Nuevo Amanecer

Guatemala, octubre y testinovela

“El ejército es todopoderoso: es Xibalbá…: está matando a los indios de por aquí peor que los españoles hace quinientos años, mucho peor, y nadie levanta la voz por nosotros…”

“Brevísima relación de la Destrucción de los Indios”

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El 20 de octubre de 1944 triunfó en Guatemala la revolución democrática burguesa liderada por Juan José Arévalo ejerciendo la presidencia de la república hasta 1950, cuando fue relevado por Jacobo Arbenz, quien después sería derrocado por la intervención extranjera promovida por Estados Unidos con la participación de Honduras, Nicaragua y la contrarrevolución interna en junio de 1954. El traumático fin de aquel gobierno democráticamente electo, frustró el intento de promover cambios políticos, sociales y económicos, desencadenándose la represión e inestabilidad que desembocó en el llamado conflicto armado interno guatemalteco (…1954… 1996) uno de los más prolongados y sangrientos de América Latina. En octubre hubo revolución, pero también “descubrimiento”, la revolución fue una oportunidad frustrada, el descubrimiento el cumplimiento de la terrible profecía que los ancianos, brujos y chamanes mayas anunciaron para el fin.
Mario Roberto Morales (1947), escritor, académico y periodista, militante de la izquierda guatemalteca (URNG) por cuyas agudas contradicciones y desconfianzas que contribuyeron a ahogarlos, estuvo preso en Nicaragua en 1985, obtuvo el Premio Nacional de Literatura “Miguel Ángel Asturias” 2007 por su obra “Señores bajo los árboles”(1993, “en el quinto centenario del encontronazo con los Hombres de los Espejos y en el décimo aniversario -1992- del inicio de lo peor) quien afirma es “testinovela u oralitura” porque pone la literatura y la ficción al servicio de la verdad testimoniada, anónima, desgarradora, recogida a partir de transcripciones orales de indígenas sobrevivientes a las campañas contrainsurgentes de “tierra arrasada” durante la década del ochenta, para “preservar la memoria colectiva y reciclar la realidad”. Cortázar habló de “antinovela”, Unamuno de “nivola” y ahora Morales de “testinovela”, no importa, en todos hay ficción y realidad, ¿Quién al servicio de quién? No importa, en este caso “la realidad abruma a la ficción”.
Miguel Ángel Asturias (1899 – 1974), en su tesis “El problema social del indio” para optar a la licenciatura de derecho (que nunca se interesó en ejercer) en 1923, clama, desde los sesgos de su época, en la recién concluida dictadura de Estrada Cabrera (1898 – 1920), criticada por exabruptos racistas, reconoce en esta obra primigenia, que “el problema del indio ha sido olvidado”, que “perdió el vigor en el largo tiempo de esclavitud a que se le sometió”, que la independencia no tuvo absolutamente nada que ver con la mayoría de la población indígena que siguió siendo esclava, solamente fue un cambio de amo.
El conflicto económico-social se agudiza con el recrudecimiento de la represión político-militar iniciada después del derrocamiento de Arbenz, frustrando la puerta que se abrió en octubre, afectó a toda la población guatemalteca, fracturó la historia, pero principalmente agudizó el calvario de los indígenas (divididos, dispersos, multilingües), cuyo problema, como afirma Asturias “es viejo”.
“El ejército llega por oleadas, va apareciendo por el llano, asoma por los cerros más bajos... acorralan a los hombres en el centro de la aldea para matarlos y encierran a las mujeres en la iglesia para pasarles encima… rasgan las barrigas de las mujeres, les sacan a los chiquitos que todavía no han nacido y los echan a los perros…” Los ancianos decían que tantos sufrimientos, hambre, muerte y falta de tierra, se debía a que “nuestros antepasados habían pecado y que por eso habían recibido el castigo de los españoles y que no sería hasta el año dos mil que nuestras estirpes se iban a liberar…” Algunos ya no creen en eso, piensan que está en sus manos el remedio a sus males, eso les dicen los guerrilleros y también los de las comunidades cristianas. El secretario de relaciones públicas del presidente General Ríos Montt (presidente de facto 1982-83) ha dicho: “…estamos matando indígenas porque la subversión logró hacerse ya de muchos colaboradores que son indígenas... Los compas comenzaron a ajusticiar a la gente de las aldeas donde no se izaba la bandera del Ejército Guerrillero de los Pobres EGP”. Alguien cuenta: “los guerrilleros andan diciendo linduras pero también matan por gusto a la gente… el ejército habla claro, el ejército cumplió: ustedes colaboran con los guerrilleros y por eso los vamos a matar, indios cabrones”.
A los jóvenes de dieciocho años los ponen en fila y se los llevan reclutados, los hacen kaibiles: “¡Qué come un kaibil! ¡Carne humana, carne humana! ¡Y que más! ¡Guerrilleros, guerrilleros subversivos!” El indio Toribio piensa: “¿hasta cuándo voy a seguir matando indios?… no sé quien soy a veces… todo esto de los kaibiles se va a acabar pronto y lo voy a olvidar”. En las patrullas hay ladinos e indios de distintas comunidades y lenguas mayas, llegan a otras aldeas bajo orden de la autoridad militar o de los comisionados militares.
Están matando la costumbre y las tradiciones de los antepasados, al obligarnos a hacer cosas distintas, quieren terminar con los secretos de la estirpe que guardan los brujos. “Tenemos que aprender a ser engañosos como ellos”, ellos son “hablantines y falsos”. Ya “cumplimos quinientos años de purgatorio, este fue el infierno”. “Los ricos y los del ejército se avergüenzan de los indios. Dicen que somos una vergüenza para Guatemala…”
“Tiene razón mi tata, que es brujo, cuando dice que el ladino es la muerte del indio: desde antes que llagaran los hombres barbudos de pelo amarillo, dice él, ya los antepasados sabían lo que se les venía encima a las estirpes, a las Casas Grandes… nuestros pueblos se hacían la guerra; por eso cuando entró Alvarado a la Tierra de los Árboles, los cakchiqueles lo ayudaron a vencer a los quichés, y se unieron a los tlascaltecas que se habían venido con él desde México para combatir a los de por aquí… porque las estirpes y los brujos se habían entregado a la investigación de la tiniebla… fueron condenados a cinco siglos de sufrimiento…”
“Los mayas podemos desaparecer y con nosotros nuestra cultura, nuestra costumbre, pero Kukulkán (Quetzalcóatl) no desaparecerá, ni el conocimiento secreto tampoco... mexicanos, guatemaltecos y hondureños somos mayas, tenemos sangre ixim (maíz)… y de esta larga noche negra saldrá la claridad del día para todas las estirpes… y dejemos de ser indios para ser reconocidos como seres humanos que tienen derecho a luchar…”.

Managua, octubre de 2007.