Nuevo Amanecer

BLAS DE OTERO. Expresión y reunión a modo de antología. Alianza Editorial.

Blas de Otero (Bilbao 1916- Madrid 1979)

Cuando un poeta se arrepiente de lo que escribe, se vuelve más humano, y al mismo tiempo hace que valga más la pena leerle. Blas de Otero se arrepintió de algunos poemas primerizos que no parecen tan malos y que fácilmente podríamos encontrar en las hemerotecas.
Por alguna razón, siento una especial preferencia por Blas de Otero, y me parece que esa razón puede que sea su sinceridad. En Blas de Otero se resumen las tendencias de toda la poesía española del siglo XX y yo diría también de la latinoamericana, y esas tendencias podríamos resumirlas en una sola frase ampliada que Emilio Alarcos dijo al referirse a Blas de Otero. Su poesía va del “yo al nosotros”. Y luego vuelve hacia el yo y hacia nuevas formas. Y aún ampliándola más, yo diría que ese ciclo de movimientos poéticos es el mismo de toda la historia de la Literatura, sólo que en el siglo XX, debido a su vertiginoso desarrollo adquiere una concentración mayor.
Hablando de sinceridad, como muestra un botón. Cuando Blas de Otero viró el sentido de su poesía hacia la poesía social, él siempre argumentó que era lícito siempre y cuando el poeta sintiera esos temas “con la misma sinceridad y la misma fuerza que los tradicionales”. Sinceridad y fuerza son los dos corceles de los que no ha soltado la rienda nunca este poeta sincero y fuerte, que llegó a un amargo descubrimiento un día, después de experimentar que la poesía social, la poesía que se pretendía convertir en proletaria, que fuera también pan de pueblo, resultó que no lo era, y dijo: “Da miedo pensarlo, pero apenas me leen los analfabetos ni los obreros”.
Difícil, ¿no les parece? Quiero decir que es difícil para un hombre o una mujer descubrir, sentir, reconocer que el oficio que entrega a una causa común de los pobres apenas es reconocido por los mismos. Entonces, ¿qué sentido tiene? Curiosa la pregunta, porque hace tan sólo dos semanas nos visitaba en esta sección de Ida y Vuelta un joven narrador guatemalteco que indagaba en su novela El Ángel Literario cuándo y cómo un hombre y una mujer descubren que quieren ser escritores. Y en toda esa investigación imaginada hay otra pregunta de soslayo: ¿Para qué sirve?
Sí, ¿para qué sirve pasarse las noches, o las tardes o las mañanas en vela, dibujando con la imaginación o con el sonido mundos hechos para una inmensa minoría, como dijo Juan Ramón? A quién le puede servir la literatura. ¿Acaso será el oficio más egoísta y egocéntrico del mundo, aunque esté disfrazado de lo social? ¿Por qué no ha de ser un mero hobby, y dejarlo en un rincón de los domingos? ¿A qué esa necesidad de contar, de expresar una forma, de encontrar un estilo?
Blas de Otero, de quien hay que fiarse en cuanto a su sinceridad, dio con una respuesta: la literatura, ser escritor o escritora, y en concreto poeta, implica una actitud ante la vida, y eso lo justifica y lo valida. Esa actitud significa estar al lado de los hombres, y al lado del hombre mismo que uno lleva por dentro, no siempre el mismo.
¿Pura demagogia, Sancho Más? Pura, pero sincera. Al menos, habrá que darle un voto de confianza a Blas de Otero, y leer en su poesía esas tres tendencias que siempre se le achacan y que en realidad son las mismas que tantos otros poetas. Busquen las huellas en los pequeños sorbos que aquí les traigo. Para mí, la palabra que resume a Blas de Otero es ANSIA, y no Ancia, como él mismo tituló a un volumen que recogía en un juego de palabras los dos primeros libros que había publicado: Ángel fieramente humano, y Redoble de Conciencia. Blas de Otero es un ansioso, busca, pide, grita con ansia, como si fuera el primer hombre en busca de Dios, y luego como si fuera un pueblo, en busca de justicia. ¿Ven? Como si fuéramos nosotros, “del yo al nosotros”.
De su primera época, con rasgos más metafísicos, espirituales, Blas de Otero busca a un Dios al que encuentra siempre en la forma de silencio, un silencio que no intenta traspasar o indagar. Como los místicos, empleó las metáforas amorosas, y hasta eróticas, como los místicos, como los salmos, como el Cantar de los Cantares, pero que en Blas de Otero se convierten en desgarro:
(De Ángel Fieramente Humano)
“Besas como si fueses a comerme/ Besas besos de mar, a dentelladas./ Las manos en mis sienes y abismadas/ nuestras miradas. Yo, sin lucha, inerme,/ me declaro vencido, si vencerme/ es ver en ti mis manos maniatadas./ Besas besos de Dios. A bocanadas/ bebes mi vida. Sorbes. Sin dolerme,/ tiras de mi raíz, subes mi muerte/ a flor de labio. Y luego, mimadora,/la brisas y la rozas con tu beso./ Oh Dios, oh Dios, oh Dios, si para verte/ bastara un beso, un beso que llora/ después, porque, ¡oh, por qué!, no basta eso.”
En la segunda época, Blas de Otero, al no encontrar respuesta en la religión, busca lo social comprometido, a pesar del desengaño posterior en materia de utilidad. Se vuelve hacia nosotros. Sucedió sobre todo en el libro Pido la Paz y la Palabra, una obra de arte de 1955. Allí el poeta anunció:
“Aquí tenéis, en canto y alma, al hombre/ aquel que amó, vivió, murió por dentro/ y un buen día bajó a la calle: entonces/ comprendió: y rompió todos sus versos…/Yo doy todos mis versos por un hombre/ en paz. Aquí tenéis en carne y hueso,/ mi última voluntad.”
Pero mi preferido es éste: Fidelidad:
“Creo en el hombre. He visto/ espaldas astilladas a trallazos… Y he creído/ Creo en la paz. He visto/ altas estrellas, llameantes ámbitos/ amanecientes, incendiando ríos/ hondos, caudal humano/ hacia otra luz: he visto y he creído./ Creo en ti, patria./ Digo lo que he visto: relámpagos/ de rabia, amor en frío, y un cuchillo/ chillando, haciéndose pedazos/ de pan, aunque hoy hay sólo sombra, he visto y he creído.”
Como ven, Blas de Otero no sólo reúne las tendencias de la expresión poética, sino que además, reúne los estilos del verso más tradicional con la búsqueda de sorpresas por imagen, y el juego de la aliteración. No en vano conserva la herencia del surrealismo al que acude conjugándolo con un estilo clásico al que no puede claudicar a la hora de expresar su ansia. En la última etapa, para algunos, la menos interesante, Blas de Otero no renuncia al compromiso social en vida, pero en poesía, se vuelca en una expresión más tranquila si cabe, más amena, como el río que está llegando donde van los ríos a dar. Y escribe en Hojas de Madrid:
“Sucedieron naufragios, sucedieron problemas, muertes, sucedieron los nietos,/
y la humanidad siguió impasible refugiada bajo el alba/ invulnerable como el alba,/ pálida como el alba,/ indemne como el alba./
Una vez más amanece.”
¿No les parece que Blas de Otero ha escrito la vida de muchos a grandes rasgos? ¿No les parece que es un hermano de camino?
franciscosancho@hotmail.com