Nuevo Amanecer

Fernando Silva en sus 80 años


Con el poeta Fernando Silva me unen lazos de amistad desde la temprana juventud en nuestra ciudad natal Granada, por eso yo quisiera recordar los años cuarenta y cincuenta en la Granada señorial de ese tiempo ido, cuando en Granada existían dos periódicos: El Correo, de don Carlos Rocha, y El Diario Nicaragüense, de don Pedro Joaquín Cuadra Chamorro. En ambos se editaron páginas literarias, colaboraciones culturales y poéticas que nuestro grupo facilitaba.
Fue en 1945 cuando Silva impulsa en el Instituto Nacional de Oriente un órgano literario del propio centro de estudios, que dirigía el poeta ya fallecido Ernesto Gutiérrez y Gutiérrez, siendo jefe de redacción el poeta Raúl Elvir Rivera, administrador su hermano Tomás, y jefe de Circulación Humberto Gómez Rosales, médico anestesista residente en Miami. Se trataba de la revista Matinal, cuyos números fueron cinco, exactamente la misma cantidad que publicara unos años antes, en 1942, la Cofradía del Taller San Lucas. Ambos colaboramos con las dos revistas.
Es interesante hojear Matinal, en donde aparecen Líneas escritas en una enfermedad, que firma José Coronel Urtecho como ex profesor del Instituto Nacional de Oriente. Las colaboraciones de Silva como Los Compagres, que quedó inconclusa, un poema Noche Buena…; fue una revista que publicó los primeros trabajos literarios de los tres grandes poetas de esa generación: Elvir, Gutiérrez y Silva. Yo hacía mis primeros pinillos y estudiando en el Colegio Centroamérica colaboré con Matinal, la revista del instituto, en donde el grupo de Silva en la última revista noviembre –diciembre de 1945 me publicaron el poema “Cielito”.
Ya bachillerados continuamos estudiando en la Universidad de Oriente y Medio Día, él Medicina y yo Derecho, pero siempre inquietos con la poesía y la cultura. El primer libro que yo conozco de Silva es “Barro en la sangre”, que publicara en 1952 la Colección Poesía de América “El hilo azul”, en donde aparece un poema que ya a mi tercera edad, el poeta sólo me lleva un año, les declamo a mis nietos y es: RETRATO: Muchachito panzón, pechuza, con las patas llenas de lodazal (ven a mi muchachito, ya puede hablar). Muchachito panzón… sin camisa, se le ven abiertos los ojos negros de las chichas.
De esos años cuarenta y cincuenta recuerdo de las tertulias de la casa de Coronel, en la calle Estrada, las de Quiko Fernández, en la Calle Real, todo un Ministro de Cultura en la Granada de entonces. Yo presencié el compadrazgo de Silva con Quiko, pues es padrino de Francisco de Asís. Si bien Silva nació en Granada y vivió su infancia con don Francisco, su padre, en el río San Juan, donde era comandante, al llegar a los años de estudio lo trasladaron a Granada, a la señorial casa esquinera frente al puente de Papa Q, exactamente donde actualmente está el Hotel Samarcanda; ahí paso su juventud en unión de sus hermanas y hermano, el recordado Chico Silva; la Universidad de Oriente y Medio Día cerrada por Somoza en el año 51 para que Granada no volviera a tener universidad para siempre, nos dispersó a todos. Ambos tuvimos que ir a León a terminar nuestras carreras, en esos años, exactamente el 1ro. de marzo de 1952, dedicó un poema “Canción” con viñeta del mismo poeta Silva y que se titula “La novia de Rodolfito”. Es la misma novia que justo este año de los ochenta de Silva, cumplo 52 años de casado con ella.
En esa época, octubre 22 de 1949, me dedicó el “Canto a nuestra materia prima, hermano”. Si bien el cierre de la universidad ya no nos juntó en León, ambos terminamos nuestros estudios y tomamos veredas distintas, yo me fui al exterior y me absorbió el Derecho para siempre. El poeta se graduó como mi hermano René y coincidieron en París-Francia con sus estudios de postgrado en Medicina. Yo lamento la pérdida de mi hermano fallecido en noviembre de 2005, ya que en estos ochenta años de Silva no podrá estar presente para celebrarlos y contar la vida de estudiantes de esos años en León y París, juntos en los últimos años de Salomón de la Selva. He querido recordar los años mozos de Fernando porque cumplir 80 años de vida no es cualquier cosa, sobre todo cuando se ha sido un médico excelente, un padre y un esposo ejemplar, y una institución de la cultura en Nicaragua, imprescindible para la investigación, la academia y el conocimiento cultural. Conservo la obra completa de Fernando Silva, el incansable poeta que no deja de escribir como asiduo colaborador del Nuevo Amanecer Cultural, excelente semanario que impulsa el común amigo Luis Rocha, nieto del propietario de “El Correo” de Granada, donde Silva también colaboró hace ya bastantes años. Felicidades poeta y que Dios nuestro Señor le conserve.

Granada, 10 de enero de 2007.