Nuevo Amanecer

“UN ARTISTA QUE NOS CUENTA SUS CANCIONES”


Creo que Mario Montenegro es un sastre fantástico, que siembra maíz de oro a su medida, cada día, en cada árbol de sus canciones, que son sus sueños. Sabe ser pastor, y el campesino fecundo, dócil ante el sol, y rotundo en la brisa de la luna, cuando lo azota el insomnio del amor. Pero es más limpio que un conejo, que se ha visto los ojos en todos los espejos de la humildad y que se reconoce agradecido. Es el artista, para decirlo con respuesta y reto: brutalmente sincero. Algo más, no sabe descansar sobre su almohada, las virtudes equivocadas de la modernidad. Mario quiere aprender a decir su silencio en la guitarra callada de la alegría de su país cantado. Y no dejo pensar en “El negrito cuñu cuñu...
Un sábado, útil tuvo como resultado esta entrevista que compartimos con Mario Montenegro bajo el alero afectivo de “Nuevo Amanecer Cultural”.
Mario, ¿cuál es la nueva propuesta de “Canciones de Agua”?
“Canciones de Agua¨ son canciones trabajadas con otro hilo poético, y que yo prefiero llamar canciones, pero que la gente denomina como canciones para niños. En esta nueva propuesta, “Canciones de Agua” sublima el hecho de que Nicaragua es un país de agua y explota el lenguaje nicaragüense.
¿Qué te motiva el agua?
La vida. Las “Canciones de Agua” están ubicadas geográfica y culturalmente en la Costa Caribe. Escritas en el mes mágico de mayo. Con el gozo de la fiesta de la fertilidad y con abundantes géneros bailables.
Que yo les llamaría géneros de la sensibilidad....
Exactamente. El ojo del artista en la sensibilidad... la poesía está ahí, y el poeta para ver y ordenar, y la poesía en función a la evolución del ser humano.
¿Cómo definirías tu trabajo con ojos nuevos frente al arte?
Yo soy producto de lo que he vivido. Tengo un mundo interior con información en la escuela de la vida, donde está mi búsqueda de los espacios humanos. Porque, primero las cosas me las digo a mí. Soy producto del intercambio de la vida, no sólo con el ser humano, sino que rodeado de animales, el agua, Dios mismo, la creación en su totalidad.
Mario Montenegro, ¿a quién le pide?
Yo quisiera exigirme más, en relación con mi trabajo, cosa que no he hecho a plenitud.
Mario, ¿has derrotado pronósticos?
Hace 20 años, mi maestro de pintura, Juan José Robles, me dijo que por mi carácter inestable, yo nunca llegaría a ser pintor, y como ese otro oficio me encanta, ya he hecho exposiciones personales y colectivas en Japón y en Alemania, donde nunca imaginé llegar, pero el arte es así, ligado a una estrecha persistencia que llevo en mis hombros como una sombra gratificante que me acompaña y que crece sobre mí, día a día. Como artista verdadero, con la razón y los sentidos, nunca estás pensando en llegar a ninguna parte. Ese es el misterio.
¿Quién es Mario Montenegro?
Qué difícil. Yo todavía estoy en la búsqueda y en la lucha por domarlo, para dedicarme a mis convicciones artísticas.
Ver a Mario Montenegro pintando, componiendo, amando, es verlo sudando imaginación, ¿es así?
Es inevitable. El ojo de artista ve, aunque no se lo proponga. Somos oficiosos del arte a un ritmo constante, perenne, viendo en la palabra y en cualquier disciplina artística.

¿Qué te revela un niño?
Es el asombro permanente, siempre descubriendo cosas. Eso ya perdimos. Mi hijo, Mario Sebastián, me dijo muy alegre al volver de la escuela que había dibujado un caballito de palo, pero cuando revolvió las páginas de su cuaderno y no lo encontró me dijo: Papá, es que el caballito de palo se me fue.

¿Qué te conmueve?
El dolor de la gente que amo.
¿Qué te hace falta?
No debería de hacerme falta nada. Audacia.
¿Qué te conquista?
Las cosas bien hechas. La palabra que me asombra. Escuchar al poeta Carlos Martínez Rivas.
¿Qué no quisieras ser?
Tímido.
Un personaje...
Carlos Martínez Rivas, un hombre fascinante. Mundo Guerrero, el artista que no tocaba la guitarra, hacía nuevas canciones tocándolas. Era alto, de piel blanca, muy parecido al poeta Martínez Rivas, con sus cejas pobladas, mucha locura y un gran ingenio. Mundaje, locuraje.
¿Un asunto desconcertante?
La mujer, en el buen sentido de la palabra.
¿Cómo te imaginas sería un concurso de la hipocresía nacional?
El concurso sería muy reñido, porque muchos personajes reclamarían ganarlo.
Mario Montenegro, ¿entre el sueño y la pesadilla?
El sueño, porque mi vida ha sido una pesadilla.
¿Qué riesgo no correrías? Lanzarme como candidato a la Presidencia de la República. Volver a nacer.
Una canción...
“Dale una luz”, de Salvador Cardenal. “Te doy una canción”, de Silvio Rodríguez, donde habla del quehacer, del oficio del trovador.
¿A qué te negás?
Me niego a ser un mediocre. Al ruido del ridículo, aunque lo haga todos los días.
¿La pregunta que más te hacés?
Estoy en la búsqueda, para responderme.
¿La pregunta que no querés responder?
¿Qué es lo que voy a hacer?, no la quiero responder porque no sé.
Un libro...
“La Insurrección Solitaria”, de CMR.
¿Qué es la felicidad?
Algo que no conozco a plenitud. He tenido grandes momentos felices en mi vida, pero dependiendo de algo.

¿Quién fue tu padre?
Mi padre Secundino Montenegro Rivera, a pesar de haber tenido una niñez desventurada como la de un patito feo y de cargar después con una vida llena de tropiezos, por las noches, cuando regresaba del trabajo y olvidando el cansancio que le dejaban las duras jornadas como obrero de la construcción, me hacía cuentos.

Cuentos que sólo él sabía cómo y dónde los aprendió.
Estas tempranas experiencias con mi padre, despertaron en mí una sensibilidad y un interés que me llevaron de la mano hasta los tesoros que aún guardo.