Nuevo Amanecer

“Fernando Silva es el narrador en clave nicaragüense por excelencia, un clásico en ese sentido”


Doctor Ramírez, coméntenos acerca de ese mirar hacia dentro como un esplendor en los personajes de los cuentos y novelas de Fernando Silva, ¿cuál es su aporte de los temas locales, en lo medular, para descubrirnos y asombrarnos?
Yo diría que en primer lugar, el lenguaje. Toda literatura que trasciende se construye en las palabras, y los personajes de Silva son su lengua, su forma de expresarse desde la raíz arcaica campesina, desde las formas vivas coloquiales. Asombra porque sus personajes hablan como la gente de todos los días, pero al mismo tiempo sentimos la nostalgia del mundo verbal que va desapareciendo bajo la contaminación.

Fernando Silva, como estudioso de lo permanente popular y local, ¿cómo ha reafirmado en sus obras su autenticidad de creador?
Precisamente hablando desde la raíz popular, compartiendo el escenario con sus personajes, siendo uno de ellos, sin ninguna distancia académica. La gran virtud de Silva es transcribir al papel el lenguaje oral, con toda su hondura y su gracia, aun con las mímicas de los personajes.

¿Cuáles son los logros más significativos de la novela “El Comandante”?
Que un niño cuenta su infancia en el río San Juan, como lo logra hacer Mark Twain con sus dos niños del río Mississipi, Tom Sawyer y Huckleberry Finn. Silva cuenta viendo todo con sus ojos de niño, y esa inocencia tiñe el recuerdo y tiñe el lenguaje, todo electrizado por el humor constante que brota de esa misma inocencia.

Sitúenos a Fernando Silva en su responsabilidad como escritor nacional...
Es el narrador en clave nicaragüense por excelencia, un clásico en ese sentido. No existiría una literatura nicaragüense como tal sin cuentos como El Bote y Saturno, dos clásicos también, dos obras maestras del cuento.

De los libros de Fernando Silva, ¿por cuál de ellos siente un mayor afecto?
“El Comandante”. Describió para mí una de las regiones más queridas y recordadas, el río San Juan, donde, al lado de Coronel y doña María, de Cardenal, de Pablo Antonio, y del propio Silva, viví temporadas felices e inolvidables de mi vida. “El Comandante” y “Rápido Tránsito” son los dos libros insignias de aquel río.