Nuevo Amanecer

PABLO ANTONIO CUADRA: Magisterio y creación

En ocasión de aproximarse el Tercer Festival Internacional de Poesía (Granada), dedicado a los poetas Pablo Antonio Cuadra, Manolo Cuadra y Fernando Silva, publicamos este trabajo sobre la obra de PAC que al poeta Francisco Valle le mereció el Premio Nacional de Humanidades en 1999.

En el ámbito de la literatura centroamericana la obra de Pablo Antonio Cuadra (ensayo, poesía, narrativa) constituye uno de sus más altos y sólidos logros realizado día tras día y libro tras libro a través de una larga vida de continua labor creadora.
Junto con Asturias en Guatemala, Hugo Lindo en El Salvador, Oscar Acosta en Honduras, Cardona Peña en Costa Rica y Rogelio Sinán en Panamá, la obra de Cuadra forma parte de esa base cultural que en cada país centroamericano fundamenta los caracteres de su personalidad histórica. Poetas y escritores que han dado lugar a fecundos espacios intelectuales, a múltiples nacimientos de renovadas savias creadoras y a obras que podríamos señalar como el compendio señero de toda una nacionalidad y de todo el quehacer cultural de esos pueblos.
La poesía de Cuadra, surgida entre los elementos telúricos de la patria de Darío y que al decir de un crítico expresa “Io que Rubén dejó en silencio”, se caracteriza por una acendrada pasión amorosa a lo nicaragüense, por un regreso a las fuentes nativas de la inspiración artística, por el desentrañamiento y revelación con voz y expresión contemporáneas del mundo indígena mesoamericano que todavía palpita vivo en las tierras del istmo y cuya máxima ejemplificación podría estar representada por su libro «El Jaguar y La Luna», publicado con ilustraciones del propio autor e inspirado en motivos de la tradición precolombina.
Ya en el campo de la teoría literaria y asediando el fenómeno de la creación poética, Cuadra ha explicado (en lo que tiene de explicable) todo el proceso interior que dentro de la personalidad del creador se sucede cuando fatalmente obedece para escribir poesía, es decir impresiones, sensaciones, memorias, vida sufrida o gozada, experiencias culturales e intuiciones originales, hasta cristalizar ese cúmulo de vertientes en el logro final de esa contribución humana que forma parte de la cultura, que le otorga su fundamentación verbal, que hace posible la más profunda y verdadera comunicación espiritual que pueda realizarse entre los hombres y que el poeta mexicano Carlos Pellicer ha llamado “material poético”; exposición de vertientes ya sean históricas, subjetivas o de la realidad cotidiana que convergen hacia la unidad que conforma ese todo: el poema. Es en ese campo de asedios al fenómeno de la creación poética en donde Cuadra ha dado sus mejores páginas, entre las que podríamos seleccionar a manera de antología su valioso trabajo titulado “Dos mares v cinco poetas”, sus artículos críticos sobre Azarías Pallais, Darío y Alfonso Cortés, o sobre Supervielle, Luis Rosales o Lezama Lima, así como el penetrante y revelador ensayo en donde pone al descubierto todo el sentido de modernidad y actualidad que tiene la obra de la monja de Amecameca: “Sor Juana Inés de la Cruz y el drama del barroco americano”.
Tenemos que señalar también ese recuento y análisis sobre la vida cultural y política de Nicaragua que Cuadra realizó a través de sus “Escritos a máquina”, en su segunda etapa ya desarrollados y publicados de una manera más sistemática a partir de 1965 y que interrumpió debido a la situación militar del país en los comienzos de 1979, “Escritos a máquina” que constituyen uno de los mejores documentos literarios en prosa sobre temas nacionales o extra‑nacionales, temas de diversa índole que centraban su atención o que el momento social, cultural o político del país así lo exigía.
Espacio aparte necesitaríamos para reseñar su culto y hedonista libro de viajes “Otro rapto de Europa”, las recreaciones biográfico‑personales de sus “Fronteras y rasgos de mi comarca literaria” y la nueva edición de “Torres de Dios”, en donde el autor incluyó sus ya famosas “Cartas a una muchacha sobre la novela moderna” pasando revista a los más relevantes fundadores de la novela contemporánea que difundieron a comienzos del presente siglo su magisterio desde Europa.
Siempre en el género del ensayo Cuadra nos ha dado una obra que consideramos esencial para la interpretación de la sociedad nicaragüense, para un análisis de su historia espiritual, de sus avatares socio‑culturales y para un estudio de los rasgos ancestrales y sicológicos del ser nacional: “El Nicaragüense”, libro que es una incursión de la antropología cultural en las esferas vivenciales de nuestro pueblo y cuyas páginas veteadas por un constante lirismo no le impiden al autor hacer los señalamientos necesarios en su afán por esclarecer las diversas etapas de estabilidad política que hemos disfrutado o aquellas de destrucción social que hemos padecido en nuestra vida como nación independiente, como un territorio poblado en la difícil búsqueda de nuestra identidad humana y los caminos civilizados.
Personalidad fundamental en la gestación de nuestra cultura, iniciador de la poesía vanguardista en Centroamérica, hispanista desde 1936 junto con Ramiro de Maeztu y Giménez Caballero, fundador en El Escorial del ya legendario Instituto de Cultura Hispánica y su primer presidente, viajero por las cuatro latitudes de América, ciudadano mental de Europa, gustador de Botticelli y de la escultura teotihuacana, alma del Renacimiento y ojo del siglo XXI, indigenista y cristiano por fe, vocación y raíz, Director de la Academia Nicaragüense de la Lengua, asimismo estudia nuestra relación con las civilizaciones aborígenes del antiguo México en su obra “Promisión de México y otros ensayos», en donde la teoría del mestizaje racial debidamente apoyada en Vasconcelos tiene sus mejores momentos en una acertada y clara exposición.
Ya en la arena política Cuadra ha sido un incansable combatiente por la libertad de prensa y un crítico antagonista y sobreviviente de todos los regímenes dictatoriales que han ensombrecido la noble pero desventurada tierra nicaragüense; es por eso que en 1991, en reconocimiento a su esforzada labor por las causas más encomiables de la cultura y la dignidad humana la Organización de Estados Americanos (OEA) le concedió en Washington el Premio Interamericano de Poesía “Gabriela Mistral”, la Editorial Ayacucho de Venezuela publica ese mismo año sus Obras Completas y obtiene el Premio Rímine de Italia por su tesonera e inclaudicable labor en defensa de la libertad de expresión en el contexto de la situación política y social centroamericana; en 1999 el Gobierno de la República por medio del Instituto Nicaragüense de Cultura ha decidido rendirle homenaje otorgándole el Premio Nacional de Humanidades, acto que se traduce en presencia, justicia y reconocimiento a nivel nacional al mayor poeta vivo de Nicaragua, invistiéndolo con arreos plenipotenciarios.
Decir Pablo Antonio Cuadra es darle nombre y síntesis a los conceptos de humanidad y cultura encarnados en un intelectual de Nicaragua: voz de la patria, digno y autorizado exponente de nuestra literatura entre las naciones latinoamericanas, balanza inclinada hacia el bien, caballero del pensamiento crítico y enemigo frontal de la barbarie, fuente de civilización fraterna en un país cuyos componentes sociales todavía levantan en alto la lanza cainita.
A los 87 años de su edad (en el decurso de las nostalgias íntimas y en esta hora de las recapitulaciones), como esos licores de gran reserva conservados, asentados y densificados en apartadas barricas de nobilísimo roble, el poeta Pablo todavía perdura entre nosotros para orgullo y prestigio de los nicaragüenses (poeta en comunión de amigos), mirando desde lo alto de una pirámide maya el caer de la llovizna, en la contemplación final de las cenizas.