Nuevo Amanecer

Personal: mi semblanza de Fernando Silva


Si bien por José Coronel Urtecho llegué por primera vez y después no dejé de llegar al río San Juan, fue con Fernando Silva que lo conocí y sigo conociendo, ya sea por nuestra vieja y fraterna amistad que se remonta de manera firme a 1965, como por su libros inconmensurablemente nicaragüenses por nuestra lengua y por lacustres, fluviales y terrestres. Basta con leer algunos de los títulos de sus libros de poesía para comprender esto que digo: “Barro en la sangre” (1952); “Agua Arriba” (1968); “Islas de afuera” (2000); a los que hay que agregar siempre de este polifacético humanista, pintor, narrador, ensayista y poeta los siguientes: siete ediciones de la novela El Comandante desde 1969, y también en novela, dos ediciones de El vecindario desde 1977, y La foto de Familia en 2005; en cuento De tierra y Agua, 8 ediciones desde 1965; Antología (1986), Puertos y cuentos (1996); Otros cuentos más (2004), y Son cuentos (2004). A los de poesía antes mencionados hay que sumar Cuido de la criatura (1976); Poesía: Antología (1981); Versos Son (2001), y el estremecedor poema concreto, casi desconocido por ser una grabación, y más gutural que oral, El chocorrón, historia negra de Nicaragua concebido a raíz del terremoto de Managua en 1972. En lingüística La Lengua de Nicaragua (1996) y en crítica La historia natural de El Güegüence. Hago constar que títulos de otras compilaciones no figuran aquí, pues posteriormente a su publicación en folletos fueron integrados a antologías que sí he mencionado.
Nacido el 1o de febrero de 1927 en la ciudad de Granada, Fernando Silva Espinoza cumplirá pronto los ochenta años que desde ahora, 28 de noviembre de 2006, le comenzamos a celebrar con este acto que tan oportuna y afortunadamente ha organizado Extensión Cultural de la UNAN-Managua. Generacionalmente se le ubica en la “Promoción del 50”, como un escritor inicialmente influido por el vanguardismo que posteriormente derivó hacia el exteriorismo. A mí, más que vanguardista o exteriorista, lo que me ha parecido es un escritor desinhibido de influencias, quizás por su inicial formación autodidacta, y si con algo o alguien tiene deudas literarias es con la naturaleza, el río San Juan, donde se crió y creció bajo la sombra libertaria de su padre Francisco Silva Guerrero, el Comandante de su infancia, de su novela y de este poema:

La naturaleza es exteriorista y en esa medida, como gran parte de la poesía nicaragüense, lo es Fernando Silva. Orlando Cuadra Downing lo describe así: vecino del Gran Lago y de su Río Desaguadero, poseedor del misterio de la expresión nativa. Y cuando en 1952, en la colección del hilo azul que dirigía Ernesto Cardenal, se publica Barro en la Sangre, sus editores escriben en la solapa del libro:
Una de las últimas apariciones de la nueva poesía hispanoamericana es la este libro “Barro en la Sangre”, escrito por un joven nicaragüense de apenas un poco más de veinte años y criado en las riberas salvajes del río San Juan de Nicaragua, al pie de un viejo castillo español semiderruido en el corazón de la selva americana, y escrito sin lecturas ni influencias literarias sino con la poesía sacada de la vida y del pueblo y de su propia tierra: de las selvas, de los ríos, de los caminos, de los pequeños puertos del Lago de Nicaragua y de los barrios, y escrito en el idioma nicaragüense, el idioma de los indios y de las indias pasmadas y las chiribiscas y las retobadas, a las que habla “con su misma lengua pesada”, siendo, para decirlo con palabras de José Coronel Urtecho, el primer poeta nicaragüense que escribe en náhuatl.
De ese libro primigenio y verdaderamente vanguardista en el sentido de adelantar la calidad de la poesía de un joven entonces de 25 años, son estos dos poemas:

De nuestra vieja y fraterna amistad quiero decir que cuando Mercedes, mi esposa, y yo llegamos de España en 1965, el matrimonio que más cálidamente nos acogió fue el de Fernando y su esposa Gertrudis. A la sazón era uno de los pediatras de mayor éxito en Nicaragua, aparte de por su ya aludido humanismo, por su incuestionable capacidad profesional en la especialidad de pediatría que con honores había adquirido en la Sorbona. Fue médico de todos mis hijos y de ahí que nos hiciéramos compadres y de verdad, en las buenas y en las malas. Y fue médico de los hijos de burgueses con la misma entrega que lo fue de niños cuyos padres no tenían recursos económicos, a quienes veía en el hospital de cuya sala de pediatría era jefe, así como en su propia clínica. Consigno esto porque creo que esta semblanza, que ya he dicho es personal, quedaría incompleta si no mencionara la proverbial generosidad de este hombre, el más nicaragüense del mundo.
Y fuimos compadres, como lo fuimos los tres y entre los tres con el Dr. Luis Favilli Picasso, una verdadera alma de Dios y a quien como escritor hay que volver. Y se puede decir que los tres fuimos los alegres compadres no ya de Windsor, sino del Río, y de cuanto viaje pudiéramos hacer sobre todo por Chontales, donde no faltaban nuestras escalas donde Guillermo Rothschuh Tablada y antes en Boaco donde Armando Incer Barquero. Porque fuimos vagos, sabios en comer, beber y compartir poesía y además compartíamos tierras y aguas colindantes en el horizonte con el infinito del cielo, donde lo bucólico se transforma en una continuidad mística y celeste, como el río hasta el fin de nuestro padrino espiritual el P. Ángel Martínez Baigorri.
Pero si con alguna semblanza puedo concluir la mía, nada mejor que este ­autorretrato de mi queridísimo compadre Fernando Silva:

EL COMANDANTE

El Comandante es un viejo alto que sólo vive
fumando.

El puerto es muy triste y los guardias se van
a pescar.

Al mediodía el Comandante se cruza la calle
para ir al excusado
y allí se tarda bastante.

Después
sale amarrándose la faja
y se queda mirando la larga y asoleada calle,
sube luego las graditas de su casa
y se acuesta a dormir en una hamaca.

Allá, se levanta y ve irse
los botes
mientras se desabotona la camisa
y se rasca.

Pero la tarde no deja de tener algo bonito.

El sol como un pájaro entre los palos,
que sale volando
cuando las poponé cantan por última vez.

RETRATO

Muchachito panzón,
pechuza,

con las patas llenas de lodazal.

(Ve a mi muchachito,
ya puede hablar).

Muchachito
panzón…

sin camisa,
se le ven abiertos los ojos negros
de las chichas.

CANCIÓN DEL NEGRITO

Dormite
que me voy temprano
negrito lindo.

Dormite
negrito calzón rayado.

Los ojos de mi negrito,
blancos
son,
las manos de mi negrito
lindas son
son,
son.

Dormite,
dormite,
dormite…

Dormite hijueputa,
que te come el mono,
o te dormís jodido
o te duermo a palos. . .

el negrito cerró
los ojos.

Se durmió el negrito
calzón rayado.

YO SOY EL HOMBRE MÁS NICARAGÜENSE DEL MUNDO

Yo soy el hombre más Nicaragüense del mundo
y lo digo con toda naturalidad.
Soy el hombre más Nicaragüense
porque no me interesa nada más
que lo Nicaragüense
y no conozco nada mejor
que lo Nicaragüense
y no sé lo que haría yo
si no fuera que lo hago como Nicaragüense
bien o mal que lo haga ­

así es
como una piedra es una piedra
y no es un Ángel muerto
(aunque sería bonito que lo fuera).
Yo soy el hombre más Nicaragüense del mundo y
yo lo sé.
Compatriotas
aquí estoy en mi casa
acostado en mi hamaca.