Nuevo Amanecer

Un negocio llamado Güegüence


Los egipcios entre más tiempo pasa más investigan y protegen sus pirámides, y el mundo sigue con atención esos acontecimientos. Los griegos son admirados por su cultura filosófica y la arquitectónica, por ejemplo, el Partenón de Delfos en Atenas, así como los italianos lo son por haber instaurado el famoso Derecho Romano y la arquitectura del Coliseo, como también por su gastronomía.
También vemos el sostenimiento y apropiación de la cultura Maya y Azteca; los mariachis y las danzas indígenas, que es actividad predominante en México. De igual manera, lo son el tango en Argentina, el flamenco en España, la samba brasileña, el son en Cuba y el tamborito en Panamá. Vemos cómo los costarricenses se apropiaron y desarrollaron la tradición guanacasteca, y le han dado una identidad nacional.
Así podríamos pasar el tiempo descubriendo todas las expresiones del arte y de la cultura humana. También es mucho lo que se puede hablar acerca de cómo se practica la destrucción de la cultura por la guerra en Iraq, donde la invasión norteamericana ha destruido una infraestructura creada desde los tiempos bíblicos de Abraham, en la ciudad de Ur y en la Mesopotamia. Están el resultado de los fenómenos como la colonia que dio paso a la transculturación, hoy la globalización, además de la indiferencia de los gobiernos y los propios ciudadanos que no protegen su identidad ni su cultura.
En Nicaragua, la celebración del centenario de Rubén Darío fue patrocinada por una transnacional que estimula el consumismo del licor, aprovechándose de la indolencia del gobierno de turno y, hasta la vez, no se han creado leyes nacionales u ordenanzas municipales para proteger nuestro patrimonio cultural de una manera concreta, correcta y eficaz. Y si las hay, estarán durmiendo el sueño de los justos.
Escuché una vez en el Recinto “Rubén Darío”, de la Universidad Nacional, el concepto de cultura, y decía el catedrático, el doctor Virgilio Godoy, que cultura era “todo lo que el hombre produce”, y hasta hoy creo que es lo más acertado. El hombre puede producir, como individuo y como colectivo, cosas excelentes, buenas y pésimas en cualquier campo y de cualquier género, sea político, religioso, etcétera, y esa es cultura, pero eso no hace que un país sea más culto que otro, pues todos producen para bien o para mal.
Si los suizos no aceptan la corrupción en todas sus estructuras y nosotros sí, quiere decir que los dos países tenemos cultura, pero diferentes. En el caso de nuestra amada Nicaragua, la Nicaragua-Nicaragüita, nuestra tierra de lagos y volcanes, la tierra de El Güegüence, se dio y se sigue dando el fenómeno o proceso de la transculturación. Desde que nuestro suelo y nuestra gente fueron afectados por la colonia, la inquisición, los imperios y los gobiernos, hasta llegar a crearse una especie de personas que estimulamos, aceptamos, valoramos, fundamentamos e institucionalizamos la corrupción. La vemos como algo normal, cotidiano, necesario y propio en el hogar, el vecindario, en la oficina, en el taller, en la procesión y se convirtió ya en una conducta, posición, disciplina, o sea en “cultura”, mientras nuestra verdadera identidad y nuestra cultura están en extinción.
No podemos oponernos a estar al día con el desarrollo tecnológico de los países industrializados, producto de la inteligencia humana, y no sólo de los países ricos, sino de toda la humanidad, por su interacción. También este desarrollo, como la Internet, el transporte, el turismo, etcétera, puede y debe estar a disposición de nuestros valores culturales y la identidad para su rescate y su fortalecimiento.
En América Latina se está gestando una sustantiva causa por el rescate de nuestros valores, de la identidad, del indigenismo, y eso significa entrar a descubrir, estudiar, fortalecer y desarrollar nuestra identidad como regiones y pueblos latinoamericanos. Durante la gestión del gobierno revolucionario de los ochenta fue causa principal y de mucho empeño hacer florecer nuestra riqueza cultural, y creo que ahora es la oportunidad de oro para continuar con esa altruista tarea: que el pueblo nicaragüense estudie y tenga su propia identidad.
Cuántos países quisieran tener en su expresión cultural El Güegüence o Macho Ratón, ser dueños de esta obra. Los diriambinos nos sentimos orgullosos de saber que ya no es sólo de Diriamba, en donde nació, y ahora es Patrimonio de la Humanidad. Cuántos gobiernos no invertirían lo necesario para el rescate, estudio, fortalecimiento y desarrollo de esta obra de nuestros antepasados, ya que es no sólo “folklórica y escénica”, como la han querido encasillar, sino una obra llena de contenido artístico, social, político, filosófico, antropológico y religioso. Una obra que nos daría una identidad propia que todavía no tenemos, y que nos llevaría al pensamiento y al sentimiento de nuestros orígenes y a nuestros aborígenes --dignos, inteligentes y valientes-- como el gran cacique Diriangén, “padre de la resistencia indígena de América”.
El Güegüence, como obra y como personaje, refleja una actitud de protesta, rebeldía, de amor propio y colectivo, inteligente, patriótico, etcétera, como la de Diriangén. Este rescate nos conduciría al mismo tiempo a rescatar y fortalecer nuestra identidad en la costa Caribe con el Palo de Mayo, las lenguas indígenas y otras expresiones originales de esa gran parte del país.
Pero no nos hemos dado cuenta o somos indiferentes ante la magnitud del significado de nuestras tradiciones, en particular, El Güegüence. Algunas personas, grupos e instituciones lo han tomado como un negocio. Cuando las personalidades y especialistas de la Unesco llegaron a Diriamba a ver y analizar al auténtico Güegüence, el que tiene más de ciento cincuenta años de estar en las calles de Diriamba, y vieron la grandiosidad de la salida de San Sebastián hacia el Tope de los Santos; la altivez, colorido y belleza del Toro Guaco; la obra de teatro El Gigante, las inditas del Guacal, el baile de La vieja y el Viejo desplazarse por las calles, y a millares de promesantes y turistas, ellos manifestaron que no sólo El Güegüence hubiéramos propuesto para Patrimonio Intangible de la Humanidad, sino también todo ese entorno alegre, bello, original y único en el mundo.
Pero sucede que en Nicaragua El Güegüence es ahora el nombre en llamativos rótulos de cantinas, moteles, monederos y todo tipo de negocio que nada tiene que ver con la cultura, sino con todo lo contrario, y me pregunto: ¿en dónde está el gobierno, las alcaldías, el Instituto Nacional de Cultura, el Ministerio de Educación, las universidades, la Asamblea Nacional y la sociedad que estas instituciones representan? Están en pleno estado de indiferencia.
Ya hablaremos de otros tipos de negocios con nuestra cultura. ¿Quién es el gran sinvergüenza? ¿Quién es el gran embustero? ¿Será El Güegüence? Para sacar al pinolero, ahora hay que tomar licor, para enamorar a una mujer, hay que beber licor, para disfrutar de las fiestas patronales, hay que beber licor. Ese es el mensaje de los anuncios… ¡y válgame Dios, tatita! Ahora hay que acompañarlo con una “raya” de coca, porque la quieren hacer parte de nuestra cultura.
Deberíamos proponer leyes y ordenanzas que eliminen esta aberración y ofensa a la cultura de El Güegüence o Macho Ratón y todas las tradiciones culturales. Existen millones de nombres e ideas para los negocios que propician los vicios. ¿Qué dirán los turistas al ver nuestros emblemas culturales en estos negocios? Está bien que centros culturales, talleres de artesanía, grupos artísticos lleven el nombre de El Güegüence.
¿Hasta cuándo llegará a ser realidad el verdadero contenido del auténtico Güegüence? Una vez escribí que nuestros antepasados habían diseñado sabiamente el desarrollo y la prosperidad de nuestro pueblo, pero, como dice El Güegüence:
¡Ah!, Capitán Alguacil del Señor Gobernador Tastuanes.
¡Oh!, amigo Capitán Alguacil Mayor del Señor Gobernador Tastuanes.
¡Su vara de insignia quedó tal vez en el campamento!
Pero ahora, el neoliberalismo y los retrógrados quieren que los nuevos gobernantes y el pueblo corran y vuelen y hagan lo que ellos no hicieron, como dice El Güegüence:
¿Corriendo y volando?
¿Cómo quiere que corra y vuele ese pobre viejo lleno de dolores y continuas calamidades?
Pregunta El Güegüence:
Amigo Capitán Alguacil Mayor; y un jilguero que está en la portada del Señor Gobernador Tastuanes, ¿qué es lo que hace?
Responde el Alguacil:
¡Cantando y alegrando a los señores principales!
¡Viva nuestra cultura! Pero… ¿cuál?
Diriamba 23/12/2006.