Nuevo Amanecer

La vela de la vida de Ricardo Armijo


Decir que Ricardo Armijo era un Adonis no es una exageración. Estaba tocado por la belleza y a ella se entregó. Era bello, pero no actuaba como tal. Llevaba su belleza como una camisa cualquiera, desabrochada y luyida, limpia y despampanante.
Ricardo era nica. Ser nica y estar signado por la poesía tampoco es una exageración. Para Ricardo, como para Salomón de la Selva, la poesía era una “pejte”. Una sarna con gusto. Ernesto Cardenal hizo que Ricardo gustara de esa sarna. Estudiaba el muchacho en la universidad cuando escuchó al sacerdote hablar y hacer poesía. Desde ese entonces, la siguió como los ratones al flautista.
Ricardo nació en Nueva Segovia en 1959. En 1980 partió a los Estados Unidos a proseguir sus estudios y desde 1991 vivió en Chicago, donde se desempeñó como traductor y redactor.
Junto con César Augusto Romero editó Contratiempo, revista de creación y ensayo que se ubica en la primera fila de las revistas literarias en español publicadas en los Estados Unidos, puesto que de las ciudades estadounidenses que cuentan con una numerosa comunidad latina, Chicago es la única que ha dado a luz revistas literarias y culturales escritas en español que han trazado una larga trayectoria.
Ricardo no publicó libro, pero, amén de colaborar en revistas en Estados Unidos y México, fue uno de los pocos elegidos para formar parte de la antología Se habla español, voces latinas en USA, publicada por Alfaguara en el año 2000, que incluye cuentos de algunos de los más reputados escritores latinos en Estados Unidos: Mayra Santos-Febres, Junot Díaz, Ilan Stavans y Giannina Braschi. De esta controvertida publicación (como en toda antología, no están todos los que son ni son todos los que están), Ricardo dijo: “[...] que haya salido el libro, es algo sin precedentes. Lo habitual es fijarse en la literatura en español en América Latina”.
Ricardo Armijo murió joven, como mueren tantos que han sido tocados por la gracia, el 3 de enero de 2006. Cuando se durmió para siempre, repentina e inesperadamente, sostenía entre las manos el ratón de su computadora portátil. Estaba escribiendo.
La vela de la vida de Ricardo ardió por los dos cabos. Su luz fue intensa.
* Nueva York, diciembre 2006