Nuevo Amanecer

HUELLAS INDELEBLES

Ernesto Castillo: “Ese empuje que tenía Mariano hace pensar a Nicaragua”

Ernesto Castillo llegó en 1956 a estudiar Derecho a León, cuando aún era rector de la Universidad Nacional el Dr. Juan de Dios Vanegas, un intelectual muy destacado en León, pero de edad muy avanzada que despachaba desde su casa, el ambiente de entonces era de una universidad muy conservadora, muy tradicional, sin embargo, ya en ese tiempo en Nicaragua la juventud estaba tratando de tomar conciencia e iniciándose en movimientos intelectuales y sociales
Cuando uno llega bien joven a la universidad el cambio que se vive es que uno crece con la universidad y por esa razón se vuelve una gran experiencia en la vida.

¿Cómo vivió usted ese cambio si llega a León en un momento importante y decisivo, y en 1956 que es un año muy importante en esa ciudad?
La universidad ya tenía dos experiencias conflictivas con el cierre de las dos universidades, la de Managua y la de Granada. En 1956 había un camino abierto, ya los jóvenes tenían una visión distinta de la justicia. Mariano captó a toda esta gente, la universidad comenzó a proyectarse a través de los Cuadernos Universitarios. Desde el punto de vista intelectual y político se sintió un gran cambio cuando él llegó, pero no por ser el nuevo rector, sino porque tenía Mariano un gran bagaje intelectual y una gran capacidad de análisis. Era un hombre muy culto, muy preparado, rompió no sólo la barrera de la educación, sino una barrera de una ciudad bien conservadora, como era la ciudad de León.

¿Cuáles eran esos cambios?
Había una barrera entre toda la sociedad leonesa y los estudiantes, el estudiante era disminuido y ya no digamos la mujer, una mujer que estudiaba en la universidad era una mujer que perdía su pureza al entrar a un lugar como éste. Mariano tenía esa visión avanzada, con él comenzaron a estudiar las primeras mujeres, la universidad a hacer publicaciones para cuestionar la situación económica, la situación social y a renovar la misma universidad que estaba encerrada, y cuando Somoza es ajusticiado por Rigoberto López Pérez se cambia el panorama.
Eran mayores los sistemas de comunicación, de lectura, y lo hizo insertándose no desde la altura de la rectoría sino en las aulas, esa generación más que en la rectoría lo conoció en su casa o en los pasillos de la universidad.

¿Al llegar usted a la universidad cómo le influencia este proceso de autonomía?
Cuando Somoza fue ajusticiado eso también impacta la universidad, se dio ese acto de ruptura cando se ve que la dinastía de Somoza trata de mantener encerrada la cultura, lo económico y lo social, y Mariano tiene la visión de que la universidad puede tomar un papel muy importante, con Luis Somoza se arrecia la lucha por la autonomía.
Ha tenido una gran importancia esa política de la UNAN en la época de Mariano, todavía se goza, en el 59 coinciden más o menos en tiempo El Chaparral por un lado, con un sandinismo que está tratando de organizarse y Olama y Mollejones por el otro, que era de los políticos tradicionales que tratan de hacer una incursión guerrillera, ese empuje de Mariano hace pensar a Nicaragua, su principal labor trascendió al tema académico, una apertura de estudiantes que se comprometía, como también se comprometió Mariano, en esa lucha por la autonomía
Mi idea de la universidad era espantosa, yo había vivido muy niño la represión con la guardia de Somoza al cerrar la universidad en Granada y al llegar a León, la universidad era casi como un cementerio o como un claustro, como una sacristía, Mariano la sacó de esa sacristía. Era una universidad en los años cincuenta con un espíritu del siglo anterior
¿Cómo eran las clases antes y después de Mariano?
Al llegar eran horribles, espantosas, cómo sería que nos hacían llegar de saco y de corbata a cada clase, aún con el calor de León, cuando estábamos en quinto año y nos rebelamos a quitarnos el saco y la corbata hasta entonces se logró que entendieran los leoneses que era imposible estudiar de saco y corbata en un pueblo con ese calor.
En los círculos académicos tradicionales se dio casi como una herejía, como por ejemplo, que Carlos Tünnermann y Mariano Fiallos hijo nos dieran clase cuando eran casi de la misma edad de nosotros, estaban recién graduados. El rector le abrió la puerta a los jóvenes que realmente pensaban en una modernización no sólo de la universidad sino de la sociedad, eso era casi como una herejía
Yo en el 56, por recomendaciones de Mariano, como yo no tenía dinero para estudiar, él me consiguió una plaza, nos salía caro a los que llegábamos de fuera, entonces Mariano me consiguió dar clases a primer grado de primaria en el instituto La Salle, allí tuve de alumnos a Omar Cabezas. Manolo Morales era profesor junto conmigo.
Alrededor de ese grupo Mariano fue fortaleciendo el espíritu de investigación, de modernización de la universidad. Con su espíritu pensante es inolvidable. Toda aquella generación quedó marcada.