Nuevo Amanecer

El Güegüence: Patrimonio Oral e Inmaterial de la Humanidad


El Güegüence, representando a Diriamba, Carazo, es teatro callejero de origen mangue, escrito en náhuatl y español vulgar, es representado desde finales del siglo XVII y comienzos de XVIII. Desde la época colonial tuvo su mayor difusión en la zona del Pacífico de Nicaragua (Granada, Masaya y Carazo).
La obra de teatro El Güegüence es una sátira, burla, crítica y en ella se ríe, juega, baila, danza, zapatea, canta y se divierte a costa del Cabildo Real del Señor Gobernador Tastuanes. Pero también denuncia los abusos cometidos, cobros irregulares de impuestos y a “aquellos” que se meten las uñas como águilas en los fondos del Tesoro Real.
El Güegüence es el comerciante que haciendo uso de todos los recursos viaja por diferentes regiones desde México, pasando por Veracruz, por Verapaz, por Antepeque, adquiriendo diferentes mercancías que se mencionan en la obra.
La obra el Güegüence podemos referirla como un manual de las irregularidades cometidas por las autoridades coloniales, y nos permite contar con un documento que, confrontado con las leyes de los reinos de las Indias, adquiere una dimensión insospechada.
El comerciante que trafica con productos ilegales de Ultramar venidos de las Filipinas o de Europa, pero que satisfacían a los colonos, cubriendo las necesidades por encima de las restricciones, pero muchas veces en contubernio y “respaldo” de las autoridades de tierra firme.
En la obra El Güegüence o Macho Ratón se recoge y establece lo que sucedía en el orden administrativo y político en los albores de la colonia, pero que se repite y actualiza en la espiral de la historia.
Con el mestizaje, las creencias cristianas, celebraciones a San Sebastián se fusionaron con las supersticiones populares indígenas provocando las tradiciones, el folklore.
Las actividades comerciales fueron desplazadas por las celebraciones religiosas y en las enramadas se atendieron a los promesantes y no a los mercaderes.
La tradición es transmitida de generación en generación y los parlamentos los recitan de forma oral, y así son aprendidos por los más jóvenes. A los que están detrás de la máscara nadie los conoce, son anónimos, todos son bailantes.
Un elemento fundamental dentro de todo el contexto histórico y religioso es la promesa, la cual es una actitud asumida por el cristiano hacia el santo.
Ahora el Güegüence es nuestra responsabilidad compartida entre el gobierno y la sociedad civil. Debemos protegerlo para dignificarlo.
Este rico patrimonio cultural ahora reconocido por la Unesco como Patrimonio oral e Inmaterial de la Humanidad y por la Asamblea Nacional como Patrimonio Cultural de la Nación, es orgullo y referencia del pasado histórico.
Diriamba, enero 2007