro escritor que se dedicara con tanto ahínco, perseverancia y generosidad a promover la cultura nicaragüense, como él. Mariano Fiallos Gil lo fue en un sentido más académico, y el magisterio de José Coronel Urtecho fue el magisterio de la genialidad, sobre todo durante sus cátedras de conversación. Los tres, por humanistas se complementan, pero el magisterio de Pablo Antonio fue el magisterio del sosiego y del pragmatismo. A él se le deben numerosas publicaciones, que son a su vez el registro de nuestra historia cultural.
Quizás mi deuda con Pablo Antonio haya comenzado cuando, como dice José Coronel Urtecho, mi padre, Octavio Rocha, y él, publicaban la producción literaria del Movimiento de Vanguardia en la página que mi abuelo, Carlos Rocha, les había cedido en “él Correo”, periódico de su propiedad. Me quiero imaginar que el destino quiso que 30 años después yo relevara a mi padre en las tantas aventuras de publicaciones en que acompañé a Pablo Antonio. El fue el inventor, director insustituible, promotor y diseñador artístico de verdaderos ejemplos de arte gráfico y de calidad en contenido. Viniendo él de su experiencia con los “Cuadernos del Taller San Lucas”, nos encontramos en 1960 a raíz de que me publicara, en “La Prensa Literaria”, mi poema “Las Rellenas” , nacido de mi enamoramiento con Michéle Najlis, quien además sería protagonista de otros poemas míos, y por haberla popularizado también musa de otros poetas moscardones.
A la oficina de Pablo Antonio en “La Prensa” concurrían todos esos poetas y más. Los mediosdías eran una algarabía de muchachos llevándole sus más recientes creaciones: Edwin Yllescas, Roberto Cuadra, Beltrán Morales, Iván Uriarte y tantísimos más queriendo captar la benévola atención del maestro, y Pablo Antonio Cuadra ejerciendo su magisterio con paciencia infinita. Me gustaba la tipografía y por ese entonces me incorporé a ayudarle a armar las páginas de “La Prensa Literaria”. Ahí aprendí, primero con los tipos, y después con los linotipos, a leer al revés, y a hacer una entrañable amistad con la mafia de sabios armadores que capitaneaba el maestro Panchito Bravo Lacayo, hasta hoy mi gran amigo. Pablo Antonio bromeaba con ellos y disimulaba sus excesos de confianza. Nunca lo oí reclamar airado, sino corregir el error con tal tranquilidad, que más bien parecía ser el culpable.
Por ese tiempo nacieron la “Generación Traicionada” en Managua, liderada por Roberto Cuadra y Edwin Yllescas, y a la que se le adjudicaba el apoyo de PAC; y el Frente Ventana” en León, a cuya cabeza estaban Sergio Ramírez y Fernando Gordillo, con su revista “Ventana” y el apoyo del Rector Magnífico Mariano Fiallos Gil. Al margen, o en medio de aquellos fuegos cruzados que sacaron de la modorra a nuestra cultura, estábamos un grupo de poetas independientes. Por diferentes razones yo era amigo de los integrantes de ambos grupos, pues por iconoclastas me identificaba con los de Managua, y por izquierdistas políticamente me identificaba con los de León. Quizás por un solo artículo que escribí discrepando de alguna posición de Fernando Gordillo, el poeta Julio Valle-Castillo pensó que sostuve “posiciones contrarias” al “Frente Ventana”, y así lo consigna en el III Tomo de su magistral obra “El Siglo de la Poesía en Nicaragua”. Aclaro aquí el malentendido, pues con el tiempo coincidimos aún más, Fernando y yo, en nuestra posición izquierdista ante Nicaragua y el mundo, que incluyó nuestra militancia en el Movimiento Nueva Nicaragua.
No cabe duda que la quema de libros de autores supuestamente malos, que hicieron los de la Generación Traicionada, sacaron humo y chispas, y que algunos de aquellos quemados culparon a Pablo Antonio de no poder pasar a la posteridad, como lo culpaban lectores puritanos cuando PAC nos publi­caba poemas que les resultaban incomprensibles, o que su lenguaje y términos los escandalizaba, como ocurrió, por ejemplo, con un poema de Roberto Cuadra que comenzaba diciendo: “Marzo es el mes de las putas” y terminaba “Jesucristo por baboso no fue al mar”, poema definitivamente muy apropiado para aquella semana santa. De alguna manera se estaban repitiendo las irreverencias vanguardistas, y Pablo Antonio sabía, como lo sabía Mariano Fiallos Gil, que discrepar es sano y que despertar, aún mejor.
A España, en 1962, fui visado por Pablo Antonio Cuadra y José Coronel Urtecho. Sus cartas de presentación me abrieron los más importantes espacios culturales, y cuando regresé en 1965, casado, Pablo Antonio me volvió a abrir las puertas de su Universidad de Bolsillo, y más tarde inventaríamos, o mejor dicho ejecutaríamos, el invento de José Coronel, de un Sindicato de Intelectuales Cristianos; ya en la UCA de un Departamento de Cultura y de un Club de Lectores, sin olvidar la transformación de la revista “El Pez y la Serpiente” en una modesta editorial, pero editorial al fin y al cabo. Yo sí fui un Secretario Perpetuo de toda publicación y proyecto cultural que emprendimos, alentados, apoyados o con la complicidad de Felipe Mántica Abaunza, Ernesto Cardenal, Ernesto Gutiérrez, José Coronel Urtecho y Fernando Silva, y cuando se creó “La Prensa Literaria Centroamericana”, por Sergio Ramírez y el imprescindible apoyo de Xavier Chamorro Cardenal.
Años y años de aventuras literarias, aderezadas por las noches, casi siempre en la casa de OIga Molina Oliú, por los rescates musicales de “Los Bisturices Armónicos” y las novísimas producciones de Carlos Mejía Godoy, entre las que ya se contaban poemas musicalizados del propio PAC. Buenos recuerdos: La guitarra, la noche, la fogata, un buen tasajo de venado asado, el trago, y otra vez una fogata en el corazón que algunos llaman recuerdos.
Enero, 2007.