Nuevo Amanecer

“Develaciones”


Largo, multicolor hervidero:
Avenida “Insurgentes”,
México – Tenochtitlán.
Desde mi asiento en el camión
dilato la pupila,
ensancho la mirada.
Esporádicas manchitas verdes, las hojas,
mínima lozanía en horizonte de asfalto.
Viaje hacia adentro de las cosas.
Búsqueda más allá del rostro común,
silencioso de rutina y de cansancio.
Trascender al rumor chisporroteante.
Captar el sonido quedo de las almas.
Volver hacia mí misma,
hacia esta comezón
tan íntima
venida desde el sur
por el indesprendible cordón umbilical
de los recuerdos.
Mi otra vida
detrás de la razón,
detrás del privilegio
en abigarrada, contradictoria hermosura.
Aquella otra vida
poblada de adormecidos techos
de provincia,
pequeño tráfago ciudadano,
grandes ensueños de lago y mar abiertos.
Hacia allá saltas, corazón.
No te bastan rascacielos
ni la bella frente blanca
de volcanes indígenas:
Popocatepetl, Iztaccihuatl.
Apaciguados retumbos
amorosos, admirables.
Sueñas conos verdi–negros
de cordillera cenicienta,
faldas lodosas de cerros
antes llenas de vientos y guitarras,
hoy de cruces y lamentos.
Calles polvorientas
de ciudades en eterno verano
inundadas del sudor rojo – sangre
de la guerra
por sus cuatro costados.
Allá, tu ciudad
donde diste los besos
en las noches de miedo,
temerosa de arrancar con las bocas
sonidos delatores de armonía
en la misma puerta del infierno,
del que ahora tienes por patria.
Porque ya no es la “época del aire”
ni de las “cometas azules”.
Tampoco acá, para tristeza,
“la región más transparente del aire”.
Porque ya no hay niños en tu valle
ni jóvenes que puedan darnos niños.
Y tampoco tus hijos son ya tan niños
y su ausencia momentánea de la tierra
es impasse inevitable de la espera.
Porque aquí,
en esta gran ciudad
también es temporal tu presencia
y la de ellos.
Sabes, sientes
y ellos también sienten
aunque no saben
que allá,
por los caminos del sur
los pasos deben recorrer de nuevo la tristeza
y regarla de amor
sobre las cenizas de los muertos.

México, D.F., enero de 1979.
Managua, 2006.