Nuevo Amanecer

“Cuando uno escribe un poema se ilumina la inmensidad”


A propósito de la poesía de Carlos Perezalonso. La poesía, esa muchacha que sabe ganar impulso, y que sonríe su enagua para nacer, y nacer ella, en la boca deseada de un joven paraíso. La poesía, que siempre quiere hablar, para encontrar una guitarra de encanto en el silencio. La poesía, el buen vino que sabe a cuerpo y con el cuerpo con la mano extendida, y rotunda para escucharle la voz a una ventana grande. La poesía es la piedra y es el río cuando quiero dormir; y en el balcón de la sombra pensar en mis pasos. La poesía, el péndulo gris, para alcanzar la forma de un cigarrillo que espera, en y la paciencia final, del retrato animal de otro día. Carlos Perezalonso, una larga vida en la poesía.
Carlos, ¿cuáles son tus actos de fe en la poesía?
Estoy absolutamente convencido de que la poesía es verdad y no ficción, y que sólo se puede decir la verdad con la verdad. La poesía es testimonio, no puede ser inventada, es vida. Es testimonio interior, nunca objetivo. Hacer coincidir el testimonio con la verdad y afinar la puntería para lograr la expresión precisa. Sólo a través de lo cotidiano del mundo se puede alcanzar la perennidad. La obra maestra es la que vivimos todos los días, es la que podemos escribir, y esa es la razón de la sencillez.
En la cotidianidad, ¿siempre será necesario el trabajo del poeta?
La poesía ha existido en todos los tiempos y en todas las épocas. Es que siempre habrá poesía. Qué por qué existe la poesía, no lo sé. La poesía es memoria espiritual inconsciente. La sociedad como ser colectivo escoge a algunos individuos que rondan para que escriban el testimonio histórico espiritual. Creo que mientras exista el hombre habrá poesía.
Poeta, ¿cuál es el gran aporte de la poesía?
Siempre he considerado y predicado que la poesía es un fenómeno de expresión linguístico que probablemente nada tenga que ver con la literatura. La poesía es un fenómeno dentro del marco de lo emocional y sicológico más que lo literario. ¿Qué es el poema? El poema es expresión verdadera de lo que se escribe. Quien lo percibe se encuentra a través de la poesía de otro. Y el otro dice la verdad, y afecta a todas las personas.
¿El poeta tiene conclusiones?
No. La poesía no es didáctica. La poesía tiene su propia justificación. El poema se justifica a sí mismo. No tiene más propósito que ser poesía, otra forma de trascender, de testimoniar sucesos.
Carlos, como poeta en razón de la metáfora, ¿qué?
No creo que las metáforas sean escogidas, lo que pasa es que el lenguaje poético existe per se. El mero hecho de hablar es una metáfora. El lenguaje es necesariamente una metáfora.
¿Y por razón de la mística?
El padre Ángel Martínez Baigorri decía que la poesía era realidad, “era la sección laica de la mística, que era acudir a la búsqueda de lo divino a través lo mortal y de lo humano hasta llegar a la membrana del misterio, que es lo que creo hace la poesía, y que no podría romper: “nadie podrá ver mi rostro y vivir”, y esta pausa tiene misterio y religiosidad.
Poeta, ¿es cierto que el equilibrio está en la independencia?
Pienso que la libertad te da el equilibrio y así como creo que la libertad es una condición sine qua non para escribir poesía. El poeta Carlos Martínez Rivas, cuando le preguntaba acerca de este tema, acostumbraba decir que él tenía dos o tres ideas, que las iba corrigiendo en la manera en que maduraba la vida. O sea que se acomodaba a las circunstancias de su propio humanismo con independencia y libertad, y de cualquier otra cosa que pudiera influir en el poema. Yo no puedo ver con el lente o la lupa de un comunista, socialcristiano o anarquista. Yo veo con la lupa del poeta sufriendo o gozando la poesía.

La globalización empuja a los artistas, poetas, pensadores a ser parte del mercado, ¿cómo podemos defender nuestra creatividad y no sucumbir a merced de las circunstancias ?
Yo creo que la honestidad y la autocrítica son lo más importante. Siempre existe la tentación de utilizar el poema para otros propósitos, por ejemplo el asunto político. Pero la poesía es tan tremenda que se venga con saña cuando se le quiere utilizar en perjuicio de su esencia.
¿El poeta Perezalonso podría decir que la única vida que tiene es la poesía?
Yo diría que sí. El poeta José Coronel Urtecho repetía que “hay que vivir la vida poéticamente”, porque si no ganamos la vida poéticamente, lo que ganamos no es la vida, es la muerte.

Aunque sea un asunto ya trillado poeta, ¿para qué sirve la poesía?
Te contaré que después de una acalorada lectura de poemas, un entrevistador de televisión le preguntó al poeta salvadoreño Ricardo Lindo: “Poeta, ¿para qué sirve la poesía?” Y éste le contestó enojado: “Claro que sirve para algo, lo que pasa es no me acuerdo”. Yo te contesto lo mismo. Pero te diré que sí sirve la poesía, tan sirve que se impone, tan sirve que sigue existiendo. Recordemos que el primer hombre se encantó con la primera mujer, y quién sabe si los primeros gruñidos de ese cavernario eran ya un poema y no lo podemos saber.

Perezalonso rinde homenaje
al poeta Julio Cabrales en las páginas del NAC con este estupendo poema.
Carlos Perezalonso
POEMA VERGÜENZA PARA JULIO CABRALES, el hombre huraño, imperativo, que agitando el índice señala propiedad, dominio, ubicación, “¡Mister, Mister!”, y que finalmente asienta la poderosa palma sobre la coraza del carro y dice: “¡Yo lo cuido!”, el de la pupila nublada no me reconoció. No recordó, psiquis abolida, aquellas veces cuando con Beltrán mirábamos en la costa del lago las constelaciones que él se sabía de memoria; o cuando por las tardes, en el campo de fútbol --¡ineptos los tres!-- chiflábamos cualquier jugada, buena o mala, sólo por joder; y asediábamos --¡aptos los tres!-- a las bellas muchachas que aplaudían. No. No me reconoció. Ni recordó los poemas de Paul Celán que tradujimos y tal vez ni se acuerda del otoño, su mejor amigo en España, ni del salto de gato magistral de Nijinski detenido en el tiempo en su poema, ni cuando nos bañamos desnudos --estupor de señoritas y regocijo de señoras-- en la piscina de la azotea del Hotel Balmoral, apenas unas horas antes del terremoto del 72, cuando todo el hotel se derrumbó sepultando los regocijos y los estupores. No. No me reconoció, ni recordó cuando lo visité en el manicomio, y ni él ni yo creíamos que estaba loco, y lo acompañé en el paseo que daba por el jardín con la Virgen María tomada de su brazo. Escribí entonces un poema que Carlos Martínez Rivas tituló, dictadura magisterial, “Saint Remy/Km. 5”, en memoria de aquel otro que se cortó la oreja. No. No se acordó. “Mister, Mister”, me dijo dolorosamente, mientras yo acomodaba el carro en el estacionamiento de EL NUEVO DIARIO, y una eficiente y acomedida secretaria salió en mi defensa, pensando que yo sí era Mister, y le dijo --ignorante de qué siglos de amor y de poesía desalojaba--: “¡No moleste al señor!”… Y no sé si me alegro, porque yo sí sabía quién era él a pesar de su rostro renegrido y tumefacto. Me lo dijo, desde el primer instante, el maldito y cantinero corazón que todo sabe. Su grueso índice con su uña negra me señaló, me señalará siempre la frente, me perseguirá toda la vida, “Mister, Mister”…
Septiembre, 2006